Miguel Jara acaba de publicar “Vacunas, las justas” con Península. En esta entrevista le preguntamos sobre un montón de datos y asuntos muy importantes para aquellas personas que tienen que enfrentarse a la decisión de si vacunar a sus niños a no. Luego, que cada cual tome sus propias decisiones. Pero, al menos, que estemos todos lo suficientemente bien informados.
-¿Eres un radical anti-vacunación?
-No. No estoy en contra de la vacunación, claro. Sí estoy a favor de la libertad de elección, de que las vacunaciones continúen siendo voluntarias, no obligatorias. Lo que cuento en el libro es que los sistemas de inmunizaciones, tal y como se desarrollan hoy, pese a que han conseguido éxitos, tienen múltiples fallos, errores que es preciso subsanar.
-¿Qué quieres realmente decir respecto a vacunas, las justas, es decir… podemos elegir qué vacunas sí y qué vacunas no?
-Claro que podemos porque insisto que vacunarse no es obligatorio, sí es recomendable de determinadas enfermedades y en ciertas circunstancias. Creo que las vacunaciones han ayudado de manera decisiva a mejorar la salud pública pero los procesos de mercantilización de la salud también han afectado a las vacunas. Por regla general, las vacunas más recientes o nuevas son las más cuestionadas por médicos y especialistas y las más antiguas son las más aceptadas.
-¿Actualmente sufrimos lobby de muchas formas a nivel personal y social, podrías describirme cómo lo hacen las grandes marcas farmacéuticas?
-Un ejemplo de lobby de manual es lo que cuento que ocurre con la vacuna de la varicela. Está en los calendarios de vacunaciones recomendadas pero no ha de ponerse hasta los doce años de edad. Sanidad detectó que eso estaba incumpliéndose, estaba produciéndose un sobreuso y ello puede conllevar males mayores que los que se trata de evitar con la vacunación. Por ello ha retirado la vacuna de las farmacias y la ha recluído en los hospitales para casos excepcionales. Ello ha enfurecido al laboratorio fabricante, Sanofi, que ha demandado a Sanidad y ha emprendido una campaña de presión que comienza a dar sus frutos pues el ministro Alonso ahora quiere devolver el fármaco a las farmacias. Para hacer esa presión han sido fundamentales las asociaciones de profesionales sanitarios, sobre todo pediatras, que están financiadas por los fabricantes de vacunas y cuyos líderes de opinión tienen obvios conflictos de interés con esas empresas. También hay que saber que dicha farmacéutica ha financiado actividades de la mayor asociación de periodistas sanitarios, quizá ello tenga que ver con lo mucho que se ha publicado sobre viajes de familias a Andorra o Portugal en busca de la vacuna de la varicela y que sin duda ha contribuído a presionar a Sanidad.
MÉDICOS DE CABECERA “MOSQUEADOS”
-¿Qué ocurre en una visita con tu médico de cabecera cuando le comentas que algunas vacunas del calendario de tu bebé te las vas a saltar?
– Por lo general y como me relatan muchas personas, suelen enfadarse y hacer cierta presión emocional a las familias. Pero lo que han de hacer los profesionales es informar, tanto de los beneficios de las vacunaciones como de sus riesgos. La tesis del libro es que el derecho fundamental a la información en salud sobre vacunas no se ejerce en la práctica. La prueba es que pese a que antes de vacunar es obligatorio presentar nuestro consentimiento informado preferiblemente por escrito (o al menos verbal y completo) esto en pocas ocasiones se hace. Los sistemas de inmunizaciones son una especie de cajón de sastre donde pueden encontrarse vacunas con una sólida trayectoria como la de la polio o el tétanos y otras polémicas como la del papiloma humano o la gripe, cuestionadas.
-Supongo que conoces algunos casos graves de muerte o de daños irreparables a raíz de alguna vacunación. ¿Qué suele suceder en estos casos?
-Ese es otro de los fallos clave de los sistemas de vacunaciones tal y como se desarrollan en la actualidad. Las vacunas, como medicamentos que son, pueden conllevar reacciones adversas. Por lo general son leves y minoritarias pero las hay graves, como el Síndrome de Guillain-Barré e incuso la muerte. En el libro describo algunos casos ocurridos en España de fallecimiento de bebés tras la vacunación. Los propios padres los narran y a alguno de los bebés llegué a conocerlo pues su caso lo llevamos en el Bufete Almodóvar & Jara, que está especializado en daños por medicamentos. Por desgracia lo que suele ocurrir es que la Aministración sanitaria obstaculiza el proceso de búsqueda de responsabilidades y justicia. Esto es una aberración, no se nos puede decir que seamos responsables y vacunemos para conseguir inmunidad de grupo, que la sociedad esté protegida, y, cuando algún individuo de esa misma sociedad muere o queda gravemente dañado por vacunas, se le obvie y deje a la familia de lado. Necesitamos que el Estado reconozca los daños cuando ocurren y repare el dolor de las víctimas con medios sanitarios para intentar recuperar a los heridos y con un sistema de compensación de daños que cubra gastos e indemnice a las personas afectadas. Sólo es cuestión de voluntad política, hay países que lo hacen.
-¿Realmente las grandes farmacéuticas mienten a la población con falsas epidemias para únicamente fines económicos?
-No es tan sencillo. Sí se exageran muchas prevalencias de enfermedades para meter miedo a la población y vender más fármacos preventivos. Es lo que llamo el marketing del miedo y le dedico toda la segunda parte con capítulos sobre cómo se incluyó la vacuna del papiloma en los calendarios o lo que ha sucedido con el ébola o sobre la no pandemia de gripe A. A este respecto, todos sabemos que lo de la gripe A fue un pelotazo mundial, pero pensar que todo fue urdido a drede es ir quizá demasiado lejos. Fue más que nada un cúmulo de errores y despropósitos y decisiones políticas defensivas y como consecuencia de todo ello hubo mucha gente muy «lista» que ganó mucho dinero. Si los políticos, gerentes sanitarios, sociedades de profesionales, Organización Mundial de la Salud (OMS), administraciones públicas, medios de comunicación e incluso ciudadanía, hubieran hecho bien su trabajo, no hubiera ocurrido. Lo que ilustra este tipo de sucesos es que su gestión es un desastre y que hay mucho buitre suelto que se lucra con ello.
LA VACUNA DEL PAPILOMA
–¿Qué pasó realmente en nuestro país con la vacuna del papiloma?
-Lo que ocurre es que se ha incluído en los calendarios una vacuna que desde el principio es polémica, fíjese que varios miles de profesionales sanitarios y expertos firmaron por una moratoria en su aplicación. Ofrece falsa sensación de seguridad pues previene contra unos pocos tipos de virus del papiloma, no de todos; su efectividad no puede comprobarse en la práctica hasta dentro de un montón de años; y desde el principio ha provocado destacados daños (en Asturias murió una chica llamada Andrea), hasta el punto de que por ello el gobierno de Japón ha dejado de recomendarla.
-¿Dónde debe acudir una persona afectada por las vacunas?
-Como no existe un protocolo de actuación, ni sistema de compensación de daños -pese a que en España hay una propuesta firme desarrollada por un grupo de expertos-, no hay un sitio como tal donde acudir. Las familias se ven desamparadas y ellas han de buscar los médicos para recuperar a sus vástagos y los despahos de abogados que puedan trabajar para conseguir que les reparen moralmente y les den una indemnización. Ello conlleva un desembolso que hacen las víctimas.
-¿Por qué se crea tanto tabú con el tema de la vacunación?
-Estoy de acuerdo en que es un tema tabú. Han convertido las vacunaciones en un mito. Pero si no se reparan las grietas que cada vez con mayor fuerza aparecen en el muro, pueden morir de éxito, el muro puede caerse. ¿Por qué? Quizá porque nos aterra enfermar. Tenemos miedo a la muerte, al dolor, al sufrimiento, a la enfermedad; somos humanos y las vacunas se presentan como lo que nos inmuniza contra esas enfermedades y resulta un buen antídoto contra el miedo.
Sara B. Peña
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