Naturaleza

En 2023 investigadores pusieron un GPS a un elefante: ahora saben que estos animales siguen utilizando antiguas rutas de sus antepasados

Un elefante con GPS revela que su especie sigue recorriendo antiguos corredores migratorios pese a vallas y fronteras.

En 2023 investigadores pusieron un GPS a un elefante: ahora saben que estos animales siguen utilizando antiguas rutas de sus antepasados

Un joven elefante macho identificado como Z16 ha dejado una huella enorme en el mapa del sur de África. El seguimiento divulgado a finales de 2025 situaba su viaje en cerca de 12.000 kilómetros por cuatro países y seis parques nacionales. La distancia sorprende, pero lo importante está en los caminos elegidos y en los obstáculos que aparecen sobre ellos.

El GPS muestra que los elefantes todavía conectan territorios separados por fronteras políticas, vallas, carreteras y campos de cultivo. También deja una advertencia. Los machos pueden abrirse paso con más facilidad, mientras que muchas manadas dirigidas por hembras y acompañadas de crías apenas cruzan ciertas barreras.

El viaje de Z16

Elephant Connection colocó el collar GPS a Z16 en junio de 2023, al norte del Parque Nacional Sioma Ngwezi, en Zambia. En el seguimiento divulgado por Mongabay en diciembre de 2025, el animal había atravesado Zambia, Namibia, Botsuana y Zimbabue. Su recorrido no fue una simple línea entre dos puntos.

A comienzos de 2024 utilizó el corredor de Sobbe y el cercano Parque Nacional Mudumu para avanzar hacia el norte de Botsuana. Después pasó por el entorno del delta del Okavango, llegó hasta Makgadikgadi y caminó hacia el Parque Nacional Hwange, en Zimbabue. Kerryn Carter, fundadora de Elephant Connection, considera que estos trayectos se parecen a «rutas antiguas conocidas desde hace mucho tiempo».

Los machos llegan más lejos

Los datos de Z16 encajan con un patrón más amplio. Un informe de KAZA reunió más de 3,9 millones de posiciones GPS procedentes de 291 elefantes, 126 machos y 165 hembras. De todos ellos, 127 cruzaron al menos una frontera internacional.

La diferencia entre sexos es importante. Cruzó fronteras el 53 % de los machos monitorizados, frente al 36 % de las hembras. No significa que una elefanta no pueda hacerlo, pero sí que las manadas familiares encuentran más límites en el paisaje.

Una hembra viaja normalmente con crías de distintas edades y el grupo debe moverse al ritmo del animal más vulnerable. Un río ancho, una valla caída o una carretera pueden ser obstáculos mucho mayores cuando todos deben pasar juntos. En la práctica, eso cambia por completo el mapa.

Las vallas todavía mandan

Un estudio publicado en 2022 analizó el efecto de las vallas fronterizas entre Namibia y Botsuana con datos de más de cien elefantes. Las hembras con collar no cruzaron esas barreras durante los encuentros registrados, mientras que algunos machos sí lo hicieron. Las carreteras y los ríos resultaron más permeables que las vallas.

Lo sorprendente es que una estructura no necesita estar intacta para condicionar el movimiento. Sus restos pueden bloquear a una cría y obligar a toda la manada a buscar otra salida. El posible recuerdo de antiguos cercados electrificados o vigilados también podría influir, aunque el GPS no puede demostrar qué recuerda un elefante.

El informe de KAZA registró una excepción femenina en el extremo suroeste del área, con varios cruces de una valla en 2021 y 2022. Es una señal de que el paso es posible, pero un caso aislado no convierte una barrera en un camino seguro. Y ahí está el problema.

Sobbe, un paso estrecho

El corredor de Sobbe conecta el Parque Nacional Sioma Ngwezi, en Zambia, con Mudumu, en Namibia, y facilita después el acceso hacia el norte de Botsuana. Un estudio publicado en 2025 lo describe como una franja de unos 20 kilómetros de longitud y entre 4 y 6 kilómetros de anchura. Es pequeño frente al territorio de un elefante, pero ocupa una posición decisiva.

Sobbe forma parte de KAZA, un espacio transfronterizo de alrededor de 520.000 kilómetros cuadrados repartido entre Angola, Botsuana, Namibia, Zambia y Zimbabue. El censo coordinado de 2022 estimó 227.900 elefantes y consideró estable la población regional en conjunto. Sin embargo, esa estabilidad esconde diferencias entre zonas.

¿Qué significa esto en la práctica? Que proteger un parque no basta si el animal no puede llegar al siguiente. Los corredores funcionan como puentes ecológicos, aunque sobre el terreno estén atravesados por carreteras, aldeas y cultivos.

El coste para las comunidades

Para las familias que viven junto a Sobbe, la conservación tiene un lado muy cotidiano. Los elefantes pueden entrar de noche en los campos y destruir maíz, mijo, sorgo, sandías o calabazas en muy poco tiempo. Algunos agricultores pasan semanas cerca de sus cultivos, con hogueras y tambores para intentar alejarlos.

No es poca cosa. Una cosecha perdida afecta a la comida y a los ingresos del hogar, mientras que las defensas resistentes suelen costar demasiado. Pedir que un corredor permanezca abierto sin ofrecer seguridad, compensación o alternativas económicas puede aumentar el rechazo hacia los animales.

En Sobbe también existen empleos de vigilancia, pagos vinculados a resultados de conservación y proyectos para proteger mejor los campos. Estas medidas no eliminan el conflicto, pero ayudan a que la presencia de elefantes produzca algún beneficio local. Un corredor solo se mantiene abierto cuando la comunidad también puede sostenerlo.

Lo que debe cambiar

La historia de Z16 demuestra que todavía quedan conexiones funcionales entre grandes espacios protegidos. Pero puede engañar si se toma como la imagen de toda la población. Un macho joven y viajero no representa necesariamente a las manadas.

Los expertos recomiendan revisar la ubicación de determinadas vallas, estudiar su retirada o realineación donde sea viable y planificar pasos seguros en carreteras. También piden integrar los corredores en el uso del suelo, mejorar los sistemas de aviso y reforzar las herramientas que reducen los daños en los cultivos.

La prueba definitiva no será ver a otro macho recorrer miles de kilómetros. Será comprobar que las hembras con crías pueden moverse sin quedar atrapadas y que las personas no pagan solas el precio de mantener abierto el paisaje. 

El estudio científico que analiza la conectividad de los elefantes a varias escalas ha sido publicado en la revista Journal of Applied Ecology.

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