Expertos alertan del deterioro de los ríos por presas y cambio climático, un conjunto de presiones que está alterando profundamente estos ecosistemas esenciales para el agua dulce, la biodiversidad y el equilibrio ambiental.
Las barreras artificiales, la contaminación y el calentamiento global están reduciendo la capacidad de los ríos para mantener su funcionamiento natural.
Investigadores y organizaciones ambientales advierten de que la fragmentación de los cauces, la sequía y el aumento de contaminantes emergentes se han convertido en algunas de las amenazas más serias para estos sistemas fluviales.
Expertos alertan del deterioro de los ríos por presas y cambio climático
Las barreras artificiales, la contaminación emergente y el cambio climático amenazan la salud de los ríos, ecosistemas esenciales cuya degradación revela el impacto humano sobre el planeta.
Los ríos se encuentran entre los sistemas naturales más valiosos del planeta, ya que proporcionan agua dulce, sustentan la biodiversidad y conectan ecosistemas. Sin embargo, su estado actual refleja cada vez más el creciente impacto ambiental de las actividades humanas.
Los expertos advierten que los ríos se enfrentan a múltiples presiones, como las represas, la contaminación y el cambio climático. Estos factores alteran el flujo natural, fragmentan los hábitats y amenazan a las especies que dependen del libre movimiento a través de los sistemas fluviales.
Los ríos son uno de los sistemas naturales más valiosos del planeta. Proporcionan agua dulce, sostienen una enorme biodiversidad y actúan como auténticas arterias ecológicas que conectan distintos ecosistemas. Sin embargo, su estado actual refleja con claridad el impacto de la actividad humana sobre el medio ambiente.
Miles de barreras artificiales fragmentan los ecosistemas fluviales
Expertos consultados con motivo del Día Internacional de Acción por los Ríos advierten de que estos ecosistemas afrontan múltiples amenazas. Entre las más importantes destacan la proliferación de presas y azudes, la contaminación y los efectos del cambio climático, factores que están alterando profundamente el equilibrio natural de muchos sistemas fluviales.
Según explica César Rodríguez, secretario general de la organización Ríos con Vida, los ríos continúan sometidos a una presión constante pese a los numerosos servicios que prestan a la sociedad. Además de garantizar el suministro de agua dulce, ofrecen hábitat a una gran diversidad de especies y funcionan como corredores biológicos esenciales para la fauna.
Uno de los problemas más graves es la existencia de barreras artificiales. Estas infraestructuras fragmentan los ríos y rompen su continuidad natural, una característica clave para el buen funcionamiento del ecosistema fluvial. Cuando se interrumpe este flujo, muchas especies pierden sus rutas de migración y reproducción.
Esta fragmentación afecta especialmente a especies amenazadas como la anguila europea o el salmón atlántico, cuya supervivencia depende de poder desplazarse libremente a lo largo del río. Aunque no existe un inventario completamente preciso, los expertos estiman que en España podrían existir entre 5.000 y 30.000 obstáculos de este tipo.
En las últimas décadas se han realizado algunos avances. Desde el año 2000 se han eliminado más de 500 barreras obsoletas o en desuso. Además, la Estrategia Nacional de Restauración de Ríos, impulsada por el Ministerio para la Transición Ecológica, pretende recuperar 3.000 kilómetros de cauces mediante la retirada de infraestructuras innecesarias antes de 2030.
No obstante, para organizaciones conservacionistas, este proceso avanza demasiado despacio, especialmente si se tiene en cuenta que España es uno de los países europeos con mayor número de ríos regulados por presas y azudes.
La temperatura del agua amenaza especies sensibles
A esta presión estructural se suma el impacto del cambio climático, que está alterando el funcionamiento natural de los ríos. El limnólogo y profesor de Ecología de la Universitat de València Antonio Camacho advierte de que el calentamiento global modifica los patrones hidrológicos y reduce la capacidad de los ríos para resistir periodos prolongados de sequía.
España ha vivido recientemente una de las crisis hídricas más intensas de su historia reciente. Entre 2021 y 2024 numerosos ríos registraron caudales mínimos históricos, entre ellos el Guadalquivir, el Ebro, el Guadiana o varias cuencas internas de Cataluña.
Camacho señala que la situación se agrava cuando los ríos pierden sus espacios inundables naturales, zonas que actúan como amortiguadores frente a sequías y avenidas. Cuando estos espacios desaparecen por la urbanización o la ocupación del territorio, los ecosistemas fluviales pierden capacidad para adaptarse a los cambios climáticos.
La restauración fluvial se perfila como clave frente a la crisis climática
La restauración de riberas y llanuras de inundación no es solo una medida ambiental, sino también una cuestión de seguridad frente al cambio climático, ya que ayuda a los ríos a regular mejor las crecidas y a mantener reservas de agua en periodos secos.
Otro fenómeno preocupante es el aumento de la temperatura del agua, que puede alterar profundamente los ecosistemas acuáticos. Algunas especies dependen de rangos térmicos muy concretos para sobrevivir. Un ejemplo claro es la trucha común, que comienza a sufrir estrés severo cuando la temperatura del agua supera los 20 grados.
La contaminación sigue siendo otro de los grandes desafíos. Los expertos coinciden en que la llamada contaminación clásica, ligada principalmente a vertidos orgánicos, se ha reducido notablemente en las últimas décadas gracias a mejoras en el tratamiento de aguas.
La contaminación emergente se convierte en un nuevo desafío ambiental
Sin embargo, está creciendo la presencia de contaminantes emergentes, sustancias químicas producidas por la actividad humana que suelen ser sintéticas y difíciles de degradar en la naturaleza. Entre ellas se encuentran compuestos farmacéuticos, microplásticos o productos químicos industriales.
A diferencia de los contaminantes tradicionales, estos compuestos todavía no cuentan con procesos naturales de degradación suficientemente eficaces, ya que los ecosistemas no han tenido tiempo de desarrollar microorganismos capaces de descomponerlos con rapidez.
Por ello, los expertos consideran necesario avanzar en regulaciones que fomenten la producción de sustancias más biodegradables, así como mejorar los sistemas de depuración y reutilización del agua, especialmente en países como España, donde el reaprovechamiento hídrico es cada vez más habitual.
Pequeñas acciones ciudadanas para proteger los ecosistemas fluviales
Además de las medidas institucionales, los ciudadanos también pueden contribuir a la protección de los ríos mediante pequeños gestos cotidianos. Entre ellos destacan ahorrar agua incluso fuera de periodos de sequía, optar por productos biodegradables y evitar verter al desagüe sustancias contaminantes como aceites, grasas, jabones agresivos o hidrocarburos.
La salud de los ríos no solo afecta al medio ambiente. También refleja la relación que la sociedad mantiene con el territorio y los recursos naturales. Su estado, advierten los especialistas, es un indicador claro de cómo estamos gestionando el planeta.
Las barreras artificiales representan un gran desafío, especialmente para especies migratorias como la anguila europea y el salmón del Atlántico. Miles de obstáculos en toda España interrumpen la conectividad ecológica.
El cambio climático y los contaminantes emergentes también están transformando los ecosistemas de agua dulce. El aumento de las temperaturas y los nuevos contaminantes sintéticos amenazan a especies como la trucha común, lo que subraya la urgente necesidad de restaurar los ríos y mejorar la gestión del agua. Seguir leyendo en MEDIO AMBIENTE.

















