La puerta de la camioneta se abrió y Umit saltó hacia la hierba alta. El 31 de julio de 2026, esta tigresa de Amur fue liberada en la Reserva Natural Estatal de Ile-Balkhash y se convirtió en el primer tigre que vuelve a vivir en libertad en Kazajistán después de más de 70 años.
Su misión es enorme, aunque ella no lo sepa. Umit encabeza un programa que pretende recuperar una población de tigres en el antiguo territorio del tigre del Caspio, desaparecido en el siglo XX. Para lograrlo, Kazajistán utiliza al pariente vivo más próximo de aquella población, el tigre de Amur.
Así prepararon la liberación
Umit es uno de los cuatro tigres de Amur capturados en la naturaleza que llegaron desde Rusia en mayo de 2026. El grupo está formado por dos adultos y dos crías, alojados después en recintos de adaptación construidos dentro de la reserva.
Antes de abrirle la puerta, los especialistas revisaron su salud, su capacidad para cazar, su comportamiento y su reacción ante las personas. Solo después de superar esas pruebas consideraron que podía desenvolverse sin ayuda humana. La tigresa lleva además un collar satelital y es seguida mediante cámaras automáticas que registran su paso sin que nadie tenga que acercarse.
“Hoy se ha dado el primer paso, y es muy importante”, señaló el ministro de Ecología y Recursos Naturales de Kazajistán, Yerlan Nysanbayev. Para el Gobierno kazajo, la salida de Umit abre la fase práctica de un proyecto preparado durante más de una década.
Un pariente del tigre del Caspio
El tigre del Caspio, también llamado tigre de Turán, vivía en bosques y cañaverales próximos a ríos de Asia Central. La reducción de esos hábitats, la caída de sus presas y la caza furtiva acabaron con la población de Kazajistán a mediados del siglo XX.
¿Por qué liberar entonces un tigre de Amur? Un trabajo de Carlos Driscoll, Nobuyuki Yamaguchi y otros investigadores analizó restos de veinte tigres del Caspio conservados en museos y comprobó que sus secuencias genéticas eran casi idénticas a las de los tigres de Amur. Los autores estaban vinculados, entre otras instituciones, a la Universidad de Oxford y al Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos.
La diferencia principal era mínima, comparable a una sola letra dentro de un texto muy largo. En la práctica, no se está resucitando al tigre del Caspio, sino intentando establecer una nueva población con animales muy próximos genéticamente y con la expectativa de que asuman un papel ecológico parecido. Aquí, reintroducción significa devolver tigres a un territorio del que desaparecieron, aunque los ejemplares procedan de la población de Amur.
Diez años preparando el paisaje
Kazajistán empezó a impulsar el regreso del tigre alrededor de 2010 y creó la Reserva Natural Estatal de Ile-Balkhash en 2018. El Ministerio de Ecología trabaja con Rusia, WWF, el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo y especialistas científicos.
El proyecto no consiste en soltar un gran felino y cruzar los dedos. Durante años se han restaurado bosques de ribera y se han reforzado poblaciones de presas como el ciervo de Bujará y el kulán, un asno salvaje asiático. Estos bosques, conocidos en la región como tugai, crecen junto a ríos y zonas inundables y funcionan como pasillos verdes en un paisaje muy seco.
Un estudio de 2017 liderado por Igor Chestin calculó que el delta del río Ili y la costa meridional del lago Balkhash conservaban unos 7.000 kilómetros cuadrados de hábitat potencial. Pero añadió condiciones claras, entre ellas mantener el caudal del río, recuperar suficientes presas y contar con las comunidades locales.
La verdadera prueba empieza ahora
El macho adulto continúa en observación y será liberado solo cuando supere sus evaluaciones. Las dos crías permanecerán en recintos especiales hasta alcanzar unos 18 meses, y cada una tendrá que pasar revisiones veterinarias y pruebas de comportamiento.
Esa estrategia escalonada permite aprender de Umit antes de repetir el paso. ¿Encontrará alimento, se mantendrá lejos de los núcleos habitados y usará el espacio previsto? El collar y las cámaras deberían aportar las primeras respuestas.
El éxito no se medirá por una carrera entre la hierba ni por una sola fotografía. Llegará cuando exista una población capaz de reproducirse y sobrevivir, con suficientes presas y sin conflictos graves con las personas. El tigre funciona aquí como un termómetro del paisaje, porque para que pueda quedarse deben funcionar el río, los bosques, los herbívoros y la protección frente a la caza furtiva.
El comunicado oficial en el que se basa esta noticia se ha publicado en el Ministerio de Ecología y Recursos Naturales de Kazajistán.



