Naturaleza

Llevamos años pensando que los lobos son solitarios pero ahora la ciencia confirma que los más jóvenes renuncian a su propia caza para quedarse cuidando a sus hermanos pequeños en un sistema de crianza colectiva que sostiene a toda la manada

La ciencia revela cómo los lobos jóvenes cuidan a sus hermanos pequeños mientras otros miembros de la manada salen a cazar.

Llevamos años pensando que los lobos son solitarios pero ahora la ciencia confirma que los más jóvenes renuncian a su propia caza para quedarse cuidando a sus hermanos pequeños en un sistema de crianza colectiva que sostiene a toda la manada

Cuando la manada sale a cazar, muchas veces surge la misma pregunta, ¿quién se queda al cargo de los cachorros?

En el mundo de los lobos salvajes esta respuesta rara vez se limita a la madre o el padre, ya que, en el esquema de organización familiar, los hermanos mayores de camadas anteriores y los demás adultos no reproductores, juegan un papel importante vigilando la zona de cría.

Este fenómeno tiene nombre, se denomina en biología como aloparentalidad, y hace referencia al cuidado de las crías sin ser padres biológicos. Muy lejos de la imagen de un lobo solitario, feroz y depredador, las investigaciones revelan que una manada salvaje es una unidad familiar cooperativa y por tanto, todos juegan un pale relevante.

Un reparto de tareas estratégico

Los lobeznos nacen durante la primavera, y las primeras semanas de su vida las pasan en la seguridad y la calma de la madriguera, donde se alimentan de la leche materna. Una vez que son destetados, necesitan alimentarse de carne, pero como todavía tienen la capacidad de desplazarse distancias largas y exigentes para la caza, son los adultos quienes se la llevan, y se la dan regurgitando el alimento para ellos.

Una investigación llevada a cabo por Joel Ruprecht y por David Ausband que ha sido publicada en el Journal of Mammalogy, muestra el comportamiento de diecisiete lobos que equiparon con collares GPS, y lo resultados mostraron que los adultos no reproductores son los que se desplazaban a las zonas familiares con más frecuencia después del destete para hacerse cargo de los más jóvenes durante el tiempo de caza. Las hembras jóvenes de más edad también juegan un papel importante en dichas labores de custodia.

Por otro lado, los investigadores lograron observar que a medida que aumentaba el número de ayudantes, los lobos pasaban menos tiempo junto a los cachorros, lo que les permitía regular el gasto energético durante el tiempo que dura la guardia.

El entorno marca la diferencia

Para que todo funcione correctamente durante la caza se deben cumplir varios factores ambientales y la disponibilidad de presas, ya que, en zonas con alimento abundante, las manadas más grandes llegan a criar más. Sin embargo, en zonas donde el alimento es escaso, la existencia de muchos miembros en un grupo puede convertirse en una desventaja por la elevada competencia.

También influye la densidad de la población, ya que investigaciones en el lobo rojo han podido demostrar que los ayudantes contribuyen a un mayor peso y supervivencia de los cachorros cuando hay baja densidad de lobos, mientras que esto se vuelve irrelevante en poblaciones con alta competencia por el territorio.

Una escuela para la vida adulta

Aparte de ayudar a los jóvenes, esta colaboración es un aprendizaje importantísimo. La mayoría de los jóvenes lobos se quedan con su familia original durante uno y dos años antes de separarse de ella. Durante ese periodo, participar en la protección y el alimento de sus hermanos les otorga una experiencia útil que utilizarán cuando formen su propia manada.

La visión científica vigente sustituye el mito del «lobo alfa». En la naturaleza, la manada opera como una familia coordinada cuya supervivencia depende tanto del éxito de la caza como de la entrega de quienes se quedan en la madriguera.

El estudio principal se publicó en Journal of Mammalogy.

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