Los biólogos ponen el grito en el cielo por la raza autóctona de Baleares que está en riesgo crítico de desaparecer: sólo quedan 180 ejemplares y se están emparentando entre ellos

Publicado el: 31 de mayo de 2026 a las 20:46
Síguenos
Ejemplar de conejo ibicenco o conill eivissenc, raza autóctona balear en peligro de extinción.

El conill eivissenc, también conocido como conejo ibicenco o conejo payés, atraviesa un momento delicado. Durante una jornada técnica celebrada en la finca Can Musson, en Ibiza, criadores y especialistas alertaron de que solo quedan 182 ejemplares catalogados, 130 hembras y 52 machos, una cifra muy baja para mantener viva una raza tradicional de las Pitiusas.

El problema no es solo que haya pocos animales. También faltan criadores, falta relevo joven y empieza a pesar la consanguinidad, que los expertos sitúan ya en torno al 20 %. En la práctica, esto significa que salvar al conejo ibicenco no depende solo de que nazcan más crías, sino de que haya personas dispuestas a criarlas bien y a conservar la raza sin mezclarla ni perder sus rasgos.



Una raza al límite

La secretaria de la Asociación de Criadores de Conejo Ibicenco, Maite González Costa, resumió el problema con una frase sencilla y dura. «Todas las razas autóctonas están en peligro de extinción por la falta de relevo generacional porque nadie se quiere dedicar al campo», lamentó durante la jornada.

Y ahí está el nudo de la historia. Durante décadas, en muchas casas payesas había conejos, gallinas y cerdos para el autoconsumo. Hoy esa imagen se ha ido apagando poco a poco, sustituida por el supermercado, los cambios de vida y la falta de manos en el campo.



¿Qué significa esto para Ibiza? Que no se pierde solo un animal. Se pierde una forma de criar, de seleccionar, de reconocer lo propio y de mantener una pequeña pieza de biodiversidad doméstica que ha acompañado a la isla durante generaciones.

No vale cualquier conejo

Uno de los puntos más importantes de la jornada fue explicar que no cualquier conejo criado en Ibiza puede considerarse conill eivissenc. La raza tiene un estándar concreto, y los jueces deben aprender a mirarlo con detalle. No basta con que «se le parezca».

El conejo ibicenco debe presentar frente blanca, collar blanco, patas delanteras blancas y «calcetines» blancos en las patas traseras. El resto del cuerpo puede tener varios colores, como marrón, negro, gris chinchilla o naranja, y también se valoran ojos, uñas, morro, orejas y distribución de las manchas.

El veterinario Francesc Xavier Mora, especializado en cunicultura, lo explicó con claridad durante la parte práctica. Las orejas deben medir aproximadamente lo mismo que la cabeza. Parece un detalle menor, pero en una raza con tan pocos ejemplares cada detalle cuenta. Y mucho.

El peligro de cruzar sin control

Cuando una población baja tanto, aparece un problema silencioso. Si hay pocos animales disponibles, resulta más difícil evitar cruces entre ejemplares emparentados. Eso es la consanguinidad, una palabra técnica para algo fácil de entender.

Si siempre se cruzan animales de la misma familia, la raza puede perder fuerza. Pueden aparecer más problemas de salud, bajar la fertilidad y reducirse la variedad genética. Es como jugar una partida con muy pocas cartas.

Por eso los criadores insisten en seleccionar bien. No se trata de criar por criar, sino de escoger animales que mantengan las características tradicionales y que, al mismo tiempo, ayuden a no cerrar todavía más el pequeño grupo genético que queda.

Una jornada para formar miradas

La jornada técnica sobre el conill eivissenc se celebró el 16 de mayo de 2026 en la finca Can Musson, en Santa Eulària del Riu, con cuatro horas de formación. El programa oficial del IRFAP la presentó como una actividad para estudiar el estándar racial y el protocolo de juzgamiento con prácticas aplicadas.

La formación no iba dirigida solo a criadores expertos. También estaba pensada para aficionados, profesionales del sector cunícola, estudiantes del ámbito agrario o ganadero y personas interesadas en las razas autóctonas. En el fondo, la idea era sencilla. Cuanta más gente sepa reconocer la raza, más opciones tendrá de sobrevivir.

El curso se organizó en módulos sobre origen, evolución, características principales, revisión del estándar, protocolo de juzgamiento y valoración morfológica. Suena técnico, pero tiene una traducción muy práctica. Aprender a mirar un conejo para saber si realmente pertenece a esta raza.

Patrimonio rural de las Pitiusas

El conill eivissenc forma parte de ese patrimonio rural que muchas veces no aparece en las grandes noticias. No hace ruido, no ocupa titulares enormes y no se ve en las rutas turísticas habituales. Pero está ahí, ligado a la vida de las casas payesas y a una manera de entender el campo.

El catálogo autonómico de agrupaciones raciales de animales domésticos autóctonos de las Illes Balears incluye el «conill pagès d’Eivissa» dentro de los mamíferos del orden de los lagomorfos. No es un detalle burocrático sin importancia. Es una forma de reconocer que estas poblaciones animales también forman parte de la identidad local.

En este caso, conservar la raza no significa mirar al pasado con nostalgia. Significa mantener recursos genéticos adaptados al territorio, evitar que todo el mundo críe lo mismo y defender una diversidad que, una vez perdida, no se recupera fácilmente.

Qué puede pasar ahora

Los expertos fueron claros durante la jornada. Sin nuevos criadores y sin más apoyo, el conejo ibicenco podría desaparecer en las próximas décadas. No mañana, no de golpe, pero sí poco a poco. Y eso a veces es lo más peligroso, porque cuando se quiere reaccionar ya queda demasiado poco margen.

La solución pasa por varias cosas a la vez. Hacen falta más personas interesadas en criar, más formación para identificar los ejemplares correctos, más control de los cruces y más medidas que ayuden a que el campo no sea solo una afición heroica de unos pocos.

También hace falta que la sociedad lo vea como algo suyo. Preguntar, conocer, apoyar a los criadores y valorar las razas autóctonas no es un gesto pequeño. En casos como este, puede ser la diferencia entre conservar una raza viva o recordarla solo en fotografías.

El reloj corre

El caso del conejo ibicenco deja una lección bastante clara. La biodiversidad no está solo en los bosques, en el mar o en las especies salvajes. También vive en los corrales, en las fincas pequeñas y en esas razas domésticas que han acompañado a los pueblos durante años.

Hoy el conill eivissenc sigue vivo, pero con un censo muy ajustado y con demasiadas amenazas alrededor. La buena noticia es que todavía hay criadores, técnicos y entidades intentando salvarlo. La mala es que no sobra tiempo.

El documento oficial de la jornada técnica sobre el conill eivissenc ha sido publicado por el Instituto de Investigación y Formación Agroalimentaria y Pesquera de las Illes Balears (IRFAP).

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

Deja un comentario