El campamento base del Everest libera tanto calor con combustibles y orina que tendría energía para fundir casi 2.500 toneladas de hielo en una sola temporada

Publicado el 19 de septiembre de 2026 a las 20:26
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Tiendas y residuos del campamento base del Everest sobre el glaciar Khumbu

El campamento base del Everest se levanta cada primavera sobre el glaciar Khumbu y acaba pareciendo una pequeña ciudad. Un nuevo estudio calcula que el calor liberado por los combustibles y la orina durante la temporada de 2023 contenía energía suficiente para fundir 2.492 toneladas de hielo y nieve, con un margen de incertidumbre de 528 toneladas.

Pero conviene leer esa cifra con cuidado. Los investigadores no midieron que toda esa cantidad de hielo desapareciera, sino que hicieron una equivalencia energética, y tampoco concluyeron que los escaladores hayan sustituido al cambio climático como principal causa del deshielo. Lo que sí muestran es una presión local, evitable y cada vez mayor sobre un glaciar que ya está en problemas.

Una pequeña ciudad sobre el hielo

A unos 5.350 metros de altitud, más de 2.000 personas pueden vivir durante unas siete semanas en el campamento, donde hay cocinas, calefacción, generadores y cerca de 1.600 tiendas. ¿Qué supone mantener todo eso en marcha justo encima de un glaciar? Mucha energía.

Durante la primavera de 2023, los operadores declararon el uso de 824 bombonas de gas licuado, 18.935 litros de queroseno y 5.130 litros de gasolina. Se emplearon para cocinar, calentar las tiendas y producir electricidad. En un lugar sin red energética, cada comodidad tiene que subir por la montaña y deja su propia huella.

De dónde salen los 6.000 litros

La cifra de la orina tampoco procede de llenar y medir depósitos. El equipo partió de una población estimada de 2.127 personas, una estancia media de 50 días y una producción diaria ponderada de 3,18 litros por persona, basada en estudios sobre fisiología a gran altitud.

El resultado ronda los 338.000 litros en una temporada, unos 6.760 litros al día. De ahí viene el dato, normalmente redondeado a «más de 6.000 litros diarios». El calor que conserva ese líquido al salir del cuerpo tendría capacidad para fundir unas 154 toneladas de hielo durante toda la campaña, no cada día.


Esa cantidad representa algo más del 6 % de las 2.492 toneladas calculadas para todas las fuentes locales estudiadas. La mayor parte de la equivalencia corresponde, por tanto, a la quema de gas, queroseno y gasolina. Y eso cambia bastante la lectura del problema.

Lo que significan las 2.492 toneladas

Los autores estimaron que el campamento liberó 849.174 megajulios de calor, con un margen de 179.774 megajulios. Después convirtieron esa energía en la cantidad teórica de hielo y nieve que podría fundir. El intervalo final va de 1.964 a 3.020 toneladas, aproximadamente el agua que cabe en una piscina olímpica.

No es una medición directa del hielo perdido bajo las tiendas. Parte del calor puede dispersarse en el aire, en los equipos o en otras superficies, por lo que afirmar que los escaladores derritieron exactamente 2.492 toneladas iría más allá de lo que dice el estudio. La expresión correcta es «energía suficiente para fundir». No es un detalle menor.

El clima continúa en el centro

El trabajo analiza tres presiones. Son el cambio climático global, los combustibles fósiles utilizados en el campamento y la descarga de orina. Con imágenes de los satélites Landsat entre 1991 y 2023, el equipo obtuvo una tendencia de 0,28 °C al año en la temperatura de la superficie del campamento, aproximadamente el doble que en la parte contigua del glaciar.

Hablamos de temperatura superficial, no de temperatura del aire, y esa diferencia no demuestra por sí sola que toda la subida proceda del campamento. Un análisis de 79 glaciares del Everest calculó que la pérdida media anual pasó de 0,23 metros equivalentes de agua en los años sesenta a 0,38 entre 2009 y 2018, un aumento cercano al 65 %. El calentamiento global sigue siendo el motor de fondo, mientras la actividad del campamento añade un foco local sobre hielo ya debilitado.

La orina también es un residuo

Aunque las heces suelen recogerse en letrinas y transportarse hacia el valle, buena parte de la orina acaba en el entorno glaciar. El estudio calcula su aporte térmico, aunque no analiza directamente la calidad del agua ni mide la contaminación aguas abajo. Son problemas relacionados, pero no son el mismo resultado científico.

En la práctica, gestionar líquidos para miles de personas a esa altitud es complicado. Pero dejar que se filtren entre el hielo tampoco hace que desaparezcan. Cuando el glaciar se funde, lo acumulado puede volver a circular con el agua, y ahí el asunto deja de ser una simple incomodidad del campamento.

Un campamento diferente

Los investigadores plantean reducir el uso de combustibles fósiles, mejorar la gestión de los residuos humanos y reforzar la vigilancia del glaciar. También identifican dos posibles emplazamientos al suroeste del campamento actual, situados sobre terreno estable y no encima del hielo.

«A largo plazo, debería considerarse trasladar el campamento base desde el glaciar a una zona estable cercana», sostiene el equipo. Moverlo no frenaría el cambio climático, pero sí apartaría miles de personas, combustibles y residuos de una superficie muy frágil. Es una medida concreta porque el reloj corre.

El estudio científico ha sido publicado en la revista Regional Environmental Change y detalla tanto el cálculo energético como las alternativas para un campamento base del Everest más sostenible.

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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