A las 22:15 del 9 de septiembre de 2021, una víbora verde de unos 60 centímetros procedente del monte Emei, en la provincia china de Sichuan, mordió a Gang Wang en el dedo anular de la mano derecha. Cuando llegó al Hospital Popular de Leshan, a las 00:01 del día siguiente, la hinchazón le había subido ya hasta el codo.
Aquella serpiente todavía no tenía nombre propio. En enero de 2026, Wang y otros diez autores la describieron como Trimeresurus lii, la víbora verde de Huaxi, una especie nueva para la ciencia que durante décadas se había confundido con un pariente muy extendido por China.
El trabajo lo dirigió Bo Cai, del Instituto de Biología de Chengdu, que depende de la Academia China de Ciencias, y lo firma como autor de correspondencia Li Ding, del mismo centro. Wang trabaja en la Universidad Normal de Chengdu.
Una mordedura documentada con horas y fotos
El caso ocupa una sección del artículo dedicada a los síntomas y al tratamiento. La mordedura dejó una sola herida que sangró enseguida y, en cuestión de minutos, la hinchazón pasó del dedo a toda la mano, con «dolor sordo intenso, dolor punzante y entumecimiento del dedo afectado», según el texto.
Las fotos que hizo el propio Wang esa noche muestran el dedo hinchado 11 minutos después de la mordedura y la mano entera a los 13 minutos.
En el hospital les costó sacarle sangre. No lo consiguieron en las venas dorsales y tuvieron que hacerlo en la vena femoral, la gran vena de la ingle. Tenía la tensión baja y estaba algo mareado.
Le pusieron un antiveneno polivalente, que en el mercado se vende para otras dos víboras, Agkistrodon halys y Agkistrodon acutus, además de antiinflamatorios. Le dieron el alta a las 5:00 de esa misma madrugada y después tuvo un mareo pasajero con náuseas y vómitos leves que se le pasaron en 20 minutos.
Nueve días hasta la recuperación completa
Dos días después del antiveneno, la mano seguía igual de hinchada y la inflamación ya había pasado por encima del codo. Empezó a bajar al tercer día, el 14 de septiembre apenas quedaba hinchazón en el codo y el 18 de septiembre Wang estaba recuperado del todo.
El artículo añade un detalle que conviene leer con cuidado. «G. W. percibió subjetivamente un marcado descenso de su función inmunitaria durante el año siguiente», escriben los autores, y no aportan análisis que lo respalden.
Identificar la serpiente ayuda a tratar la mordedura
Acertar con la especie también cuenta en urgencias. Uwe Fritz, experto en reptiles de las Colecciones de Historia Natural Senckenberg de Dresde, lo explicó en 2022 a propósito de otras víboras descritas en los Andes: «El primer paso para tratar con eficacia las mordeduras de serpiente es identificar con exactitud la serpiente que ha causado el envenenamiento».
«Eso facilita también la fabricación y la administración del antisuero correcto, es decir, del antídoto», añadió en el comunicado del Senckenberg. «Conocer la biología y el hábitat de una especie concreta reduce además el riesgo de ser mordido».
La Organización Mundial de la Salud calcula que cada año mueren entre 81.410 y 137.880 personas por mordeduras de serpiente en todo el mundo.
Con las serpientes, el riesgo baja mucho si se las deja tranquilas. En Hong Kong, la víbora de bambú, otra serpiente verde del género Trimeresurus, causa casi el 90 % de las mordeduras, según contó en 2018 a Hong Kong Free Press Jeffrey Fung, médico de urgencias del Hospital Tuen Mun, aunque morir por una mordedura de serpiente es raro allí porque la atención médica está a mano. «Si dejas en paz a las serpientes, es extremadamente improbable que te muerdan», dijo en el mismo reportaje el naturalista Robert Ferguson.
Décadas con el nombre de otra especie
Las víboras verdes del oeste de Sichuan se habían clasificado siempre como Trimeresurus stejnegeri, la especie del género más extendida en China, de Taiwán al norte de Vietnam. Según los autores, esas poblaciones «se han identificado históricamente como T. stejnegeri basándose únicamente en caracteres morfológicos», es decir, por su aspecto.
Un estudio de 2016 había secuenciado 171 muestras de 47 localidades de China, pero ninguna era del oeste de Sichuan. Por eso, escriben, la situación de esas poblaciones «sigue sin verificarse con pruebas moleculares hasta la fecha».
Entre 2019 y 2025, el equipo de Cai recogió ejemplares en el campo, y Wang lo hizo en 2021. Con 20 secuencias nuevas y 222 sacadas de bases de datos públicas, de 36 especies de Trimeresurus, analizaron tres genes mitocondriales, que se heredan solo por vía materna.
Los árboles genéticos pusieron a las serpientes de Sichuan en una rama propia, hermana de Trimeresurus loong, descrita en Kunming (Yunnan) en 2025. La distancia genética mínima con cualquier pariente fue del 6,50 % en el gen cytb y del 5,77 % en el gen ND4, en los dos casos frente a T. loong.
Una parte de los ejemplares en los que se basa la descripción llevaba mucho tiempo en las colecciones: cuatro se recogieron en el monte Emei en 1956 y otros tres en 1963. No es la primera vez que pasa algo así, porque el ADN de museo ya desenmascaró varias víboras del Himalaya que se tenían por una sola especie.
Ojos ámbar, franja roja y blanca y escamas lisas
El equipo examinó 15 ejemplares, 11 machos y 4 hembras. La especie se reconoce por una combinación de rasgos, entre ellos un cuerpo verde hierba sin bandas ni manchas y unas escamas lisas en las sienes y en la parte de atrás de la cabeza, donde T. stejnegeri las tiene con quilla, una pequeña cresta en el centro.
Los machos tienen el iris ámbar y una franja roja y blanca detrás del ojo que llega hasta la segunda escama del labio superior. Las hembras tienen los ojos amarillo anaranjado y una franja lateral amarilla. El macho más grande medía 675 milímetros del hocico a la cloaca, y la hembra más grande, 795.
Viven entre unos 1100 y 1500 metros de altitud en la montaña nevada de Xiling, la montaña Yuping y el monte Emei, dentro de la llamada Zona de Lluvias del Oeste de China. Son sobre todo nocturnas y suelen descansar a entre 2 y 5 metros del suelo, entre bambús, matorrales y rocas junto a los arroyos.

Una hembra que tuvieron en cautividad durante un tiempo parió ocho crías a mediados de agosto, lo que confirma, según los autores, que la especie da a luz crías vivas en lugar de poner huevos.
Un nombre en honor de Laozi
Bo Cai explicó el nombre en unas declaraciones que recogió la revista Discover Wildlife en abril de 2026. «El nombre específico lii honra a Li Er, el antiguo filósofo chino más conocido como Laozi», dijo.
«Sus enseñanzas subrayan la convivencia armoniosa entre los seres humanos y la naturaleza», siguió Cai, «un principio que encaja perfectamente con la misión de conservación del Parque Nacional del Panda Gigante, donde se descubrió la especie». El ejemplar tipo, el que sirve de referencia para la especie, se recogió en Xiling, a 1167 metros, dentro de ese parque.
Los autores sacan de ahí una lección para el parque, al que atribuyen un «doble papel como refugio de la megafauna carismática y cuna de una diversidad oculta de reptiles y anfibios». Es un recordatorio de por qué las serpientes son importantes para el ecosistema.
Lo que el estudio todavía no demuestra
El caso de Wang es uno solo, descrito en un artículo que firma el propio afectado, y no sirve para saber cómo evoluciona una mordedura típica de esta especie ni para medir la eficacia del antiveneno que recibió, que estaba etiquetado para otras serpientes.
La parte genética descansa en tres genes mitocondriales. Los autores reconocen que unos análisis genómicos nucleares completos «refinarían sin duda» la evaluación y piden ampliar el muestreo, «especialmente de marcadores nucleares», aunque explican que hay pocos datos públicos de este grupo y que el tejido de ejemplares raros está «muy limitado».
El mapa tampoco está cerrado. Hay fotos que apuntan a su presencia en el condado de Qingchuan y en el parque forestal de Longcanggou, sin confirmar, y los registros antiguos del condado de Wen, en Gansu, no tienen documentación suficiente, lo que hace «imposible determinar» si son de esta especie, según el artículo.
El estudio completo se ha publicado en Zoosystematics and Evolution.
Pensoft, la editorial de la revista, presentó el hallazgo en abril de 2026 con una idea sencilla: al proteger grandes extensiones de hábitat para especies emblemáticas como el panda, el parque protege también a reptiles y anfibios mucho menos conocidos.
Imagen: Bo Cai / Cai et al. (2026), Zoosystematics and Evolution (CC BY 4.0)












