Estudio sobre las sequías y los árboles muertos

Según un estudio liderado por el CSIC, el efecto de las sequías pasadas podría constituirse como un indicador clave para predecir el riesgo de mortalidad en los árboles.

El estudio utiliza los anillos de crecimiento de los árboles para comparar la respuesta a sequías de árboles muertos y supervivientes.

Un equipo científico internacional, liderado por la investigadora de la Estación Experimental de Zonas Áridas (CSIC) Lucía DeSoto, demuestra que los anillos de los árboles nos ayudan a predecir el riesgo de que los árboles mueran durante un episodio de sequía, un fenómeno cada vez más frecuente por culpa del cambio climático.

En los anillos de los árboles queda registrado si los árboles han sufrido los efectos de sequías en el pasado y no han sido capaces de recuperarse plenamente (árboles poco resilientes).

El estudio, en el que ha colaborado Jordi Martínez, investigador del CREAF y profesor de la Universitat Autònoma de Barcelona, pone de manifiesto que precisamente estos árboles “tocados” por los años más secos son los que tienen más riesgo de morir durante una sequía. Esta relación, aparentemente obvia, nunca se había demostrado hasta el momento de manera global.

La resiliencia es la capacidad que tiene un organismo de mantenerse en funcionamiento durante y después de un evento de estrés (una sequía o un incendio, por ejemplo).

Esta capacidad se puede medir retrospectivamente en los anillos de crecimiento de los árboles. Para medir la resiliencia se compara el anillo de crecimiento que se forma durante el año de la sequía con los crecimientos de los años anteriores y posteriores en cada árbol.

Esta comparación indica cómo fue su resistencia durante el evento de estrés, así como su recuperación.

En el estudio se han comparado los anillos de árboles que cohabitaban en un mismo bosque, algunos muertos y otros supervivientes a una sequía. Se han muestreado más de 3500 árboles de 22 especies, en 118 bosques de diferentes regiones del planeta.

Diferencias entre frondosas y coníferas

Por otro lado, los resultados demuestran que existían diferencias entre los dos grandes grupos de especies arbóreas.

Para las frondosas, la resistencia inmediata a una sequía era lo más decisivo, aquellas con mayor riesgo de mortalidad eran las que habían sido menos resistentes al impacto inmediato de la sequía.

En cambio, en las coníferas, la capacidad de recuperarse de una sequía era lo que más marcaba su futura resistencia a otra sequía.

“La resiliencia a las sequías pasadas podría constituirse como un indicador clave para predecir el riesgo de mortalidad de los árboles.

De esta manera, medir la resiliencia en los anillos podría ser una prometedora herramienta para identificar señales tempranas de mortalidad y mejorar nuestra capacidad para pronosticar el decaimiento de los bosques en climas futuros”, comenta  DeSoto.

“Los resultados de este trabajo suponen un gran avance de cara a la acuciante necesidad de preservar los bosques frente al cambio climático, particularmente amenazados por el incremento de la temperatura y el aumento de frecuencia e intensidad de los períodos secos”, comenta Jordi Martínez desde el CREAF.

Este estudio ha sido realizado en el marco de un proyecto financiado por un contrato Marie Skłodowska-Curie (H2020-MSCA-IF, No.797188) y con la ayuda European Cooperation in Science and Technology (COST Action, FP1106 STReESS).

Este trabajo liderado desde la EEZA-CSIC es producto de la colaboración entre investigadores españoles del IPE-CSIC, CREAF, CIFOR-INIA, BC3, U Valladolid, U Pablo de Olavide e internacionales de instituciones en Francia, Alemania, Países Bajos, Suiza, Grecia, Finlandia, Serbia, Eslovenia, Rumania, Israel,  Rusia, Argentina y EEUU.

Fuente: Creaf

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