La tuberculosis animal en la Península Ibérica avanza impulsada por el clima, además de la fauna doméstica y silvestre

Publicado el: 5 de febrero de 2026 a las 07:59
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Tuberculosis animal en la Península Ibérica en fauna silvestre

La tuberculosis animal en la Península Ibérica ya no puede explicarse solo desde la ganadería, sino desde un complejo entramado ecológico y climático.

Un nuevo enfoque científico revela que el entorno, la fauna y el clima actúan juntos para sostener una enfermedad persistente y difícil de erradicar.



En los últimos años se ha observado que el clima y las condiciones medioambientales juegan un papel cada vez más relevante en la persistencia y la transmisión de la tuberculosis animal en la Península Ibérica.

Un estudio reciente, realizado en 18 zonas de España y Portugal, ha demostrado que la aridez y baja humedad de ciertos territorios del suroeste peninsular favorecen la prevalencia de la enfermedad porque obligan a los animales a concentrarse alrededor de recursos escasos como puntos de agua o comederos. Esta mayor congregación de individuos facilita el contacto directo e indirecto entre especies y, por tanto, el contagio de la bacteria.



Tuberculosis animal en la Península Ibérica: un problema ecológico complejo

La interacción entre biodiversidad, clima y especies silvestres redefine cómo se mantiene una enfermedad que desafía a la ganadería y la salud rural.

Un estudio internacional con participación destacada de la Universidad de León (ULe) ha identificado por primera vez cómo el clima y la composición de las comunidades de mamíferos influyen en el mantenimiento de la tuberculosis animal (TB) en la Península Ibérica.

La investigación, publicada en la revista ‘One Health’ y desarrollada en 18 áreas de España y Portugal, concluye que la enfermedad persiste con más fuerza en zonas áridas y en ecosistemas donde conviven numerosas especies capaces de transmitir el patógeno, tanto domésticas como silvestres.

El trabajo, firmado entre otros por personal investigador de la Facultad de Veterinaria de la ULe, analiza la presencia del Mycobacterium tuberculosis complex (MTC) —el agente causante de la tuberculosis animal— en un amplio abanico de comunidades que incluyen jabalíes, ciervos, zorros, ciervos europeos, ganado vacuno, ovino y caprino, entre otros.

A diferencia de estudios anteriores, centrados en una o dos especies, esta investigación adopta una perspectiva de «comunidades mantenedoras»: redes ecológicas complejas donde varias especies contribuyen, en mayor o menor medida, a que la enfermedad siga circulando.

Cómo la biodiversidad alimenta la tuberculosis animal en la Península Ibérica

El estudio confirma que el clima es un elemento clave. En particular, la baja humedad se asocia con una mayor prevalencia de tuberculosis tanto en fauna silvestre como en ganado.

Los resultados muestran que la riqueza de especies hospedadoras —cuantas más especies susceptibles hay en un área— se relaciona directamente con una mayor presencia de tuberculosis tanto en jabalí como en ganado bovino.

Esa correlación rompe con la conocida hipótesis del «efecto dilución», que plantea que la diversidad puede frenar algunas enfermedades, y confirma, en cambio, que en el caso del MTC la diversidad es un factor de riesgo.

Según el estudio, comunidades donde viven más especies capaces de albergar la bacteria presentan ecosistemas más conectados, con animales que comparten espacios clave —como puntos de agua— y favorecen la transmisión entre distintos grupos.

Entre las especies analizadas, el ciervo rojo y el jabalí juegan un papel decisivo. No solo porque son muy abundantes en los lugares donde aparece la enfermedad, sino porque actúan como «conectores» dentro de la red ecológica: especies con alta presencia y movilidad que enlazan a otras.

En los sitios positivos a tuberculosis en jabalí, el ciervo era hasta 17 veces más abundante que en zonas libres de la enfermedad.

La conectividad del ciervo —su papel como puente entre diversos mamíferos— también se relacionó de forma clara con la prevalencia de tuberculosis en las explotaciones de ganado bovino cercanas. Por el contrario, las zonas donde ovejas y cabras eran más frecuentes tendían a presentar niveles más bajos de infección en vida silvestre.

El papel del clima en la tuberculosis animal en la Península Ibérica

El estudio confirma que el clima es un elemento clave. En particular, la baja humedad se asocia con una mayor prevalencia de tuberculosis tanto en fauna silvestre como en ganado. Las zonas más áridas obligan a los animales a concentrarse en torno a recursos escasos, especialmente el agua, lo que incrementa las oportunidades de contacto y contagio.

Los análisis muestran que la aridez tiene un efecto especialmente fuerte en el ganado, lo que, según los autores, indica que la erradicación será especialmente difícil en regiones con clima seco y gran diversidad de mamíferos.

La tuberculosis animal sigue siendo un problema sanitario, económico y también de salud pública en España. La presencia del MTC en fauna silvestre puede obstaculizar la erradicación en bovino, cuya eliminación constituye un objetivo estratégico para las administraciones.

Los autores sostienen que las estrategias de control deben integrar la gestión de fauna silvestre, ganado y medio ambiente bajo un enfoque ‘One Health’, dada la complejidad de los procesos que mantienen la enfermedad.

Fauna silvestre y ganadería frente a la tuberculosis animal en la Península Ibérica

Los autores sostienen que las estrategias de control deben integrar la gestión de fauna silvestre, ganado y medio ambiente bajo un enfoque ‘One Health’, dada la complejidad de los procesos que mantienen la enfermedad.

La investigación, señalan, demuestra que actuar únicamente sobre el ganado o sobre una sola especie salvaje puede ser insuficiente.

El artículo analiza miles de datos generados entre 2018 y 2024, incluidos análisis serológicos de 1.109 jabalíes y un extenso sistema de cámaras trampa repartidas por toda la Península.

La investigación, subrayan sus autores, proporciona una hoja de ruta para comprender y combatir una enfermedad que afecta tanto a la conservación, como a la ganadería y al bienestar de las personas que viven en entornos rurales.

En resumen, la tuberculosis animal en la Península Ibérica está siendo impulsada por condiciones climáticas favorables a la transmisión, como zonas áridas con baja humedad que aumentan el contacto entre animales, y por la interacción entre fauna silvestre y fauna doméstica, que actúa como red de mantenimiento de la enfermedad. Por ello, su control requiere estrategias que integren vigilancia sanitaría, gestión de poblaciones silvestres y adaptación a los efectos del cambio climático. Seguir leyendo en NATURALEZA.

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