Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz y ha exigido la paralización del proyecto impulsado por el Gobierno Vasco y el grupo Atitlan en los terrenos de la antigua central nuclear.
La organización ecologista advierte de que esta iniciativa agravaría la presión sobre la costa cantábrica y supondría un nuevo obstáculo para la restauración ambiental de la zona. El proyecto, con una inversión de 170 millones de euros, incluye financiación pública y genera un fuerte debate sobre el uso del territorio.
La antigua central nuclear de Lemoiz, abandonada desde hace décadas, se ha convertido en un símbolo de los retos de restauración ambiental. Greenpeace insiste en que la prioridad debe ser recuperar el ecosistema original, no impulsar nuevas actividades industriales que puedan deteriorarlo aún más.
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz y exige restaurar el entorno de la central nuclear
La organización ecologista alerta del impacto ambiental y pide frenar el proyecto en la costa vasca
La oposición a la planta acuícola que se ubica en la localidad de Lemoiz pone bajo la lupa el uso de fondos públicos para financiar proyectos industriales cuestionables. Se critica que grandes empresas eludan restaurar entornos degradados.
La cría intensiva de especies carnívoras conlleva el uso de antibióticos y productos químicos que contaminan las aguas cercanas. Este proceso genera una pérdida de oxígeno que resulta fatal para la biodiversidad marina local.
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz por su impacto en la costa
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz porque considera que el proyecto aumentaría la presión sobre un entorno ya degradado. La costa cantábrica es un ecosistema sensible que requiere medidas de protección. La instalación de una piscifactoría industrial podría alterar aún más su equilibrio natural.
El proyecto plantea la cría de lenguados a gran escala. Este tipo de actividad implica un uso intensivo de recursos y genera residuos, con impacto directo en el medio marino. Además, la ubicación es especialmente controvertida. Se trata de los terrenos de una antigua central nuclear que nunca fueron restaurados completamente, lo que agrava la polémica.
Greenpeace advierte del riesgo acumulativo. Sumar nuevas actividades industriales puede dificultar la recuperación del entorno. El mensaje es claro. La prioridad debe ser proteger y restaurar, no intensificar el uso del espacio.
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz y critica la gestión pública
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz también por el papel de las administraciones públicas. La organización denuncia que el proyecto cuenta con financiación pública. Esto genera dudas sobre el uso de recursos destinados a iniciativas con impacto ambiental.
El caso de Iberdrola es clave. La empresa quedó exenta de restaurar el entorno tras el traspaso de la propiedad al Gobierno Vasco, lo que ha generado críticas. Según Greenpeace, esto supone un precedente preocupante. Las empresas podrían eludir responsabilidades ambientales, trasladando el coste al sector público.
La organización cuestiona la estrategia institucional. Considera que se priorizan intereses privados frente a la restauración del entorno natural. Este punto intensifica el debate. El uso de dinero público en este tipo de proyectos genera controversia social y política.
Impactos de la acuicultura en el medio marino
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz por los efectos asociados a la acuicultura intensiva. Esta actividad puede generar contaminación en el agua. El uso de antibióticos, bactericidas y otros productos químicos afecta a los ecosistemas marinos.
Otro problema es la eutrofización. El exceso de materia orgánica reduce el oxígeno disponible, afectando a otras especies. También existe riesgo sanitario. Las enfermedades pueden transmitirse a especies salvajes, alterando la biodiversidad.
El caso del lenguado es especialmente crítico. Al ser una especie carnívora, requiere alimentación basada en otros peces, aumentando la presión sobre los océanos.
El impacto global es significativo. La acuicultura intensiva puede contribuir a la sobreexplotación de recursos marinos.
Restauración ambiental frente a nuevos proyectos industriales
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz y defiende la restauración del entorno como prioridad. La zona de la cala de Basordas tenía un alto valor ecológico. Elementos como el flysch negro o una cascada natural forman parte de su riqueza ambiental.
La normativa europea respalda esta visión. El Reglamento de Restauración de la Naturaleza exige recuperar ecosistemas degradados, marcando objetivos para 2030 y 2050. El plan territorial del litoral vasco también apunta en esta dirección. Se contemplan medidas de protección y mejora ambiental en la zona.
La piscifactoría podría contradecir estos objetivos. Introducir actividad industrial dificulta la restauración ecológica. El debate es estratégico. Elegir entre restaurar o explotar el entorno marcará el futuro de la zona.
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz y plantea alternativas
Greenpeace rechaza la piscifactoría en Lemoiz y propone un enfoque diferente para el territorio, que no sea la acuicultura. La organización apuesta por la restauración ambiental completa. Recuperar el ecosistema original sería la mejor solución a largo plazo.
También plantea apoyar la pesca artesanal. Fomentar actividades sostenibles puede generar empleo sin degradar el entorno. La inversión pública debería orientarse a estos objetivos. Proyectos que protejan la biodiversidad y refuercen el tejido local son prioritarios.
Además, se busca garantizar el equilibrio ecológico. Reducir la presión sobre los océanos es clave en un contexto de sobrepesca global. El enfoque es claro. La sostenibilidad debe ser el eje de cualquier actuación en la costa.
Existen normativas europeas que obligan a recuperar los ecosistemas dañados antes de iniciar nuevas explotaciones comerciales. Instalar una industria en esta cala dificultaría recuperar tesoros geológicos únicos como el valioso flysch.
Como alternativa, se propone fomentar la pesca artesanal y transformar la zona en un referente de conservación ecológica. Apostar por un modelo sostenible protegería el empleo local sin comprometer el futuro del océano y de su biodiversidad.










