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martes, febrero 7, 2023

La actividad del ser humano ‘deteriora’ la naturaleza

El clima tiene un papel vital en la distribución de las especies, pero se conoce poco sobre su efecto en las interacciones entre los organismos que habitan en un mismo lugar.

El clima determina el tipo de redes tróficas que se encuentran en la naturaleza y las actividades humanas las empobrecen, según ha confirmado un estudio que publica este lunes ‘Nature Communications’ desarrollado por investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC).

El estudio se centra en una de las formas más importantes de interacción entre los seres vivos: la alimentación.

«Con la ayuda del agua y los nutrientes del suelo, las plantas transforman la energía que les llega del sol en distintos recursos vegetales, tales como hojas o semillas».

«Esa biomasa vegetal sirve de alimento a distintos tipos de consumidores, tales como folívoros o granívoros. La hipótesis de partida es que la cantidad de energía disponible en cada región, determinada por el clima, restringe el tipo de redes tróficas que pueden existir. El resultado fue sorprendentemente claro», explica Miguel B. Araújo, investigador del MNCN-CSIC.

Para el estudio, los investigadores analizaron las distribuciones geográficas y preferencias alimenticias de todos los mamíferos terrestres con un peso mayor de 3 kilogramos, y encontraron que se agrupan en comunidades que, en función del clima en el que se encuentren, tienen un tipo u otro de organización trófica, según explica Manuel Mendoza, también del MNCN-CSIC.

«Existe un aparente determinismo en las redes tróficas que, según parece, emerge por auto-organización, como resultado de la optimización en la explotación de los recursos disponibles. En concreto, encontramos seis formas básicas de organización trófica, a las que denominamos: boreal, templada, semiárida, tropical estacional, tropical húmeda y depauperada», puntualiza.

Los resultados también muestran que las actividades del ser humano afectan directamente a la estructura trófica de las comunidades, disminuyendo el número de especies de esas comunidades respecto a lo que se espera, en función del clima en el que viven.

«Las estructuras depauperadas son muy interesantes. Las hemos encontrado en las islas oceánicas, en desiertos y en regiones polares, pero también en regiones muy afectadas por la actividad humana» -explica Miguel Araújo-.

«En islas, es posible que dicha simplificación esté asociada a la dificultad de determinados niveles tróficos para colonizar estos territorios, pero también es posible que estén depauperadas por extinciones pasadas, inducidas por actividades humanas».

«De hecho, eso es lo que encontramos en algunas comunidades boreales o templadas de Europa y Norteamérica, que se están empobreciendo, o en comunidades tropicales, que se están transformando en semiáridas».

Según el investigador, estos resultados ayudarán a predecir los efectos que el cambio climático y las distintas actividades humanas están teniendo ya y tendrán sobre la biodiversidad, puesto que las redes tróficas son la forma que ésta tiene de auto-organizarse para explotar de forma eficiente los recursos disponibles en los ecosistemas.

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