Descubren que los pingüinos lanzan sus excrementos como si fueran proyectiles a 1,34 metros y este comportamiento oculta una evolución de la especie que deja sin palabras a los biólogos

Publicado el: 14 de mayo de 2026 a las 12:39
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Colonia de pingüinos Adelia en la Antártida durante la incubación en una zona cubierta de guano.

Puede sonar a broma de mal gusto, pero no lo es. Los pingüinos son capaces de lanzar sus excrementos lejos del nido como si fueran pequeños proyectiles, y la ciencia ha medido tanto la presión necesaria como la distancia que puede alcanzar ese chorro. La cifra más llamativa llega hasta 1,34 metros en condiciones típicas, según una revisión física publicada por investigadores japoneses.

La historia, además, no se queda en una rareza de laboratorio. Un estudio más reciente ha encontrado que el guano de los pingüinos libera amoníaco en la Antártida y puede favorecer la formación de partículas que acaban ayudando a crear nubes. Dicho de forma sencilla, lo que empieza como una estrategia para mantener limpio el nido puede terminar influyendo en la atmósfera de una de las zonas más frías del planeta. No es poca cosa.



Un disparo con sentido

Durante la incubación, muchos pingüinos no pueden permitirse levantarse del huevo cada vez que necesitan defecar. En un entorno como la Antártida, dejar el nido sin protección durante demasiado tiempo puede ser una mala idea. El frío, el viento y los depredadores no esperan.

Por eso, estas aves expulsan el guano hacia fuera del nido. Así mantienen más limpia la zona donde está el huevo o el polluelo. En la práctica, es una forma bastante eficaz de reducir suciedad, humedad y posibles problemas sanitarios alrededor de la cría.



La escena puede parecer cómica, pero el fondo es muy serio. En la naturaleza, muchas adaptaciones que nos hacen sonreír tienen una función directa. Aquí, esa función es proteger la siguiente generación.

La presión que ganó un premio

El primer trabajo famoso sobre este tema fue publicado en 2003 por Victor Benno Meyer-Rochow y Jozsef Gal en la revista Polar Biology. Los autores calcularon que los pingüinos barbijo y Adelia podían generar presiones de unos 10 kPa para material más líquido y de unos 60 kPa para material más viscoso. Es una presión alta para un acto tan cotidiano.

Aquel estudio acabó recibiendo el Premio Ig Nobel de Dinámica de Fluidos en 2005. Estos galardones se entregan a investigaciones que primero hacen reír y después hacen pensar, y en este caso la definición encaja bastante bien. La pregunta parecía absurda, pero la respuesta exigía física real.

En 2020, Hiroyuki Tajima y Fumiya Fujisawa revisaron la trayectoria del guano usando ecuaciones de movimiento. Su conclusión fue muy práctica, sobre todo para zoológicos y acuarios. La zona segura debería estar a unos 1,34 metros de un pingüino que está a punto de defecar. Y eso se nota si trabajas cerca de ellos.

El guano también se ve desde el espacio

Los excrementos de pingüino no solo interesan a físicos curiosos. También son una herramienta para localizar colonias en lugares casi inaccesibles. El British Antarctic Survey explicó que el guano de pingüinos y aves marinas tiene una firma espectral única que puede detectarse en imágenes de satélite.

Esto permite encontrar y vigilar colonias sin tener que mandar expediciones cada vez. En la Antártida, donde el terreno es duro, caro y peligroso, eso cambia mucho las cosas. A veces, una mancha en el hielo cuenta una historia que desde el suelo sería casi imposible ver.

Un ejemplo claro llegó con las islas Danger. Un estudio publicado en Scientific Reports estimó allí 751 527 parejas de pingüinos Adelia, lo que equivale a más de 1,5 millones de individuos si se cuentan ambos adultos reproductores. La combinación de satélites, drones y conteos directos reveló un punto caliente de biodiversidad que había pasado desapercibido durante décadas.

La nube que sale del nido

La parte más sorprendente llega con el estudio publicado en 2025 en Communications Earth & Environment. Matthew Boyer, Mikko Sipilä y sus colegas midieron el aire cerca de la base Marambio, en la península Antártica, entre el 10 de enero y el 20 de marzo de 2023. Cerca había una colonia de unos 60 000 pingüinos Adelia, situada a unos 8 kilómetros.

Cuando el viento soplaba desde la colonia, la concentración de amoníaco subía hasta 13,5 partes por mil millones. Eso es más de 1000 veces por encima del valor de fondo medido por los investigadores. Incluso después de que los pingüinos migraran, el guano que quedaba en el suelo siguió liberando amoníaco con niveles más de 100 veces superiores a la base.

Ese amoníaco puede reaccionar con compuestos de azufre asociados a la actividad del fitoplancton marino. El resultado son aerosoles, partículas diminutas sobre las que el vapor de agua puede condensarse. En una de las observaciones, el aumento de partículas fue seguido unas tres horas después por un episodio de niebla.

Lo que conviene no exagerar

Esto no significa que los pingüinos vayan a salvarnos del cambio climático. Sería una lectura demasiado simple. Lo que muestra el estudio es que sus colonias pueden influir en procesos atmosféricos locales y regionales, especialmente en zonas costeras de la Antártida donde hay pocas fuentes de partículas.

Los propios autores señalan que el amoníaco de los pingüinos ayuda a la formación de nuevas partículas junto con el ácido sulfúrico procedente de compuestos marinos. También detectaron la posible participación de dimetilamina, probablemente vinculada al guano, capaz de acelerar la formación de partículas hasta 10 000 veces en ciertos procesos químicos.

La idea importante es otra. Si las poblaciones de pingüinos cambian por la pérdida de hielo marino, también podrían cambiar estas conexiones entre ecosistemas y atmósfera. El problema es que el reloj climático corre deprisa en la Antártida.

Por qué importa protegerlos

Los pingüinos son mucho más que una imagen simpática sobre el hielo. Forman parte de una red ecológica en la que entran el krill, el fitoplancton, las aves marinas, el hielo, las nubes y hasta el clima local. Tirar de un hilo puede mover más cosas de las que parece.

La pérdida de hielo marino amenaza el hábitat de varias especies antárticas. Y si algunas colonias disminuyen o se desplazan, los científicos perderán también una pieza importante para entender cómo funciona la atmósfera polar en verano. Es una cadena discreta, pero real.

Por eso esta investigación tiene una lectura doble. Por un lado, confirma una rareza física que hizo famosos a los pingüinos en los Ig Nobel. Por otro, recuerda que incluso algo tan poco elegante como el guano puede tener un papel ambiental inesperado.

El estudio principal ha sido publicado en la revista Communications Earth & Environment.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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