Las Tablas de Daimiel mantienen 523 hectáreas inundadas y una extraordinaria recuperación de aves, pero el descenso estacional revela su fragilidad hídrica.
La superficie inundada de Las Tablas de Daimiel ha caído un 65,1 % desde las 1.500 hectáreas de comienzos de primavera, pero las 523 hectáreas actuales representan una situación excepcionalmente favorable frente a otros finales de verano.
La respuesta de la fauna confirma la capacidad de recuperación del humedal: entre 1.350 y 1.400 parejas de pato colorado, hasta 95 de malvasía cabeciblanca y la primera reproducción confirmada del flamenco en Ciudad Real, con unas 200 parejas.
Sin embargo, la Confederación Hidrográfica del Guadiana y el Organismo Autónomo Parques Nacionales permiten una lectura cauta: la recuperación procede principalmente de los aportes del Gigüela y no acredita la restauración estructural de Mancha Occidental I y II, masas subterráneas históricamente sobreexplotadas. La verdadera prueba llegará si el humedal conserva agua y biodiversidad cuando regresen ciclos secos.
Las Tablas de Daimiel
El Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel contaba a 1 de septiembre con 523 hectáreas inundadas, el 30,16 % de las 1.734 hectáreas susceptibles de estarlo, según el último informe de sequía elaborado y publicado por la Confederación Hidrográfica del Guadiana (CHG) y consultado este viernes por EFE.
Las Tablas de Daimiel afrontan la llegada del otoño en una situación mucho mejor que en otros años, pese a que el número de hectáreas inundadas se ha reducido de las 1.500 que registraba en el inicio de la primavera a las 523 actuales.
En abril el parque nacional llegó a registrar un encharcamiento total, gracias principalmente a los aportes que este espacio natural recibió del río Gigüela, que por tercer año consecutivo descargó agua en el humedal.
Cabe recordar que el Parque Nacional de Las Tablas de Daimiel se sustenta tradicionalmente de los aportes superficiales de los ríos Gigüela y Guadiana y de las aguas subterráneas de las masas de agua Mancha Occidental I y II, conocidas anteriormente como Acuífero 23, que está declarado sobreexplotado desde la década de 1980.
La presencia de agua durante la primavera y el verano ha tenido además un efecto directo sobre la fauna del humedal.
Los censos realizados durante este año registraron una notable recuperación de las aves acuáticas, con especial presencia de especies amenazadas como la malvasía cabeciblanca, la cerceta pardilla y el porrón pardo.
Entre los datos más destacados de la última temporada reproductora figuran las entre 1.350 y 1.400 parejas de pato colorado y las 90-95 parejas de malvasía cabeciblanca, además de la reproducción por primera vez confirmada del flamenco en Las Tablas y en la provincia de Ciudad Real, con unas 200 parejas y cerca de un centenar de pollos observados.
Las lagunas de Ruidera también registran un buen momento
En cuanto al estado del Parque Natural de las Lagunas de Ruidera, la CHG señala en su informe mensual sobre la situación de sequía, que el aporte de recurso medido como caudal en la estación de aforos de La Cubeta, experimentó una importante recuperación en marzo y mantiene actualmente un caudal de 2,09 metros cúbicos por segundo.
Los aportes en este caso de la masa de agua subterránea del Campo de Montiel, conocido como Acuífero 24,han permitido la recuperación del sistema lagunar, un hecho que se produjo después de las lluvias del invierno, y que provocaron el llenado progresivo de varias lagunas.
En marzo, algunas que habían permanecido secas durante meses recuperaron agua en apenas unos días y comenzaron a restablecerse las conexiones naturales entre unas lagunas y otras.
Esta rápida respuesta se debió al funcionamiento del acuífero que alimenta el sistema, que puede llenarse con rapidez tras episodios de lluvias abundantes, pero también perder agua con rapidez cuando regresan los periodos secos.
Las Lagunas de Ruidera están formadas por quince lagunas conectadas entre sí mediante barreras de formación tobácea que originan cascadas y arroyos entre ellas y constituyen un rebosadero natural de la masa de agua subterránea del Campo de Montiel.











