¿Qué hace un tiburón ballena cuando deja atrás a buceadores y barcos y se hunde en el azul? Un equipo liderado por el Instituto Australiano de Ciencias Marinas y la Universidad Murdoch colocó cámaras y sensores en estos gigantes de Ningaloo y los siguió hasta casi 70 metros, donde los vio alimentarse de maneras que no se habían descrito.
Las grabaciones cuestionan la idea de que el tiburón ballena come sobre todo cerca de la superficie. En realidad, combina un picoteo lento a distintas profundidades con persecuciones más activas cuando encuentra kril abundante, una flexibilidad que podría ayudarle a sobrevivir en aguas tropicales con alimento escaso y disperso.
Cámaras que viajan con el tiburón
El trabajo de campo se realizó en mayo de 2017 y 2018 en Norwegian Bay, dentro del arrecife de Ningaloo, en Australia Occidental. Los científicos colocaron etiquetas con cámara en diez tiburones ballena, aunque los problemas técnicos dejaron 22 horas y media de vídeo útil procedente de cinco animales para el estudio original.
El equipo se sujetaba al borde delantero de la aleta dorsal mediante una pinza poco invasiva y registraba imágenes, profundidad y movimiento. Tras un periodo programado de alrededor de un día, el dispositivo se soltaba, flotaba hasta la superficie y podía recuperarse sin dejar nada fijado permanentemente al animal.
En el proyecto también participaron la Universidad de Australia Occidental, la Universidad Estatal de California en Fullerton y la Universidad Macquarie. Christine Barry dirigió el trabajo junto con investigadores como Luciana Ferreira, Adrian Gleiss, Mark Meekan, Misty Paig-Tran, Robert Harcourt y Michele Thums.
Seis conductas nuevas
Los autores combinaron las grabaciones con 106 publicaciones científicas para elaborar el catálogo más amplio de la conducta del tiburón ballena. Ese tipo de catálogo se llama etograma y funciona como un diccionario de movimientos, posturas e interacciones que permite comparar observaciones realizadas en lugares distintos.
El resultado reunió 36 conductas, doce relacionadas con la búsqueda de alimento y seis nunca descritas como formas de alimentación. Entre ellas estaban hundirse lentamente con las branquias abiertas, seguir filtrando al ascender, comer en mitad del agua, avanzar junto al fondo, balancearse bajo las olas mientras filtraba y lanzarse activamente hacia el lecho marino.
Las cámaras acompañaron a los animales desde la superficie hasta profundidades próximas a los 70 metros. Algunas secuencias mostraron que podían continuar alimentándose durante casi todo el descenso o el ascenso, en vez de reservar la comida para un gran festín cerca de la luz.
Comer filtrando de varias maneras
Aunque su nombre pueda despistar, el tiburón ballena no es una ballena, sino el pez vivo más grande del planeta. Es un filtrador, lo que significa que separa del agua plancton, kril y otros animales diminutos, ya sea avanzando con la boca abierta o aspirando agua mediante pequeñas pulsaciones.
Las conductas lentas fueron las más frecuentes en los vídeos, por delante de la natación normal sin alimentarse. «Lo que no habíamos comprendido era de cuántas maneras lo hacen», explicó la autora principal Christine Barry en el comunicado oficial del AIMS.
En la práctica, estos peces parecen aprovechar incluso el agua que contiene pocas presas y cambiar de táctica cuando encuentran una concentración mayor. Entonces pueden pasar del filtrado tranquilo a una persecución vigorosa de bancos de kril, unos pequeños crustáceos parecidos a diminutas gambas.
Ningaloo es una despensa
Ningaloo recibe concentraciones anuales de tiburones ballena y forma parte del Patrimonio Mundial, como recoge la ficha oficial de la UNESCO. Para Luciana Ferreira, científica del Instituto Australiano de Ciencias Marinas y coautora del trabajo, los resultados muestran que el arrecife actúa como «una despensa segura».
La especie está clasificada como en peligro y se enfrenta a la pesca, las colisiones con barcos y los cambios de su hábitat. Una investigación de 2024 en Nature Climate Change proyectó que el calentamiento podría desplazar sus zonas adecuadas y aumentar la coincidencia con rutas marítimas.
El nuevo etograma no mide directamente esos riesgos, pero ofrece una herramienta para localizar zonas de alimentación y comparar los efectos del turismo, el tráfico marítimo y otras perturbaciones. También recuerda algo sencillo, proteger solo lo que se observa en la superficie puede dejar fuera una parte importante de su vida.
Lo que aún permanece oculto
El estudio tiene límites importantes. Solo analizó una concentración costera de ejemplares jóvenes, principalmente durante el día, por lo que sus resultados no se pueden trasladar automáticamente a adultos, tiburones nocturnos o animales que recorren el océano abierto.
La posición de la cámara tampoco permitía ver siempre la boca ni distinguir las presas. Los investigadores identificaron parte de la actividad alimentaria mediante la apertura de las branquias, una señal útil, pero que no demuestra por sí sola que el animal estuviera comiendo en todos los casos.
Los próximos pasos pasan por colocar cámaras en tiburones ballena de otras regiones, estudiar lo que ocurre de noche y observar ejemplares adultos y animales en mar abierto.
El estudio oficial se ha publicado en la revista Marine Biology.



