Naturaleza

El asno andaluz lucha contra la extinción en el Camino de Santiago

Nueve burros y 42 expedicionarios llegan a Santiago de Compostela tras once días de ruta para visibilizar la situación crítica de una raza autóctona española que cuenta con menos de 500 ejemplares.

El asno andaluz lucha contra la extinción en el Camino de Santiago

La Asociación del Asno de Pura Raza Andaluza volvió a conquistar la Plaza del Obradoiro tras culminar el Camino de Santiago. Nueve ejemplares protagonizaron esta emotiva travesía orientada a proteger una especie en peligro extremo.

Durante once jornadas desde Lugo, cuarenta y dos expedicionarios de todas las edades compartieron ruta y vivencias diarias. El trayecto fortaleció los lazos entre los participantes y consolidó un vínculo único con los nobles asnos.

La acogida del pueblo gallego resultó emocionante, pues muchos ancianos aguardaron con lágrimas el paso de la comitiva. Las charlas informales permitieron recordar antiguas tradiciones del campo y enriquecerse culturalmente durante todo el extenso recorrido.

El asno andaluz lucha contra la extinción en el Camino de Santiago y despierta emoción a su paso

La Asociación del Asno de Pura Raza Andaluza (Asnopra) ha completado por segunda vez el Camino de Santiago y se ha presentado con nueve burros este jueves en la Plaza del Obradoiro en una iniciativa de promoción para contribuir a salvar de la extinción a esta raza con menos de 500 ejemplares.

Álvaro Jiménez, presidente de la asociación, relata la experiencia de los 42 expedicionarios que han llegado a Santiago de Compostela después de once días de ruta y convivencia desde que partieron de A Fonsagrada (Lugo), a principios de mes.

En esta aventura han participado desde niños hasta jubilados, uno de ellos con su nieto, con el objetivo de concienciar sobre la situación crítica de una raza autóctona que no llega al medio millar de ejemplares censados.

«La experiencia ha sido preciosa. La convivencia entre los socios de Asnopra ha sido muy bonita porque tenemos encuentros a lo largo del año, pero convivir tantos días genera vínculos estrechos«, explica Jiménez.

El vínculo no solo se acentúa entre las personas, también con el animal. «Son casi ocho horas al día trabajando con ellos, como los arrieros antiguos que convivían con los burros, animales que casi sabían hasta hablar», apunta.

Visibilidad para la raza y una acogida magnífica

El presidente de la agrupación destaca el «recibimiento magnífico» que les ha brindado Galicia, donde han encontrado a personas mayores que «llevaban esperando 3 o 4 horas en la puerta de sus casas» a que pasara el grupo.

«Muchos lo hacían con lágrimas porque les recordaba a sus antepasados, sentían añoranza de su juventud», indica Jiménez, quien confiesa que han aprendido mucho de esa gente de Galicia que les ha trasladado cómo trabajaban aquí con los asnos y la alimentación que les daban.

En la comunidad gallega han encontrado, además, un respiro al calor de Andalucía y han aprovechado para probar su gastronomía a base de pulpo, tortilla y, de manera «puntual», marisco, aunque ahí, reconoce el presidente de Asnopra, les «ha faltado más».

A su llegada a Santiago han disfrutado de la «piedra» del casco histórico de la ciudad y lo han pisado con «cierto pique por quien entraba primero». «Los animales iban muy sobrados», dice el dirigente de la asociación tras diseñar etapas de unos 15 kilómetros, salvo dos días con más distancia (27 y 22 kilómetros).

La situación de la especie es crítica

Jiménez no esconde que, «al igual que en el resto de las razas autóctonas españolas», la situación del asno andaluz «es crítica«, y menciona problemas como la «consanguinidad, la dispersión geográfica» o los 12 meses de gestación de las burras.

En el lado positivo, destaca que en Asnopra «el relevo generacional parece asegurado», lo que considera «muy importante», porque cuentan con «ganaderos de todas las edades«, algo que en otras razas autóctonas -cuenta- no pasa.

En el grupo que completó el Camino de Santiago había tres suizos, uno de ellos, veterinario, que ha hecho casi todo el camino «montado» en los burros, aunque la mayoría lo ha hecho andando para ponerse «en forma». En todo caso, según el presidente de la asociación, «los que más han disfrutado» han sido los cinco niños que han participado en esta iniciativa.

Después de haber hecho el Camino en 2022 y también en 2026, la idea es «intentarlo» cada cuatro años como una «forma de mostrar que en realidad la raza» andaluza tiene «la misma alzada que un caballo y el mismo paso, pero son animales mucho más dóciles, fáciles de domesticar y más nobles».

Por eso invita a la gente que se inicia con el caballo a que lo haga con el burro, lo que contribuiría a «recuperar una raza en peligro de extinción».

Los asnos andaluces completaron la marcha sin mostrar agotamiento alguno, superando con éxito varias etapas de diversa exigencia física. La entrada final a la histórica catedral coronó una gesta inolvidable que busca dar visibilidad a esta raza para que no desaparezca.

Temas

Relacionados