El baiji, conocido como delfín del río Yangtsé, no desapareció por una catástrofe natural ni por un cambio lento del planeta. Desapareció, en gran medida, por una suma de redes, anzuelos, pesca eléctrica, tráfico fluvial, ruido, contaminación y decisiones de conservación que llegaron demasiado tarde. Hoy la ciencia lo considera probablemente extinguido o funcionalmente extinguido, aunque su estado oficial mantiene todavía un pequeño margen de duda.
La historia duele porque no habla de una especie desconocida en un rincón remoto. Habla de un mamífero único, adaptado durante millones de años a uno de los grandes ríos del mundo, que se apagó justo cuando la presión humana sobre su hogar se volvió insoportable. ¿Qué significa esto en la práctica? Que incluso un animal perfectamente adaptado puede quedarse sin sitio cuando su río se convierte en una autopista, una zona industrial y un caladero agotado al mismo tiempo.
Un linaje perdido
El baiji (Lipotes vexillifer) era un delfín de agua dulce endémico del curso medio y bajo del Yangtsé, en China. No era un delfín más. Representaba a la antigua familia Lipotidae, separada de otros delfines de río hace unos 20 millones de años, según Whale and Dolphin Conservation.
Eso significa que su desaparición no solo borra una especie. También borra una rama entera de la historia evolutiva de los mamíferos. Es como perder una biblioteca completa, no solo un libro. Y eso se nota.
El desplome en cifras
La caída fue muy rápida. El Grupo de Especialistas en Cetáceos de la UICN recuerda que en 1980 se pensaba que quedaban unos 400 baijis, pero entre 1997 y 1999 solo se contaron 13. El último registro verificado fue una hembra embarazada varada en Zhenjiang en 2001 y un individuo fotografiado en la zona de Tongling en mayo de 2002.
Ese mismo año murió Qi Qi, el ejemplar más conocido de la especie. Había sido rescatado en 1980 tras quedar herido en artes de pesca y vivió 22,5 años en el Instituto de Hidrobiología de Wuhan, pero nunca logró convertirse en el inicio de un programa real de cría. En total, NOAA recoge seis baijis mantenidos en cautividad, con una supervivencia muy baja salvo en el caso de Qi Qi.
El río cambió demasiado
La causa principal no fue una sola. La pesca accidental tuvo un peso enorme, sobre todo por los anzuelos enrollables, las redes de enmalle y otras artes capaces de atrapar a un animal que necesitaba subir a respirar. NOAA señala que en los años setenta y ochenta entre el 50 y el 60 por ciento de los baijis muertos varados presentaban lesiones atribuidas a anzuelos enrollables o redes.
Luego llegó otra presión muy difícil de esquivar. La pesca eléctrica, la pesca con explosivos, la pérdida de peces por sobrepesca y la contaminación hicieron que el río fuera cada vez menos habitable. Para un delfín con mala vista y muy dependiente del sonido para orientarse, comunicarse y encontrar alimento, el ruido bajo el agua tampoco era un detalle menor.
A eso se sumó el tráfico fluvial. Durante la expedición de 2006, los investigadores contabilizaron 19 830 grandes embarcaciones y 1175 barcos pesqueros entre Yichang y Shanghái. Imagina intentar vivir, cazar y criar en mitad de un atasco constante de motores, hélices y golpes de agua. No es poca cosa.
La protección llegó tarde
China había aprobado medidas de protección desde finales de los años setenta y creó reservas naturales en distintos tramos del Yangtsé. Sobre el papel, parecía un avance. El problema es que las normas eran difíciles de aplicar y muchas prácticas prohibidas continuaron dentro y fuera de las zonas protegidas.
También se discutió trasladar ejemplares a un entorno más controlado, como el lago Tian’e-Zhou, en la provincia de Hubei. Pero las dudas entre conservarlos en el río o crear una población en semilibertad retrasaron decisiones importantes. Cuando se quiso actuar con más fuerza, probablemente quedaban muy pocos animales para que el plan tuviera opciones reales.
La expedición que no encontró nada
En 2006, una expedición internacional recorrió durante seis semanas el área histórica del baiji con métodos visuales y acústicos. No encontró ningún ejemplar. El estudio publicado después en Biology Letters fue contundente y afirmó que los autores se veían obligados a concluir que el baiji era «probablemente extinto», debido sobre todo a la captura accidental insostenible en pesquerías locales.
La revisión oficial de NOAA publicada en 2025 mantiene el matiz. La especie sigue listada como en peligro bajo la legislación estadounidense y la UICN la clasifica como «en peligro crítico, posiblemente extinta». La razón es que algunos avistamientos posteriores no han sido confirmados y podrían corresponder a marsopas sin aleta del Yangtsé.
Una advertencia muy clara
El caso del baiji no es solo una historia triste del pasado. Es una advertencia para los grandes ríos del mundo, desde Asia hasta América, donde la pesca intensiva, las presas, la contaminación, el tráfico de barcos y la pérdida de hábitat siguen empujando a muchas especies al límite. El reloj corre más deprisa que la política.
China ha reforzado después la protección del Yangtsé. La Ley de Protección del Río Yangtsé contempla controles más estrictos, restauración ecológica y la prohibición de la pesca productiva en zonas clave, además de medidas contra la pesca eléctrica, con veneno o con explosivos. Pero incluso NOAA advierte que todavía no se puede evaluar del todo si estas medidas han tenido el efecto esperado para el hábitat y las presas.
La lección es sencilla, aunque incómoda. Las especies no se salvan solo con buenas intenciones ni con reservas dibujadas en un mapa. Necesitan vigilancia, dinero, rapidez y decisiones claras antes de que queden tan pocos individuos que la recuperación sea casi imposible.
La revisión oficial más reciente sobre el baiji ha sido publicada por NOAA Fisheries.









