Científicos analizarán los intercambios de agua entre Atlántico y Mediterráneo hace millones de años

Hacia mediados del Mioceno (un periodo que abarca desde hace 23 millones de años hasta hace cinco millones de años) existió una isla de grandes dimensiones entre la península Ibérica y África. El estrecho que separaba esta isla de la península Ibérica se conoce como bético, mientras que el estrecho que la separaba del continente africano se conoce como rifeño. Hace unos siete millones de años se cerró el estrecho bético. Aproximadamente, un millón de años más tarde se cerró también el estrecho rifeño, de manera que el Mediterráneo se convirtió en un gran lago sin comunicación con el océano Atlántico.

Posteriormente, parece que el estrecho se volvió a abrir y cerrar en varias ocasiones. La última vez que se cerró, dejando sin comunicación las aguas de un lado y las del otro fue hace unos cinco millones de años. Finalmente, el estrecho rifeño volvió a abrirse para convertirse en lo que hoy conocemos como estrecho de Gibraltar. Sin embargo, los científicos no tienen muy claro cuándo sucedió esto, aunque muchos datos apuntan a que ocurrió hace solo 7.500 años.

Los investigadores se proponen analizar los sedimentos marinos para desentrañar los secretos que guarda este lejano periodo desde el punto de vista climático y de la evolución de las masas continentales y oceánicas, además de analizar qué efectos pudieron tener estos procesos.

Se trata de «estudiar los antiguos estrechos que conectaban el Atlántico y el Mediterráneo, que cuando se cerraron se rellenaron de sedimentos», explica a DiCYT Francisco Javier Sierro, investigador del Grupo de Geociencias Oceánicas de la Universidad de Salamanca. Existen sedimentos antes y después del momento en el que el mar Mediterráneo quedó sin salida al océano, convirtiéndose en un lago y esto es lo que permitirá «estudiar los ciclos climáticos y sobre todo cómo circulaba el agua entre el Atlántico y el Mediterráneo.

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Gran descenso del nivel del mar

Este mar «no se secó del todo, pero las evidencias apuntan a que hubo un descenso de entre 1.000 y 1.500 metros», comenta Sierro. No obstante, hace pocas semanas se celebró en Salamanca el congreso ‘Climate changes, bioevents and geochronology in the Atlantic and Mediterranean over the last 23 Myr’ (‘Cambios climáticos, bioeventos y geocronología en el Atlántico y el Mediterráneo durante los últimos 23 millones de años’) y en esta cita «hubo mucho debate» entre los científicos acerca de hasta qué punto se había desecado. Así, algún investigador afirmó que en el Mediterráneo siempre hubo peces a pesar de estar aislado.

Para estudiar más en profundidad estas cuestiones se ha creado esta red de investigación europea formada por investigadores de varios países. El Grupo de Geociencias Oceánicas de la Universidad de Salamanca está especializado en el estudio de fósiles marinos microscópicos que aportan mucha información porque dependiendo del clima de cada época aparecen unas especies de organismos u otras. Así, en función del lugar en el que se localicen dentro de un sedimento, los microfósiles sirven para conocer las características climáticas de determinadas épocas, porque se correlacionan con otros datos conocidos.

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