Cuando pensamos en un encuentro peligroso dentro de un parque nacional, la primera imagen suele ser la de un oso grizzly. Sin embargo, un nuevo análisis de miles de incidentes registrados en Canadá apunta hacia un animal muy distinto, un gran herbívoro que muchos visitantes no perciben como una amenaza.
Investigadores de la Universidad de York revisaron 2.878 encuentros agresivos ocurridos entre 2010 y 2023 en 25 parques nacionales y lugares históricos. El uapití o ciervo canadiense estuvo implicado en casi dos de cada tres casos. Pero hablar de encuentros agresivos no equivale a hablar únicamente de ataques con heridas.
El dato que cambia el riesgo
De los 2.878 incidentes analizados, 1.803 estuvieron relacionados con uapitíes, el 62,6 % del total. Muy por detrás aparecieron los osos grizzly con 413 casos, los osos negros con 377, los ciervos mulos con 199 y los coyotes con 86. El animal que más miedo inspira no siempre es el que más conflictos registrados concentra.
Conviene aclarar una precisión de traducción. El estudio habla de “elk” y cita a Cervus canadensis, que en español es el uapití, wapití o ciervo canadiense, no el alce verdadero (Alces alces), aunque algunas informaciones hayan trasladado “elk” como “alce”.
Un herbívoro no es inofensivo
Los uapitíes no cazan personas, pero son animales grandes y capaces de embestir o dar fuertes patadas cuando se sienten amenazados. Las hembras pueden defender a sus crías durante la época de partos y los machos se vuelven especialmente territoriales durante el celo. Parece un ciervo tranquilo hasta que alguien entra demasiado en su espacio.
Shashank Balakrishna, autor sénior del trabajo, explica que estos animales a veces evitan a los humanos, pero en otras ocasiones utilizan su presencia como refugio frente a los depredadores. Esa respuesta cambiante podría ayudar a entender por qué aparecen en tantos incidentes y por qué cuesta anticipar su reacción.
Parks Canada recomienda mantener al menos 30 metros de distancia respecto a los uapitíes. Si el animal baja la cabeza, echa las orejas hacia atrás, rasca el suelo o se muestra inquieto, la persona ya está demasiado cerca. Una foto no merece una embestida.
Caminar en silencio también cuenta
Las actividades consideradas de bajo impacto, como caminar, correr u observar fauna, concentraron 704 encuentros agresivos, el 24,5 % del total. Después aparecieron las actividades en zonas urbanizadas del parque con 643 casos y el camping con 427. Los deportes de aventura sumaron 120, algo más del 4 %.
“Las actividades de bajo impacto se asociaron con la mayor frecuencia de encuentros agresivos, independientemente de la especie”, señaló Holly Landles, primera autora del estudio. Quien avanza despacio y en silencio por un sendero con poca visibilidad puede sorprender a un animal antes de que cualquiera de los dos tenga tiempo para apartarse.
El patrón se observó especialmente con los osos grizzly y negros. Pero el dato necesita contexto. Los investigadores no pudieron calcular cuántos incidentes se producen por cada excursionista o por cada hora de actividad, por lo que no puede afirmarse que caminar sea, por sí mismo, más peligroso.
Campings y pueblos del parque
Los uapitíes representaron el 83,6 % de los encuentros agresivos registrados durante el camping. También estuvieron implicados en el 73,3 % de los incidentes ocurridos en zonas urbanizadas dentro de los parques, donde se concentran carreteras, jardines, áreas de juego y otras instalaciones.
Los autores señalan varios factores que podrían influir en los campings, como la presencia humana prolongada, los olores de comida y el uso compartido del espacio. Una nevera abierta, basura mal guardada o restos junto a una tienda pueden atraer fauna y crear un problema.
El estudio también encontró una asociación entre los ciervos mulos y las actividades con animales domésticos. Los perros pueden recordarles a depredadores naturales como coyotes o lobos, lo que favorece respuestas defensivas. Por eso una correa corta no es un simple trámite.
Cómo reducir un encuentro
La primera regla es dar espacio. Parks Canada aconseja mantener unos 30 metros frente a ciervos, uapitíes y alces, y alrededor de 100 metros frente a osos, lobos, pumas y coyotes. Si el animal cambia su conducta por nuestra presencia, estamos demasiado cerca.
En senderos con vegetación densa conviene caminar en grupo, hablar con normalidad y evitar los auriculares. También hay que consultar los avisos del parque, respetar cierres temporales y llevar a los perros sujetos. Son gestos pequeños, pero reducen la posibilidad de sorprender a un animal.
En los campings, la comida, la basura, los utensilios y cualquier producto con olor deben guardarse en el vehículo o en los armarios habilitados. Alimentar a la fauna nunca ayuda. Un animal que relaciona a las personas con comida puede perder su cautela.
Lo que el estudio no demuestra
El término “encuentro agresivo” reúne situaciones muy diferentes. De los 2.878 casos, solo 47 fueron ataques con contacto que causaron lesiones o muerte. La mayoría fueron falsas embestidas sin contacto, además de persecuciones y exhibiciones amenazantes.
Los datos proceden de incidentes que requirieron la intervención del personal de Parks Canada. Los encuentros remotos o no comunicados pueden estar infrarrepresentados. Tampoco había información completa sobre el sexo del animal, el tamaño del grupo humano, la duración de la actividad o el número total de personas expuestas.
Por tanto, el trabajo identifica patrones y prioridades de gestión, pero no demuestra una relación directa de causa y efecto. Tampoco encontró un aumento general significativo entre 2010 y 2023. La clave no parece estar solo en cuánta gente visita un parque, sino en qué animal aparece, dónde ocurre y qué estaba haciendo la persona.
Más información y menos conflictos
Los resultados pueden ayudar a colocar señales y avisos donde realmente hacen falta. Un sendero cerrado durante unas semanas o una advertencia sobre la época de celo pueden evitar que un encuentro termine mal. No es poca cosa.
“En última instancia, tanto las personas como la fauna pierden durante los encuentros agresivos”, concluyó Landles. Visitar un parque nacional no consiste en acercarse todo lo posible, sino en observar sin obligar al animal a defenderse. Esa distancia protege a ambos.
El estudio ha sido publicado en Frontiers in Conservation Science.



