En una ladera de la quebrada El Lápiz, en la isla chilena Robinson Crusoe, un árbol de unos 150 años está sujeto con cuerdas para que no se precipite por el acantilado. Es el último ejemplar silvestre conocido de Dendroseris neriifolia, una especie que solo existe en esa isla del Pacífico.
De sus semillas han germinado ocho plántulas en el Millennium Seed Bank de los Reales Jardines Botánicos de Kew, en Wakehurst (Inglaterra), y dos de ellas llegaron en septiembre al jardín botánico de Logan, en el suroeste de Escocia.
«Es una carrera contra el tiempo», resume Diego Penneckamp, científico del Jardín Botánico VerdeNativo y autor de la obra Flora Vascular Silvestre del Archipiélago Juan Fernández. «Esta colaboración internacional para apoyar al último individuo que queda podría evitar la extinción de una especie que representa un linaje único con su propia historia natural», añade en el comunicado de Kew.
Un pariente de las margaritas colgado de un acantilado
En Chile la llaman colecillo o col de Juan Fernández. Según la ficha de clasificación del Ministerio del Medio Ambiente chileno, es un arbusto o pequeño árbol muy ramificado de hasta 4 metros de alto, con un tronco que puede alcanzar 30 centímetros de diámetro y una corteza corchosa.
Pertenece a la familia de las asteráceas, la misma de las margaritas, y por eso se la describe como una «margarita arbórea». Sus hojas, coriáceas y de unos 15 centímetros, se agrupan en los extremos de las ramas, y sus flores son blancas. El nombre neriifolia alude al parecido de esas hojas con las de la adelfa.
Llegar hasta el árbol ya es un problema. El acantilado «es extremadamente difícil de acceder y requiere trabajo de campo especializado y una planificación cuidadosa para no causar ningún daño», explicó por correo electrónico a Mongabay Paulina Hechenleitner, investigadora asociada del Real Jardín Botánico de Edimburgo y responsable científica de VerdeNativo.
La recolección se hace cada mes de marzo, cuando maduran los frutos, que llevan una sola semilla cada uno. Los recolectores trepan a lo largo del tronco hasta las ramas con flores y atrapan las semillas en redes. Este año reunieron unas 400 semillas en el acantilado de Robinson Crusoe, según Kew.
De ocho árboles silvestres en 1980 a uno solo
La especie crecía antes en las quebradas y zonas bajas de la isla, pero en 1980 solo quedaban ocho ejemplares silvestres. En los años noventa se identificó como prioridad de conservación y los guardaparques de la Corporación Nacional Forestal (CONAF) intensificaron los trabajos de recuperación.
Hubo reintroducciones a comienzos de los años 2000, pero en 2017 fallaron las medidas de protección y las especies invasoras entraron en la zona, según Kew. Hoy queda un solo árbol en libertad, lo que supone haber perdido el 87,5 % de los ejemplares silvestres que había en 1980.
La conservación fuera de la isla tampoco funcionó. Una colección establecida en el Jardín Botánico Nacional de Chile fracasó por las condiciones climáticas, y las plantas cultivadas en jardines sufren hibridación, de modo que sus semillas no sirven. Además, el 90 % de las semillas no es viable por el aislamiento geográfico, según el comunicado. VerdeNativo conserva un ejemplar joven.
La ficha chilena enumera las amenazas en la isla: ratas, conejos, cabras y vacas que se comen la planta, una erosión que afecta al 75 % de la superficie de Robinson Crusoe y plantas invasoras que compiten con las especies nativas, como el maqui y la murtilla. Los conejos introducidos en islas remotas son un problema que se repite en muchos archipiélagos.
Veintinueve semillas en Wakehurst y ocho plántulas
De esas 400 semillas, 29 llegaron esta primavera al Millennium Seed Bank de Kew, en Wakehurst (Sussex). El análisis con rayos X indicó que 25 eran potencialmente viables, aunque según Mongabay fueron 24 las que mostraban un embrión en desarrollo.

Esas 24 semillas se repartieron en tres grupos de ocho, según contó a Mongabay Alice Hudson, técnica de alianzas del Millennium Seed Bank. «Probamos un primer grupo de ocho para la germinación, para ver si teníamos bien las condiciones», explicó Hudson. «Ahora que sabemos que el método funciona, pensamos germinar otras ocho semillas. Las ocho últimas se guardarán en el Millennium Seed Bank para su conservación a largo plazo».
Sarah Gattiker, responsable de procesamiento de semillas de Kew, y la horticultora botánica Alice Livingstone detallaron el método. «Decidimos sembrar las semillas directamente en sustrato en los invernaderos de Wakehurst», explicaron, tras contar con el asesoramiento hortícola de Felipe Sáez Quintana y Gonzalo Rojas Sea, de CONAF.
Según las dos especialistas, así se redujo el riesgo de que las plántulas se vieran expuestas a «una humedad demasiado alta en las placas de agar del laboratorio» y se las manipuló lo mínimo. «Gracias a este esfuerzo colaborativo, las ocho plántulas han germinado», añadieron.
Las semillas que no se usen para la propagación irán a almacenamiento a largo plazo, como respaldo por si la especie se pierde en la naturaleza o durante el cultivo, la misma lógica que siguen otros bancos de semillas que guardan la flora amenazada a -20 ºC.
Dos plántulas viajan al clima suave de Logan
Kew había previsto enviar tres plántulas a Logan, que depende del Real Jardín Botánico de Edimburgo. Finalmente, dos de ellas recorrieron más de 480 kilómetros hacia el norte y llegaron a mediados de septiembre a este jardín de Dumfries and Galloway, mientras las demás siguen en Kew Gardens y Wakehurst, según informó la agencia PA.
El clima suave de Logan permite cultivar al aire libre plantas del hemisferio sur, sobre todo de Australia, Sudamérica y el sur de África. El jardín ya tiene especies chilenas y otras de Juan Fernández, como la palmera Juania australis, muy difícil de cultivar fuera de su hábitat.
«La experiencia nos ha demostrado que las especies de las islas Juan Fernández se sienten especialmente como en casa aquí en Logan, en el extremo suroeste de Escocia, bañado por el aire suave de la corriente del Golfo», dijo su conservador, Richard Baines, que recordó que llevan «más de 40 años» reforzando alianzas con científicos y horticultores de Chile.
Tras la llegada de las plántulas, Baines habló de «un momento significativo para todos los implicados». «Este es el comienzo de un nuevo periodo emocionante», dijo a PA. «Crear un lugar seguro para estas plántulas, conocerlas y aprender más sobre su adaptación a distintos entornos nos da la oportunidad de contribuir mucho más».
Un archipiélago con la mayor densidad de plantas endémicas
Las 11 especies del género Dendroseris solo existen en el archipiélago de Juan Fernández, y Kew las describe como las únicas plantas conocidas con forma de «margarita arbórea», con flores parecidas a las margaritas sobre un tronco leñoso y ramificado.
«El archipiélago de Juan Fernández tiene la mayor densidad de especies de plantas endémicas por kilómetro cuadrado del mundo, pero también está entre los más vulnerables», afirmó Felipe Sáez, ingeniero en biotecnología vegetal y administrador del Parque Nacional Archipiélago Juan Fernández. Según Sáez, el porcentaje de especies amenazadas según la UICN «pasó del 45 % al 88 % en los últimos 30 años».
«Dentro del género Dendroseris, seis especies están clasificadas actualmente En Peligro, cuatro En Peligro Crítico y una Extinta en Estado Silvestre», añadió. Junto a D. neriifolia, los equipos han enviado semillas de otras dos especies de la isla, D. litoralis y D. pruinata, que se someterán a ensayos en Logan y Wakehurst.
La pérdida afectaría también a otras especies. El picaflor de Juan Fernández, un colibrí en peligro crítico, se alimenta del néctar de las flores de Dendroseris. «Este género solo existe en las islas Juan Fernández; si se pierde, desaparece todo un grupo de especies con una diversidad única», advirtió Hudson.
Ocho plántulas todavía no salvan la especie
Que germinen las semillas es solo el primer paso. Las plántulas tienen que sobrevivir, llegar a adultas y producir semillas propias, y nada de eso está asegurado con tan pocos ejemplares, todos nacidos de semillas de un mismo árbol.
«Aumentar la producción de semillas es clave para reforzar las colecciones del banco de semillas y generar material que con el tiempo pueda repatriarse a Chile para restaurar el hábitat», explicó Hechenleitner a Mongabay. El objetivo final es recuperar poblaciones silvestres, pero eso «requerirá una inversión a largo plazo en restauración del hábitat, control de especies invasoras, seguimiento y reintroducciones cuidadosamente planificadas», precisó.
Restaurar un hábitat lleva años, como muestra el caso de una familia brasileña que plantó un millón de árboles nativos del Bosque Atlántico en dos décadas. Los recolectores de CONAF quieren enviar otro lote de semillas al Reino Unido el año que viene, y el proyecto lo financia el fondo Mohamed bin Zayed para la conservación de especies.
El comunicado completo de Kew se publicó el 29 de mayo de 2026, y la llegada de las plántulas a Logan la contó la agencia PA el 17 de septiembre de 2026.
Imagen: Rolando Recabarren / RBG Kew











