Las crías de mangosta esconden su identidad para sobrevivir

Sin embargo, aún en esos cobijos y bajo la protección de una nodriza, los cachorros se encuentran en peligro por culpa de sus propios congéneres. No es inusual que los adultos ataquen a las crías que no son de su camada.

Las crías de mangosta suelen permanecer en refugios subterráneos durante sus primeras semanas de vida antes de incorporarse al resto del grupo, donde aprenden a conseguir comida o a protegerse de los depredadores.

Sin embargo, aún en esos cobijos y bajo la protección de una nodriza, los cachorros se encuentran en peligro por culpa de sus propios congéneres. No es inusual que los adultos ataquen a las crías que no son de su camada.

Pero parece que estos mamíferos han desarrollado una forma para sobrevivir tan simple como esconder su ascendencia, incluso a sus propios padres. Si los adultos no saben qué crías pueden pertenecer a su camada, se lo pensarán dos veces antes de atacarlas.

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Investigadores del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter (Reino Unido) han llegado a esta conclusión tras estudiar el comportamiento de la mangosta rayada (Mungos mungo) en Uganda. Los resultados se publican esta semana en la revista Proceedings of the Royal Society B.

“El infanticidio es común en la mangosta rayada y puede ser muy peligroso que las crías muestren con qué adultos tienen vínculos porque les expone a sufrir comportamientos maliciosos por parte de miembros del grupo con los que tienen menos apego”, explica Emma Vitikainen, una de las autoras del estudio.

Método de supervivencia

Según Michael Cant, autor principal del trabajo, los individuos adultos sí distinguen entre aquellos que pertenecen a su camada y los que no a la hora de aparearse o de echar a los rivales, pero para las crías en peligro una buena estrategia es permanecer en el anonimato.

Esta habilidad también influye en la forma en la que los grupos de mangostas cuidan de su progenie y, aunque reduce el riesgo de infanticidio, implica que las madres no pueden prestar una atención especial a sus propios cachorros.

“En muchas especies se espera que las madres cuiden de su descendencia pero las mangostas no parecen ser capaces de ello. Creemos que es porque las hembras se sincronizan para dar a luz el mismo día y los cachorros han evolucionado para esconder su identidad”, apunta Vitikainen.

Las mangostas paren en grupo y, tras dar a luz, hay adultos que asumen el rol de ayudantes y se hacen cargo del cuidado de los cachorros incluso cuando estos no forman parte de su camada.

No hay una discriminación basada en esa relación de pertenencia aunque el equipo sí que descubrió que estos ayudantes o cuidadores discriminan en función del género de las crías: las hembras y los machos suelen ocuparse de los cachorros de su propio sexo. Además, comprobaron que era más frecuente que las mangostas hembras se conviertan en cuidadoras después de dar a luz.

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