Reciclaje y residuos

Preocupación en Europa por los vertidos de 4.800 toneladas de plomo a ríos y embalses cada año: la UE inicia el cambio de norma para salvar a miles de peces 

La UE da un paso para retirar el plomo de los aparejos de pesca y evitar miles de toneladas de contaminación en ríos y embalses.

Preocupación en Europa por los vertidos de 4.800 toneladas de plomo a ríos y embalses cada año: la UE inicia el cambio de norma para salvar a miles de peces 

La Unión Europea acaba de dar un paso importante contra un contaminante pequeño, pesado y casi invisible cuando cae al fondo del agua. La Comisión de Medio Ambiente del Parlamento Europeo ha rechazado la objeción contra la propuesta para restringir el plomo en ciertos aparejos de pesca, lo que permite que el expediente siga adelante. No es una prohibición definitiva todavía, pero sí una señal política clara.

La cifra explica la preocupación. Según SEO/BirdLife y BirdLife International, unas 4.800 toneladas de plomo llegan cada año al medio ambiente europeo a través de plomadas, pesos y señuelos perdidos o abandonados. La propuesta se mueve dentro del reglamento REACH y busca limitar los productos de pesca con una concentración de plomo igual o superior al 1%.

Qué ha decidido Europa

La votación no aprueba por sí sola la norma final, pero evita que se frene en este punto del camino. La objeción estaba vinculada al expediente de la Comisión Europea para modificar el anexo XVII de REACH, la gran norma europea sobre sustancias químicas. En la práctica, el Parlamento ha dejado que la restricción siga su curso.

El texto no actúa igual sobre todos los usos. Prohíbe la puesta en el mercado de ciertos aparejos con plomo para cualquier tipo de pesca, tanto comercial como recreativa. Pero la restricción de uso a escala europea se limita a la pesca comercial, mientras que los Estados miembros podrán mantener reglas nacionales más estrictas.

¿Y qué significa esto para quien pesca los fines de semana en un río o en un embalse? De entrada, que los productos con plomo irán desapareciendo poco a poco de las tiendas. Pero el uso de material antiguo dependerá de cómo quede la norma final y de las reglas que aplique cada país.

Los plazos sobre la mesa

La propuesta fija varios calendarios. Los alambres plomados de pesca y los llamados “drop-in sinkers”, que son pesos diseñados para soltarse durante el uso, quedarían restringidos seis meses después de la entrada en vigor. Son los primeros porque suponen una liberación directa de plomo al agua.

Para plomadas y señuelos de 50 gramos o menos, el plazo previsto es de tres años. Para los que pesen más de 50 gramos y hasta 1 kilo, el margen subiría a cinco años. Los pesos de más de 1 kilo quedan fuera porque la Comisión considera que no presentan el mismo riesgo de ingestión por aves.

También hay excepciones. Los señuelos de aleaciones de cobre podrán contener menos de un 3% de plomo, y los perdigones partidos de 0,06 gramos o menos quedarían permitidos si se venden en envases resistentes a derrames y a prueba de niños. Esa letra pequeña importa mucho.

Por qué preocupa tanto el plomo

El plomo no es un residuo cualquiera. La Comisión recuerda que está clasificado como muy tóxico para la vida acuática y tóxico para la reproducción, con efectos sobre el desarrollo del sistema nervioso. Además, el expediente oficial señala que no se ha identificado un umbral seguro de exposición para la salud humana.

Las aves acuáticas están entre las más vulnerables. Pueden ingerir pequeñas plomadas y señuelos al confundirlos con partículas o piedrecillas que usan para triturar el alimento. La Agencia Europea de Sustancias Químicas estima que al menos 7 millones de aves estarían en riesgo por la ingestión de plomos y señuelos.

No hablamos solo de un problema de fauna. El expediente europeo también menciona riesgos para personas, especialmente cuando se fabrican en casa plomadas o señuelos con plomo. Es una imagen muy concreta, casi de garaje o trastero, pero resume bien el problema. El tóxico no se queda quieto donde uno cree.

Alternativas y bolsillo

Cambiar el plomo no es tan simple como cambiar una pieza por otra. La ECHA ha identificado alternativas como latón, hormigón, piedras, acero, estaño, zinc y tungsteno. Pero también advierte de que algunas, como el latón y el zinc, pueden tener impactos ambientales propios.

Para muchos pescadores, la preocupación será más sencilla de entender. Coste, disponibilidad y costumbre. No es lo mismo comprar la plomada de siempre que buscar otro material, probar cómo lanza, cómo se hunde y cómo responde en una jornada real de pesca. Y eso se nota.

La Comisión reconoce parte de esa dificultad al permitir una excepción para señuelos de aleaciones de cobre con menos de un 3% de plomo. El motivo es evitar cambios industriales que disparen los costes de producción en un material que ya funciona como alternativa habitual.

El debate sigue abierto

Las organizaciones ambientales han celebrado la votación, pero no la dan por suficiente. SEO/BirdLife recuerda que el plomo es un contaminante conocido desde hace décadas y defiende que existen alternativas más seguras. Juan Carlos Atienza lo resumió así. “No tiene sentido seguir permitiendo que toneladas de plomo acaben cada año” en humedales, ríos o costas.

Curiosamente, parte del sector europeo de la pesca recreativa también ve un problema en la propuesta, aunque desde otro ángulo. La European Anglers Alliance sostiene que una prohibición solo de venta puede dejar huecos, como el uso durante años de aparejos ya comprados o la entrada de productos con plomo desde fuera de la UE.

Ahí está el nudo de la discusión. La UE quiere reducir el plomo sin crear una norma imposible de vigilar en cada caña, mochila o caja de aparejos. El problema es que el reloj ambiental corre más deprisa que los trámites.

Qué viene ahora

La propuesta debe completar todavía el proceso europeo antes de quedar cerrada. Si sale adelante, las tiendas tendrán que mostrar información clara sobre los riesgos del plomo y sobre las fechas de restricción. Para el usuario, la clave será mirar etiquetas, evitar perder pesos en el agua y empezar a familiarizarse con alternativas sin plomo.

El fondo del asunto es sencillo. Cada plomada perdida parece poca cosa, pero millones de pequeñas piezas terminan formando un problema enorme para ríos, embalses, humedales y costas. 

El borrador de Reglamento de la Comisión y su anexo oficial han sido publicados en el expediente del Consejo de la Unión Europea.

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