Yanin “Proud” Tangkaravakoon, una joven tailandesa de 17 años, ha sido nombrada ganadora regional de Oceanía y el Sudeste Asiático en The Earth Prize 2026 por una idea tan sencilla como potente. Su proyecto, Homes for Hornbills, transforma materiales reciclados, como botellas de plástico, en nidos artificiales para cálaos, unas aves esenciales para la salud de los bosques tropicales.
La propuesta no se queda en colocar cajas en los árboles. También trabaja con estudiantes y comunidades locales para reducir la caza furtiva y la deforestación, dos amenazas que están dejando a estas aves sin lugares seguros para criar. En la práctica, es una solución que une reciclaje, conservación y educación ambiental. Y eso no es poca cosa.
Por qué importan los cálaos
Los cálaos son conocidos a menudo como “granjeros del bosque” porque dispersan semillas y ayudan a que la vegetación se regenere. Dicho de forma sencilla, comen frutos, se mueven por el bosque y llevan esas semillas a otros lugares. Así empieza muchas veces una nueva planta.
El problema es que muchas especies están perdiendo terreno. Según la información difundida por The Earth Prize, 51 de las 62 especies de cálaos del mundo están disminuyendo por la deforestación, la pérdida de hábitat y la caza furtiva. Cuando desaparecen los grandes árboles, también desaparecen muchas cavidades naturales donde estas aves pueden anidar.
¿Y qué significa esto en la práctica? Que no basta con proteger al ave adulta. También hay que proteger el lugar donde pone sus huevos, donde crecen los polluelos y donde una nueva generación puede salir adelante.
Una idea nacida en una excursión
Proud vio cálaos por primera vez durante una excursión escolar de cuarto curso al Parque Nacional Khao Yai, en Tailandia. Aquella imagen le llamó la atención, pero lo que vino después fue más importante. Al conocer el retroceso de estas aves, decidió buscar una solución que no dependiera solo de esperar a que el bosque se recuperara por sí mismo.
Para hacerlo, trabajó junto a la Thailand Hornbill Research Foundation. La idea fue diseñar nidos artificiales duraderos, adaptados al comportamiento de los cálaos, y combinarlo con un programa escolar de conservación y con oportunidades de ingresos para las comunidades. En el fondo, lo que busca es que proteger al animal también tenga sentido para quienes viven cerca de su hábitat.
La propia Proud lo resumió con una frase muy clara. “Ver lo importantes que son los cálaos para los bosques me hizo comprender la urgencia de protegerlos”. Esa urgencia es la que ahora ha convertido su proyecto en una referencia internacional.
Nidos con plástico reciclado
La parte más llamativa del proyecto está en el material. Homes for Hornbills crea nidos artificiales usando plástico reciclado y otros componentes pensados para resistir en el exterior. La web del proyecto detalla que cada nido reutiliza 418 botellas PET posconsumo y las combina con fibra natural de cáñamo.
Esto tiene una lectura ambiental doble. Por un lado, se da una nueva vida a residuos plásticos que podrían acabar contaminando. Por otro, se crean estructuras pensadas para ayudar a una especie que necesita cavidades seguras para criar. Es economía circular aplicada a la biodiversidad, pero sin palabras complicadas.
El diseño no se hizo al azar. Según la información disponible, se ajustaron aspectos como el tamaño de la cavidad, la ventilación, la durabilidad y la seguridad para las aves. Puede parecer un detalle menor, pero en conservación los detalles importan mucho. Un nido que no se usa no salva ningún polluelo.
Primeros resultados
Hasta ahora, el proyecto ha instalado 20 nidos en el sur de Tailandia. The Earth Prize señala que 14 polluelos lograron volar con éxito en 2025 y que 14 nidos ya estaban ocupados en 2026. Son cifras todavía iniciales, pero sirven para medir algo importante, la idea funciona sobre el terreno.
Además, el proyecto ha implicado a 60 estudiantes locales y se ha asociado con TOA Venture Holding para apoyar el uso de materiales plásticos reciclados en la producción de los nidos. Proud también creó el documental Homes for Hornbills, disponible en la plataforma VIPA de Thai PBS, para llevar el mensaje más allá de la zona donde se instalaron los primeros nidos.
La clave está en que no se trata solo de contar una historia bonita. Hay nidos colocados, polluelos que han salido adelante y una red de estudiantes y vecinos aprendiendo por qué estas aves son importantes. Y ahí es donde una idea escolar empieza a parecer una herramienta real de conservación.
Comunidades contra la caza furtiva
Uno de los puntos más interesantes del proyecto es que no mira la conservación como algo separado de la vida diaria de las comunidades. Proud quiere usar la financiación del premio para ampliar el modelo en hábitats clave e introducir ingresos alternativos, como la construcción y el seguimiento de nidos.
Esto puede ser decisivo. Si una comunidad obtiene ingresos por proteger y vigilar los nidos, la presión sobre el bosque puede bajar. No es una solución mágica, pero sí una forma más realista de abordar problemas como la caza furtiva y la tala.
La conservación muchas veces falla cuando se plantea desde lejos, como si el bosque estuviera vacío. Pero los bosques tienen aves, árboles y también personas. Si el proyecto consigue unir esas tres piezas, puede tener más recorrido que una simple campaña de sensibilización.
Lo que cambia ahora
Como ganadora regional, Proud recibe 12 500 dólares de financiación para desarrollar su iniciativa. The Earth Prize explica que el concurso apoya a jóvenes de entre 13 y 19 años con mentoría y financiación para convertir ideas ambientales en soluciones reales. En su edición de 2026, el premio reunió a ganadores de siete regiones del mundo.
Peter McGarry, fundador de The Earth Foundation, destacó que estos jóvenes innovadores muestran que “la edad no es un obstáculo para un cambio significativo”. La frase encaja bien con esta historia. Proud no esperó a terminar una carrera ni a dirigir una gran organización para empezar. Vio un problema, buscó apoyo científico y probó una solución.
Ahora el reto será escalar el proyecto sin perder su parte más valiosa, la conexión con las comunidades y con la ciencia local. Porque poner más nidos es importante, pero hacerlo bien será todavía más importante.
El comunicado oficial sobre el reconocimiento a Yanin Tangkaravakoon y Homes for Hornbills ha sido publicado en la sala de prensa de The Earth Prize.









