Las inversiones verdes son tan eficaces como las pintan

Las inversiones verdes se disparan en España y en el resto del mundo, pero muchos se preguntan si realmente serán la solución a la crisis climática, una forma de greenwashing o acabarán en una burbuja económica.

¿Verde o no verde?

Detrás de la noción de ‘crecimiento sostenible’ está la realidad de que el avance económico utiliza en la actualidad bienes y servicios que deterioran el medio ambiente, en particular aquellos asociados a la producción ineficiente de energía. El agotamiento de los activos naturales correspondientes o su muy rápida degradación, podría ser una amenaza a largo plazo.

La consideración del riesgo climático y/o la perspectiva de la escasez de ciertos recursos naturales podría justificar la limitación de las presiones que se ejercen sobre los activos ambientales, para asegurar que los mismos puedan seguir proporcionando la base fundamental de nuestro ‘modus vivendi’.

Esta línea de pensamiento nos lleva a considerar que, las inversiones que apuestan por la transición ecológica deben ser prioritarias puesto que son las que aparentemente asegurarían estos objetivos. Sin embargo, la incorporación de un sesgo deliberado hacia la inversión ‘verde’, cuando se está saliendo de una crisis financiera, es vista por muchos líderes económicos y financieros como poco heterodoxa.

El equilibrio es fundamental

Si se analizan este tipo de inversiones en un marco que integre los vínculos que existen entre el crecimiento económico y la escasez de determinados recursos naturales, es factible apreciar la articulación entre los diferentes componentes que la política económica emplea para restaurar la sostenibilidad del crecimiento.

Es posible actuar a nivel de producción o de consumo y por tanto, influir sobre la demanda de bienes y servicios que emplean al medio ambiente como factor de producción o buscar formas alternativas e innovadoras de producirlos que reduzcan eficazmente el impacto ambiental. Ejemplo de ello es que, en la búsqueda de reducir las emisiones contaminantes se fomente un consumo más responsable y eficiente y se promuevan las energías renovables.

La conjunción óptima de estos dos tipos de acciones y por tanto, el rol que el capital verde jugará en la necesaria transición hacia lo sostenible, dependerá de los valores relativos y de las respuestas de la demanda por un lado y de las posibilidades de pervivencia y sustituibilidad del capital verde en su función productiva, por el otro.

Si la reducción potencial que se podría inducir en la demanda de bienes contaminantes no es suficiente, será necesaria una importante reasignación de las inversiones verdes, de modo que dicho capital pueda efectivizar sus objetivos, lo que requerirá una política macroeconómica adecuada, que se oriente a este tipo de inversión y permita generar los ahorros adecuados y necesarios.

Si la productividad que se ve impulsada por el capital verde es relativamente baja, su acumulación podría absorber una parte sustancial del ahorro conseguido. Pero si se realizan inversiones coherentes y ordenadas, es de esperar que la tasa de ahorro regrese gradualmente a sus niveles habituales.

¿Paso a paso?

Sin ninguna duda el despliegue de las inversiones verdes debe ser paulatino y estar controlado de forma constante y desde varios frentes, para impedir que su manipulación degenere en formas de ‘lavado verde’ para las empresas, el denominado greenwashing y/o se desboque y acabe convirtiéndose en una burbuja verde, que explote en el momento menos pensado.

No se pueden perder de vista este tipo de acumulaciones de capital ‘verde’, que caben perfectamente dentro de las diferentes facetas de una política de corte ecológico, siempre y cuando se apunte al reparto óptimo entre ahorro y consumo y se procure que el beneficiario deje de ser el bolsillo de las grandes empresas y empiece a ser el medio ambiente.

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