El trabajo analiza las externalidades (efectos que no tienen asignado un precio en el mercado) positivas y negativas de las actividades en el mundo rural. Las positivas, valoradas en 8.241 millones de euros, están relacionadas con la conservación del patrimonio natural y la preservación de la biodiversidad, así como la mitigación de fenómenos como los incendios o el cambio climático. Las negativas, cuantificadas en 756 millones de euros, están vinculadas sobre todo a la sobreexplotación o la contaminación de acuíferos. El saldo claramente positivo entre estos dos tipos de externalidades es el que representa este 3,75% del PIB.
Poner precio a los intangibles
‘Valorar lo que la agricultura ofrece a la sociedad» éste ha sido el objetivo del informe según Ramon Folch, director de ERF Gestió i Comunicació Ambiental, quien explicó su base conceptual. Esta valoración no tiene nada que ver con una visión productivista ya que, como ha explicado, «la significación de Cataluña a nivel agrícola no es muy elevada».
El objetivo, según Folch, era parametrizar y atribuir valor económico a una serie de intangibles, «pero no por mercantilismo, sino para poder establecer unas referencias que sean útiles para tomar decisiones». Señaló en este sentido el ejemplo del CO2 «como una manera de poner precio a un no-bien, precisamente para desincentivar las actividades que lo producen».
Si sabemos que el mundo agrario aporta beneficios a la colectividad, y tenemos una valoración rigurosa, esto nos permitirá orientar mejor la gestión en el futuro. De ahí surge la idea de pasar de una agricultura subvencionada a una agricultura -en palabras de Ramon Folch- «adecuadamente contraprestada», es decir, que reciba los recursos que le corresponden por los servicios que presta a la sociedad y que van mucho más allá de la producción de alimentos. Para esta finalidad se han establecido unas estrategias de contraprestación.
Funciones socioambientales: «¿qué perderíamos si la agricultura un día dejara de existir?».
El primer paso del equipo autor del informe fue definir las principales funciones socioambientales del mundo agrario, que son, esencialmente, la configuración de paisajes y hábitats, el mantenimiento de los ecosistemas existentes, con la regulación del ciclo del agua o la prevención de la degradación del suelo, la producción de alimentos y la creación de puestos de trabajo con la actividad que genera. Sin olvidar el mantenimiento de un medio que es a la vez patrimonio y espacio de ocio. El mundo agrario estructura en Cataluña el 90% del territorio.
Àlvar Garola, economista y director técnico de GEE ha explicado la metodología empleada. Ha hecho hincapié, por un lado, en que se ha puesto especial cuidado «en no dar a ningún dato más importancia de la que tenía en realidad» y, por otro, en que «cada externalidad se ha valorado con un método específico para sus características «. La pregunta que ha guiado el trabajo ha sido, según Garola, «¿qué perderíamos si la agricultura un día dejara de existir?».
Punto de partida para la acción
Josep Maria Palau, biólogo y jefe de proyectos de ERF Gestió i Comunicació Ambiental, ha sintetizado el denso contenido del informe y recordó que «es muy poco frecuente poner números a impactos y funciones ambientales». Palau ha querido dejar muy claro que este trabajo no era sólo una importante recopilación de datos, sino un punto de partida para futuras políticas y estrategias que tengan en cuenta el mundo agrario en toda su complejidad y, consecuentemente, apliquen una valoración más justa de lo que representa.
El valor oculto de la actividad agropecuaria en Cataluña es un documento para un cambio de modelo, pero lejos de vagas recomendaciones, traza una hoja de ruta para efectuar este cambio. En este sentido plantea 10 directrices estratégicas y 35 propuestas de actuación para iniciar la transición hacia el nuevo modelo. Son directrices y propuestas insertadas en una estrategia sistematizada que impulsa líneas de trabajo concretas como: la mejora de la producción y la productividad, la orientación del sector hacia nuevos canales y fórmulas de distribución y comercialización y la apertura a nuevos segmentos de mercado que proporcionen valor añadido.
El acto ha contado, entre otros, con la presencia del director general de Desenvolupament Agrari de la Generalitat, Jordi Sala, del presidente del Institut Català d’Estudis Agraris y director de la Fundació Món Rural, Josep Maria Vives y del vicepresidente de esta fundación, Antoni Pané. Los tres han coincidido en la necesidad de dar un vuelco a la percepción que se tiene del mundo rural por parte de la sociedad que no pertenece a él pero que recibe los efectos positivos.















