Durante años se ha repetido una idea muy sencilla. Las cabras arrasan los pastizales, comen las plantas hasta la raíz y dejan el suelo cada vez más cerca del desierto. Pero una investigación realizada en las praderas de Mongolia obliga a matizar bastante esa imagen. Y no es poca cosa.
El trabajo del profesor Kiyokazu Kawada, de la Universidad de Tsukuba, combina 25 años de observación en campo con una técnica llamada biologging. En la práctica, consiste en colocar pequeñas cámaras a los animales para ver qué comen, cuándo lo hacen y cómo cambia la vegetación con el paso de las horas. La conclusión principal es clara. Las cabras no son unas villanas tan simples como se pensaba, aunque un mal manejo del pastoreo sí puede empujar a la tierra hacia la degradación.
Cámaras en la barbilla
La desertificación no es solo que avance una duna, como solemos imaginar. Es la degradación de la tierra en zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas. La ONU calcula que las tierras secas ocupan el 40,6 % de la superficie terrestre mundial, sin contar la Antártida, así que no hablamos de un problema lejano ni pequeño.
Para entender mejor lo que ocurre, Kawada trabajó en torno al Parque Nacional Hustai, a unos 95 kilómetros al oeste de Ulán Bator. Entre 2016 y 2018, su equipo analizó cabras prestadas por pastores locales durante las etapas de crecimiento de las plantas. No fue una observación rápida desde lejos, sino un seguimiento muy fino.
Cada día se seleccionaban las mismas dos cabras de un rebaño de unas 700. Luego se les colocaba una cámara bajo la mandíbula y se revisaba el vídeo segundo a segundo. En total, el análisis llegó a 120 horas de grabación. Imagina revisar cada mordisco. Ese fue el nivel de detalle.
La planta que parecía sobrar
Uno de los puntos clave del estudio está en la Artemisia frigida, una planta del género Artemisia que suele dominar los pastizales sobrepastoreados de Mongolia. Hasta ahora, la explicación más repetida era bastante directa. Las cabras no la comían, por eso quedaba en el terreno y se extendía.
Los vídeos contaron otra historia. Las cabras sí comen artemisia cuando otros recursos alimenticios ya se han reducido. Según explicó Kawada, la planta no indicaría el sobrepastoreo porque sea simplemente «una especie sobrante», sino por su «fuerte capacidad de regeneración» después de ser mordida.
Es un matiz importante. Si una planta reaparece antes que las demás, puede acabar dominando el paisaje aunque los animales también la consuman. En el fondo, el problema no está solo en qué comen las cabras, sino en cuánto tiempo se mantiene la presión sobre el mismo terreno.
El mito de las raíces
El otro mito que se tambalea es el de las raíces. Se decía que las cabras arrancaban las plantas por completo, dejando el suelo desnudo y sin posibilidad de recuperación. Pero los datos no mostraron eso.
El informe indica que, incluso tras 12 horas de prueba, las cabras dejaban alrededor de 1 o 2 centímetros de la planta sobre el suelo. Las raíces permanecían en la tierra. En las parcelas estudiadas, la biomasa aérea se redujo cerca de un 70 %, pero quedó aproximadamente un 30 % tras el pastoreo.
Esto no significa que el pastoreo no cause daños. Claro que puede causarlos. Lo que cambia es la explicación. La desertificación no se entiende bien señalando solo al animal, sino mirando el sistema completo, con clima, presión ganadera, descanso del terreno y capacidad de recuperación de las plantas.
La clave está en el límite
Los ecosistemas tienen cierta resiliencia. Es decir, pueden recibir daños y aun así recuperarse. Pero esa capacidad no es infinita. Cuando se supera un umbral, el pastizal puede cambiar de estado y dejar de volver a su forma anterior.
Aquí entra una pista útil para la gestión. Kawada señala que un terreno dominado por artemisia puede estar mostrando una pérdida de resiliencia. En cambio, la presencia abundante de plantas del género Allium, que las cabras comen muy rápido durante la primera hora de pastoreo, puede indicar que el impacto del ganado todavía es bajo.
¿Qué significa esto para alguien que trabaja la tierra? Que mirar las plantas puede servir como una especie de semáforo natural. Si el pastizal conserva especies apetecibles y diversas, quizá el uso sigue siendo compatible. Si solo resisten las plantas que rebrotan con más fuerza, toca parar y dejar respirar al suelo.
Pastoreo con ciencia
La sabiduría de los pueblos nómadas ya apuntaba en esa dirección. Cuando el estado de los pastizales empeora, la solución tradicional suele ser dejar de pastorear allí durante un tiempo y permitir que la naturaleza se recupere. La ciencia no sustituye esa experiencia, pero puede ayudar a poner límites más claros.
Ese detalle importa mucho. La ganadería extensiva bien gestionada puede formar parte del equilibrio de muchos paisajes. El problema aparece cuando se concentra demasiada presión en el mismo sitio, durante demasiado tiempo y sin descanso suficiente.
Por eso, el biologging abre una puerta interesante. No se queda en la foto fija del terreno, sino que permite ver el proceso. Qué se come primero, qué queda después, qué planta vuelve antes y cuándo el sistema empieza a dar señales de cansancio.
Una lección sencilla
La noticia no es que las cabras sean inocentes de todo. Tampoco que el sobrepastoreo deje de ser un problema. La noticia es más útil. La desertificación se puede entender mejor si dejamos de buscar culpables fáciles y empezamos a leer las señales del paisaje.
Kawada lo resume con una idea muy sencilla. Lo importante es «reconocer» la naturaleza que tenemos delante. Distinguir una planta de otra, entender qué especies indican salud y cuáles alertan de desgaste. Suena básico, pero ahí empieza casi todo.
El informe de resultados ha sido publicado por la Fundación Asahi Glass.









