La procesionaria del pino ataca otra vez

“Cada año aparece la oruga procesionaria que infesta los pinos y es capaz de arrasar bosques enteros. En África está considerada una plaga casi incontrolable y ya ha llegado a España. Es peligrosa para las personas alérgicas y los perros y el daño a los pinares es una preocupación de las autoridades de Medio Ambiente, por el hecho de que cada año aparecen antes.” 

¿Qué son?

La procesionaria del pino (Thaumetopoea pityocampa) es un lepidóptero o polilla cuya vida adulta es muy efímera, limitándose a un día, en el cual se reproduce y cada hembra pone hasta 300 minúsculos huevos, que tardan alrededor de un mes en eclosionar.

Una vez que han nacido, las orugas tienen cinco etapas de crecimiento o mudas. Durante la tercera construyen un nido o bolsón colectivo, donde se resguardan de los rigores del invierno y continúan alimentándose de las hojas de pino, cedro o abeto, hasta finalizar su quinta mudanza, que es la más voraz.

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En este punto, las orugas bajan de los árboles y se colocan una detrás de la otra (lideradas siempre por una hembra) formando una larga cadena en su búsqueda del sitio idóneo donde llevar a cabo su siguiente ciclo de vida que será bajo tierra. Por este comportamiento se les da el nombre de oruga procesionaria. En esta etapa su color es marrón anaranjado y tiene unas distintivas bandas azules.

Antes de que se introduzcan bajo tierra, en los nidos subterráneos donde se transformarán en mariposas pueden ser un peligro para los seres humanos y otros mamíferos, a causa de que su cuerpo está recubierto de pelos urticantes, que son su protección natural.

Rozar o tocar estas vellosidades puede provocar una reacción cutánea desagradable (del tipo eruptivo). Son especialmente tóxicas para los niños y los animales. Si la oruga está estresada o amenazada puede expulsar sus pelos, que se introducen en la piel y la irritan.

Los perros son particularmente susceptibles, ya estos pelos quedan en sus patas y les causan picores, al lamerse el veneno llega directamente a la lengua, que puede hincharse, producir vómitos e incluso provocar la muerte del animal.

¿Qué hacer?

Los Ayuntamientos están tomando diversas medidas para combatir a la procesionaria, que van desde alentar la reproducción y asentamiento de sus depredadores naturales, como son los murciélagos (se colocan cajas de albergue dentro de los pinares), impedir mediante círculos de plástico ceñidos a los troncos que las orugas puedan llegar al suelo, quitar los nidos donde se protegen o aplicar insecticidas.

En cuanto a los seres humanos, las autoridades piden que no se las toque y se avise de inmediato su localización. En caso de tener contacto con sus pelos urticantes se debe acudir al médico, especialmente si los afectados son niños o ancianos.

En cuanto a los perros, se aconseja que no se los suelte en zonas que estén infectadas. Si los animales presentan hinchazón, sangrado en la lengua o se lamen repetidamente las patas, debe buscarse la ayuda profesional de un veterinario para tratarlos.

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