La Unión Europea endurece las normas de CO2 y, a partir de 2035, solo quiere coches nuevos con emisiones prácticamente nulas. Muchos han traducido eso como “adiós para siempre al motor de combustión”. Pero en un banco de ensayos de Graz, un pequeño cuatro cilindros está planteando otra posibilidad.
Se trata de un motor de combustión interna que no quema gasolina ni diésel, sino hidrógeno. Y, aun así, ofrece prestaciones propias de un turismo de competición.
Un 2.0 turbo de carreras que solo bebe hidrógeno
El desarrollo llega de la mano de AVL RACETECH, la división de competición de AVL, junto con el laboratorio húngaro HUMDA Lab. No es un ejercicio de diseño sobre el papel, sino un bloque de cuatro cilindros y 2 litros que ya ha pasado por el banco de pruebas.
Según los datos de la compañía, el prototipo alcanza 410 CV a 6.500 rpm y 500 Nm de par entre 3.000 y 4.000 rpm. Eso supone unos 205 CV por litro de cilindrada, cifras muy similares a las de muchos motores de gasolina de idéntico tamaño que corren hoy en día en circuito.
La clave está en cómo se controla la combustión de un combustible tan “nervioso” como el hidrógeno. El motor combina un turbocompresor específico con un sistema de inyección de agua en la admisión: el agua pulverizada enfría el aire que entra, baja la temperatura en la cámara de combustión y reduce el riesgo de encendidos prematuros que podrían dañar el propulsor.
Con ese efecto refrigerante, el motor puede trabajar con mezclas de aire y combustible relativamente “normales”, sin recurrir a mezclas extremadamente pobres que restan potencia. Por eso los ingenieros hablan de un paquete competitivo, no de un experimento con prestaciones de laboratorio.
El responsable del proyecto, Paul Kapus, lo resume con una frase corta: “Estamos orgullosos de haber confirmado en el banco de pruebas los objetivos de 500 Nm y 300 kW que nos marcamos en 2022”. En lenguaje llano, el motor ha cumplido lo que prometían las simulaciones.
¿Qué aporta realmente al clima?
Si este motor quema hidrógeno, la pregunta es inevitable: ¿estamos ante una combustión “limpia” capaz de salvar al motor tradicional? La respuesta es un “sí, pero” con varios matices.
Por el lado positivo, un motor de hidrógeno prácticamente no emite CO2 por el escape, salvo pequeñas trazas ligadas al consumo de aceite. En una Unión Europea donde el transporte ya aporta una parte importante de las emisiones de gases de efecto invernadero, cualquier reducción en cada kilómetro recorrido es valiosa.
Sin embargo, al quemar hidrógeno en aire, que contiene nitrógeno, se forman óxidos de nitrógeno (NOx), gases contaminantes vinculados a la mala calidad del aire urbano y a problemas respiratorios. Estudios recientes recuerdan que los motores de hidrógeno pueden generar niveles significativos de NOx si no se controla bien la combustión, de modo que necesitan sistemas de escape avanzados, igual que un diésel moderno.
Y falta el origen del combustible. Hoy gran parte del hidrógeno mundial se produce a partir de gas natural, carbón y otros combustibles fósiles, con emisiones altas en el proceso. Solo el hidrógeno renovable, fabricado con electricidad procedente de eólica, solar u otras fuentes limpias, encaja de verdad con los objetivos climáticos que se ha marcado la UE para 2030 y más allá, que pasan por desplegar decenas de gigavatios de electrolizadores y millones de toneladas de hidrógeno verde.
En resumen, este motor puede ser “cero CO2 en el escape”, pero solo si se alimenta con hidrógeno verde. Y siempre que ese hidrógeno verde exista, a precio razonable y en la cantidad suficiente.
Mientras el debate público sigue centrado en “todo eléctrico” frente a “todo combustión”, este 2.0 turbo que solo bebe hidrógeno recuerda que la transición energética será más compleja, con varias tecnologías conviviendo a la vez. Y eso, en plena emergencia climática, no es poca cosa.
El comunicado oficial sobre este prototipo de motor de hidrógeno de 410 CV ha sido publicado en la web de AVL RACETECH.


















