Revolución en la construcción: crean un hormigón hecho con maíz y agua residual que reduce el desperdicio un 90% y permite levantar estructuras 3D más rápido

Publicado el: 2 de abril de 2026 a las 09:42
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Mezcla de maíz, cal y residuos usada para crear el hormigón sostenible Corncretl para impresión 3D.

La construcción necesita viviendas más rápidas y asequibles, pero el material estrella (el cemento) tiene una huella climática enorme. En ese cruce aparece Corncretl, un compuesto pensado para impresión 3D que usa residuos de maíz, cal y “nejayote” (un agua residual del proceso de nixtamalización).

Sus creadoras, del estudio mexicano MANUFACTURA, sostienen que puede recortar hasta un 70% las emisiones frente al hormigón convencional y reducir los residuos de obra hasta un 90% al prescindir de encofrados y dosificar capa a capa. De momento ya hay prototipos a escala real en Italia, dentro de la Residencia WASP 2025, con un brazo robótico KUKA y extrusión continua. ¿Funcionará igual cuando pase de prototipos a obra real?



Cemento y CO2

El contexto ayuda a entender por qué esta noticia importa. Cada año se producen más de 4.000 millones de toneladas de cemento y su fabricación se asocia a alrededor del 8% del CO2 global.

Parte del problema es energético, con hornos que consumen mucho combustible. Y parte es químico, porque al producir clínker se liberan emisiones “de proceso” por la reacción de la caliza.



Del taco al muro

Corncretl parte de algo muy cotidiano en México, el maíz y la tortilla. El “nejayote” es el agua rica en calcio que queda tras cocer el maíz con cal durante la nixtamalización, y suele terminar como residuo.

MANUFACTURA cuenta que el proyecto nació de una colaboración con una taquería, y que incluso trasladaron 25 kilos de nejayote desde Berlín hasta Massa Lombarda para convertirlo en mezcla imprimible. El detalle suena pequeño, pero ilustra la idea de fondo, ver un “desecho” como materia prima.

La receta se completa con áridos de caliza y Geocalce T, una mezcla mineral basada en cal hidráulica natural (NHL 3.5) con arena de sílice, caliza dolomítica y polvo de mármol de Carrara. “El material combina derivados reciclados de nejayote con piedra caliza y polvo de mármol de Carrara”, explicó Dinorah Schulte.

Impresión 3D

Antes de imprimir, los residuos se recogen, se secan y se muelen hasta lograr un tamaño de partícula uniforme. Es la forma de evitar atascos y conseguir una extrusión estable.

Las pruebas se hicieron con un sistema WASP Concrete HD y un brazo robótico KUKA. En los prototipos, la mezcla curó a temperatura ambiente en dos o tres días, muy por debajo de los plazos habituales.

La ventaja práctica está en los residuos. Al imprimir capa a capa se elimina el encofrado, y el desperdicio de material puede bajar hasta un 90% según el planteamiento del proyecto. También fabricaron paneles modulares de pared de 40, 60 y 80 centímetros de altura, pensados para vivienda ligera y ampliable.

La cal como aliada

En Corncretl, la cal no es un adorno “verde”, es parte de la lógica del material. Los sistemas a base de cal se endurecen a temperatura ambiente y, en general, requieren temperaturas de calcinación más bajas que el cemento Portland, lo que recorta consumo energético y emisiones asociadas.

Además, aporta propiedades que en un edificio se agradecen. Se ha descrito que el material regula la humedad de forma natural y puede “autorreparar” pequeñas microgrietas, porque parte de la cal sin reaccionar recristaliza cuando entra humedad. No es magia, es química aplicada.

Y la robótica añade libertad de diseño. Permite superficies curvas y texturas complejas sin disparar la cantidad de material, y el proyecto lo usa para explorar patrones inspirados en el terrazo.

Del prototipo a la calle

Conviene mantener los pies en el suelo. Corncretl está en fase de prototipos, y sus cifras de reducción de CO2 y residuos se comunican como estimaciones del propio estudio y de medios que recogen esa estimación, no como una certificación independiente.

Para llegar a obras reales harán falta más respuestas, desde resistencia en condiciones variadas hasta envejecimiento, comportamiento frente al agua y cumplimiento normativo. El sector suele ser prudente con materiales nuevos y tarda en adoptarlos.

La pregunta práctica es otra. ¿Puede fabricarse con residuos locales de forma constante, sin depender de mover ingredientes de un país a otro, y manteniendo costes competitivos? Ahí se juega el salto de lo experimental a lo cotidiano.

Una tendencia global

Corncretl encaja en una carrera más amplia por “hormigones” menos intensivos en carbono. En Texas, ICON y BIG han mostrado una vivienda modelo dentro de una comunidad de 100 casas impresas en 3D en la zona de Georgetown, cerca de Austin, un ejemplo de cómo la construcción aditiva ya intenta escalar.

En Japón, Lib Work completó una vivienda residencial impresa en 3D usando tierra como material principal, con tecnología de WASP, y sin cemento en los muros. Es una pista clara de hacia dónde se mueve el sector cuando busca mezclas más locales y con menos emisiones.

En el fondo, la lección es sencilla. Si queremos bajar CO2 sin frenar la vivienda, hay que tocar la receta del material, no solo optimizar el plano. Y ahí los residuos (los que antes iban al cubo) pueden convertirse en parte de la solución.

Fuente oficial

La información oficial más reciente sobre este proyecto ha sido publicada por MANUFACTURA en su publicación en LinkedIn.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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