Los residuos plásticos constituyen uno de los principales focos de contaminación de nuestros mares, provocando serias alteraciones en los ecosistemas, el turismo, la navegación, la pesca y la fauna marina. De continuar con las malas prácticas de las que la humanidad ha hecho gala hasta el momento, los expertos vaticinan que, en el año 2050, habrá más plásticos que peces en los océanos.
Los animales son algunas de las principales víctimas de esta dantesca situación, toda vez que el plástico siega la vida de un millón de aves marinas y más de 100.000 mamíferos marinos y tortugas cada año. En el caso de estas últimas, y según un estudio internacional, unos mil ejemplares quedan atrapados en residuos y acaban muriendo debido a la ingesta de fragmentos de plásticos y bolsas, que confunden con medusas, una de sus presas habituales. Y las que son capaces de sobrevivir, sufren graves heridas, ulceraciones, hemorragias, oclusiones intestinales y mutilaciones, circunstancias que las lleva a una muerte agónica.
El Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) de Francia estima que 1,5 millones de aves, peces, ballenas y tortugas mueren al año debido a la contaminación marina. Sólo en el Pacífico Norte, se calcula que el 30% de los peces han ingerido plástico en su ciclo de vida con efectos devastadores para su crecimiento y desarrollo.
“GOLFINA”, LA ESPECIE MÁS VULNERABLE
Brendan Godley, director del Centro de Ecología y Conservación de la Universidad de Exeter (Reino Unido) y principal autor de un estudio publicado en la revista Endangered Species Research, así lo acredita. El trabajo realizado evidencia que el 91% de las tortugas encontradas en las playas del Atlántico, Pacífico, Índico, Caribe y Mediterráneo estaban muertas al haber quedado atrapadas en redes de pesca abandonadas y distintos tipos de plásticos, procedentes en su mayoría del ámbito terrestre. La cantidad asciende a un millar de ejemplares, siendo el impacto superior en el caso de las crías y los más jóvenes.
A través de entrevistas realizadas a más de cien expertos que rescataron y rehabilitaron tortugas varadas en 43 países, se ha podido constatar que la basura marina constituye una verdadera amenaza para estas especies.
El impacto es todavía mayor en el caso de las tortugas jóvenes, ya que viajan en las corrientes oceánicas a zonas en las que se concentra mayor cantidad de residuos flotantes, que actúan a modo de trampas. No obstante, también es cierto que estos galápagos se acostumbran a convivir con la basura, pudiendo permanecer en esta situación durante años.
De las seis especies de tortugas encontradas, la conocida como “golfina” es la que tiene mayor probabilidad de quedar enredada debido a su forma de anidar y a las zonas en las que se alimenta.
Se asegura incluso que la amenaza representada por los desechos plásticos llega a ser incluso superior a la de los vertidos de petróleo, por lo que urge acabar con las malas prácticas de usar y tirar, y optar por materiales biodegradables, más respetuosos con el medio ambiente y la salud.
“MARES LIMPIOS”, EN LA LUCHA
A través de numerosas campañas se intenta revertir esta situación. “Mares Limpios”, promovida por el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), y a la que España se ha adherido, junto con una treintena de países, es una de ellas. En el marco de esta iniciativa, se pide a los gobiernos que promuevan, a través de medidas legislativas y acciones sociales, formas de producir y consumir más sostenibles, abandonando el modo de vida lineal y transitando hacia uno circular en el que prime el máximo aprovechamiento de los productos y la disminución de los residuos.
En este marco, cabe recordar que 8,8 millones de toneladas de plásticos son vertidas anualmente al mar, lo que equivale a un camión de basura por minuto.

















