En 1865 soltaron conejos en una isla subantártica para que los náufragos tuvieran comida, y 127 años después los rescataron antes de eliminarlos de la isla porque se habían convertido en una raza única de pelaje gris plateado

Publicado el 27 de septiembre de 2026 a las 09:47
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Dos conejos de la raza de la isla Enderby, uno gris plateado y otro claro

En octubre de 1865, unos conejos procedentes de Australia llegaron a la isla Enderby, en el archipiélago subantártico de Auckland, para servir de alimento a posibles náufragos. Casi 127 años después, sus descendientes formaban una población diferenciada que acabaría siendo rescatada antes de su erradicación de la isla.

La historia encierra una paradoja de la conservación. Aquellos animales tenían interés como raza, pero su presencia perjudicaba al ecosistema autóctono. La solución fue mantener un grupo reproductor fuera de Enderby y eliminar la población insular, una decisión que permitió separar la protección de los conejos de la recuperación de su antiguo refugio.

Una despensa para los náufragos

Hoy puede parecer extraño soltar animales en una isla remota para ayudar a personas que quizá nunca lleguen. En el siglo XIX, los naufragios en las islas Auckland llevaron a dejar provisiones, liberar ganado y organizar búsquedas de supervivientes. Los conejos formaban parte de esa respuesta a un peligro real.

Enderby ocupa unas 700 hectáreas al norte de la isla principal del archipiélago. Allí, entre frío, humedad y viento, la población de conejos logró reproducirse durante generaciones. Su aislamiento se prolongó hasta el rescate de septiembre de 1992, mientras que los animales restantes fueron eliminados al año siguiente.

Qué tenían de especial

Los conejos de Enderby suelen pesar alrededor de dos kilos y presentan un pelaje gris plateado, con una capa inferior de tono azul pizarra oscuro. La cabeza, las orejas y la cola son más oscuras, a veces negras. También aparecen algunos ejemplares de color crema o beige.

La enciclopedia neozelandesa Te Ara sitúa su origen probable en conejos plateados británicos. Durante el aislamiento se consolidó una raza con características propias, aunque los animales siguen perteneciendo a la especie del conejo europeo (Oryctolagus cuniculus). Ese matiz ayuda a entender su singularidad sin convertirla en el nacimiento de una especie nueva.


El coste para la isla

El problema iba más allá del número de animales. Los conejos consumían vegetación autóctona y excavaban madrigueras en un territorio de gran valor para la fauna. Una evaluación realizada en 1991 estimó que en Enderby había entre 5000 y 6000 ejemplares.

Las madrigueras también suponían un riesgo para las crías de león marino de Nueva Zelanda. El informe de la operación, publicado por Nick Torr en 2002, describe cómo algunas quedaban atrapadas y morían en esos huecos alrededor de Sandy Bay, una zona de reproducción. Un animal pequeño podía causar problemas que alcanzaban a vecinos mucho mayores.

El rescate de 1992

¿Cómo conservar aquellos conejos sin mantener sus daños sobre la isla? La Sociedad para la Conservación de Razas Raras de Nueva Zelanda organizó una expedición con participación del Departamento de Conservación. En septiembre de 1992 se capturaron 50 animales y 49 fueron trasladados vivos a Nueva Zelanda, según la revisión publicada en Notornis en 2020.

Los conejos pasaron por una cuarentena en la isla Somes, en el puerto de Wellington. Después se repartieron en grupos reproductores entre cuidadores voluntarios, con la intención de conservar aquella variedad. Su continuidad pasó a depender de la cría bajo cuidado humano.

La erradicación se llevó a cabo en 1993 mediante cebos envenenados y la búsqueda de los ejemplares supervivientes. Las comprobaciones realizadas en 1994 no detectaron conejos en Enderby ni en la cercana isla Rose. El rescate previo había permitido mantener la raza de Enderby fuera de su isla de origen.

La recuperación del ecosistema

Tras retirar los mamíferos introducidos, la vegetación pudo recuperarse de la presión que sufría. El trabajo de Torr describe una expansión de grandes plantas herbáceas autóctonas que antes habían quedado relegadas a zonas de acantilado. El cambio también redujo el problema de las crías de león marino atrapadas en madrigueras.

Conviene distinguir los efectos de cada actuación. Un estudio de 2022 sobre la retirada del ganado vacuno señaló una respuesta ecológica importante, pero advirtió que no podía separarse por completo de la eliminación de conejos y ratones. La recuperación fue el resultado de varias intervenciones.

Una raza todavía vulnerable

El rescate tampoco garantizó el futuro de los conejos. La lista de conservación de la Sociedad para la Conservación de Razas Raras, elaborada con su censo de 2023 y 2024, clasifica a los de Enderby en la categoría “crítica”. Para los conejos, esa categoría corresponde a entre 1 y 30 hembras en edad reproductora en Nueva Zelanda.

El dato se refiere a hembras reproductoras en ese país, no al número total de ejemplares que existen en el mundo. Es, además, una clasificación propia de la entidad para razas domésticas. Permite entender por qué mantener algunos animales no basta para dar por asegurada su continuidad.

La historia del rescate fue revisada en 2022 en el New Zealand Journal of Ecology. La evaluación más reciente aquí citada sobre la conservación de la raza está publicada en la lista de seguimiento de la Sociedad para la Conservación de Razas Raras de Nueva Zelanda.

Imagen: André Richard Chalmers / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)

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