Muchos tutores interpretan los lametones del perro como “besos”. Es lógico, porque para nosotros el contacto físico suele ser sinónimo de cariño. Sin embargo, cada vez más educadores caninos y etólogos recuerdan que, en buena parte de los casos, ese gesto habla de otra cosa. Y no siempre es agradable para el animal.
La educadora canina Alba Fernández lo resume de forma muy gráfica cuando explica que “lo más común que se malinterpreta son los lamidos”. En sus vídeos, dirigidos a familias con perro, insiste en que muchas veces el animal no está diciendo “te quiero”, sino “esta situación me incomoda”.
Qué te está diciendo tu perro cuando te lame
Fernández pone un ejemplo muy cotidiano. Si acercas la mano a la cara del perro y este se dedica a lamerla sin parar, puede estar intentando rebajar la tensión que le genera ese gesto. En palabras de la propia educadora, el mensaje puede ser algo tan claro como “esa mano me preocupa, no sé dónde la vas a poner”.
La ciencia encaja bien con esta lectura. Varios estudios sobre comunicación perro humano describen conductas como relamerse el hocico, mirar hacia otro lado, parpadear rápido o agachar las orejas como señales de apaciguamiento. Son comportamientos que aparecen más cuando el perro se siente incómodo o en una situación de conflicto suave y que ayudan a evitar que el problema vaya a más.
En un trabajo reciente, realizado con más de medio centenar de perros, se vio que gestos como relamerse la nariz o apartar la mirada se asociaban a una actitud no agresiva frente a personas desconocidas, algo así como un “no quiero líos, pero esto no me hace gracia”.
Organizaciones veterinarias españolas especializadas en comportamiento, como GEMCA, recuerdan que bostezos fuera de contexto, relamidos repetidos o evitar el contacto pueden ser signos claros de estrés y miedo, no de relajación.
Cómo distinguir cariño de preocupación
Entonces, ¿cómo saber si ese lamido es afecto o nervios? La clave está en el conjunto del cuerpo y en el momento en que ocurre.
Señales que encajan más con un lamido “cariñoso”:
• Cuerpo relajado, cola en movimiento suave, postura suelta
• El perro se acerca por iniciativa propia y se queda a tu lado
• El lamido es breve y aparece en contextos agradables, como un saludo tranquilo
Señales que apuntan a incomodidad o tensión:
• Orejas hacia atrás, cola baja o metida, cuerpo encogido
• Lamidos insistentes, a tu mano o a sí mismo, junto con bostezos o miradas laterales
• El perro se lame y después se aparta, se esconde o intenta poner distancia
Si, además, hay niños que se abalanzan para abrazarlo o muchos contactos sobre la cabeza, es bastante probable que el animal esté usando el lamido como aviso. No está “cuidando del niño”, está pidiendo que bajemos el nivel de intensidad.
Qué puedes hacer para reducir su estrés
La buena noticia es que, una vez que entiendes estas señales, puedes cambiar pequeños gestos del día a día para que tu perro se sienta más seguro:
• Retira la mano y dale un poco de espacio cuando empiece a lamer de forma insistente
• Enseña a los niños a saludar al perro desde un lado, sin abrazos ni gritos, y dejando que sea él quien se acerque
• Observa si en otras situaciones estresantes, como la sala del veterinario o una calle muy ruidosa, aparecen bostezos, relamidos o sacudidas en seco, y ayúdale a salir de ahí cuando sea posible
• Si los lamidos son compulsivos o aparecen junto con otros problemas de conducta, consulta con un veterinario especializado en comportamiento o con un educador canino que trabaje con refuerzo en positivo
Entender que los perros no “hablan humano” y que usan su cuerpo para expresar cómo se sienten no es una cuestión de moda. Es bienestar animal puro y duro. Menos malentendidos significa menos mordiscos, menos castigos injustos y menos perros viviendo con un nivel de estrés que no vemos, pero que termina pasando factura.
En el fondo, la idea es sencilla. Si compartimos casa con un perro, toca aprender su idioma igual que él se esfuerza cada día por entender el nuestro. A veces esos lametones serán una forma de decir “me alegro de verte”. Otras veces, un mensaje mucho más serio que conviene escuchar.
El estudio científico que analiza estas señales de apaciguamiento en perros ha sido publicado en la revista PubMed Central.



















