El regreso de los lobos al parque nacional estadounidense de Isle Royale, en el lago Superior, ya tiene un balance científico. Un estudio publicado el 28 de agosto de 2026 concluye que el traslado de 19 ejemplares permitió recuperar una población capaz de reproducirse y mantenerse, aunque su futuro genético sigue abierto.
La investigación siguió a los animales entre 2018 y 2023, cuando contabilizó al menos 27 lobos. El censo de invierno de 2026 de la Universidad Tecnológica de Michigan estimó 37, pero también dejó una advertencia importante. Recuperar al depredador no significa que el bosque ya esté recuperado.
Por qué llevaron lobos a la isla
En 2016 apenas quedaban dos lobos, estrechamente emparentados y sin reproducirse. Mientras tanto, los alces ejercían una fuerte presión sobre la vegetación al alimentarse de brotes y ramas, una situación que preocupaba a los responsables del parque nacional.
El Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos trasladó 19 lobos desde Minnesota, Michigan y Ontario entre septiembre de 2018 y septiembre de 2019. Buscaba restablecer la depredación y formar una población que persistiera al menos 20 años, devolviendo al ecosistema una pieza que estaba a punto de perder.
Las señales de recuperación
Los investigadores combinaron collares GPS, cámaras automáticas y escuchas de aullidos para seguir a los animales. El recuento mínimo pasó de 10 lobos en el invierno de 2019 a 2020 a 27 en el de 2022 a 2023, con reproducción durante el seguimiento.
Además, documentaron al menos 10 camadas y 29 cachorros a lo largo del estudio, e identificaron tres manadas. El dato de cachorros recoge nacimientos acumulados durante varios años, mientras que el censo indica cuántos animales se detectaron en un momento concreto.

¿Basta con soltar animales para recuperar una población? Como explicó el investigador Jerry Belant en un comunicado oficial de 2020, «documentar la reproducción es fundamental para el éxito de cualquier introducción». Los cachorros aportaban precisamente esa señal.
Una recuperación con pérdidas
El seguimiento también registró 11 muertes entre 28 lobos equipados con collar. Cinco se atribuyeron a ataques confirmados o sospechados de otros lobos y cuatro quedaron sin causa determinada.
Las otras dos ocurrieron poco después de la liberación y se relacionaron con aparentes lesiones o estrés de la captura o el traslado. Ambos casos quedaron fuera del análisis que estimó una supervivencia anual del 74 %, por lo que conviene tener presente cómo se calculó ese porcentaje.
Qué puede pasar en veinte años
Para explorar el futuro, el equipo utilizó simulaciones que incorporaban la supervivencia y la reproducción observadas. Los modelos situaron por encima del 80 % la probabilidad de que la población persistiera durante 20 años, incluso al contemplar efectos negativos de la endogamia, es decir, la reproducción entre parientes.
Es una previsión condicionada, no veinte años de supervivencia ya comprobados. Los propios autores advierten de que los resultados dependen de los supuestos del modelo, incluida la cantidad de lobos que la isla puede sostener con sus recursos.
El parentesco sigue preocupando
Los vínculos entre animales procedentes de Michipicoten, una isla canadiense, ayudaron a formar manadas. Pero el peso de esa familia también podría reducir la diversidad genética de las generaciones siguientes, un problema que obliga a mirar más allá del número total de ejemplares.
El aislamiento complica las cosas, porque limita la llegada de lobos de otras poblaciones. Según el Servicio de Parques Nacionales, el calentamiento reduce las oportunidades de formación de puentes de hielo con el continente, unas conexiones que pueden permitir la entrada de animales con genes diferentes.
Por eso, vigilar la salud genética seguirá siendo tan importante como contar manadas. Ese seguimiento puede ayudar a detectar problemas de reproducción o supervivencia y orientar decisiones sobre posibles nuevos traslados, si fueran necesarios para mantener la población.
El bosque aún no se recupera
El seguimiento de 2026 ofrece una imagen más reciente del ecosistema. Junto a los 37 lobos estimados, los investigadores calcularon unos 524 alces, frente a unos 2000 en 2019, y señalaron el aumento de la depredación como uno de los principales factores de su descenso.

Aun así, los abetos balsámicos jóvenes estudiados todavía no se habían recuperado del intenso consumo de sus brotes entre 2018 y 2021. Las mediciones recogidas en el verano de 2025 indicaron un crecimiento anual medio de 2,7 centímetros, frente a unos 20 centímetros habituales con poca presión de los alces.
Estos resultados aconsejan valorar la recuperación siguiendo a los depredadores, sus presas y la vegetación durante años. El estudio que evalúa los primeros cinco años de la reintroducción ha sido publicado en Conservation Science and Practice.
Imagen: NPS













