Construcción Ecológica

Publicado el: 2 de mayo de 2018 a las 10:55
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Construcción Ecológica

No todo es alimentación dentro del sector ecológico. Otros subsectores también existen, como es el de la bioconstrucción, que, dicho sea de paso, también sigue creciendo. Y en BioCultura está también cada vez más presente. Firmas expositoras y actividades paralelas de la feria se hacen eco de todo lo que gira en torno a la bioconstrucción y sus apartados afines.

Eva Ma. Marín Sánchez, de BIHHO, es arquitecta, máster en Bioconstrucción por el Instituto Español de Baubiologie. Nos dice que los edificios construidos bajo las premisas de la bioconstrucción proporcionan bienestar y salud: “La bioconstrucción no genera ni agrava ninguna enfermedad. Tiene iluminación natural. La temperatura interior, la humedad relativa y las condiciones acústicas están dentro de los límites de confort. No hay emisiones de contaminantes de origen físico, químico ni biológico.



Las instalaciones no emiten contaminación electromagnética ni tampoco desde el exterior o del subsuelo recibe contaminación asociada a radiactividad natural o campos electromagnéticos de origen artificial”. Señala que los edificios convencionales nos afectan: “La mayoría de los factores ambientales que nos pueden enfermar son invisibles y solo percibimos y sufrimos sus síntomas.

Levantarnos aún con cansancio, padecer dolores de cabeza, infecciones recurrentes, tos, alergias; todas estas enfermedades pueden ser síntomas de un ambiente interior poco saludable. Desde 1982 la Organización Mundial de la Salud (OMS) tipificó el Síndrome del Edificio Enfermo que reúne la mayoría de estos síntomas. La misma organización clasifica los campos magnéticos de baja frecuencia (Hoja Informativa N° 263_Octubre 2001) y los campos electromagnéticos de radiofrecuencia (Comunicado de prensa N ° 208_31 de mayo 2011) como cancerígenos tipo 2B”.



La huella ecológica

Por otro lado, Toni Marín, uno de los maestros de la bioconstrucción en España y responsable de EcoHabitar, señala. “La tendencia es minimizar cada vez más el impacto ecológico que una construcción tiene sobre el medio. En eso, y en otras cosas, la bioconstrucción ha sido pionera y cuando en España se edificaba con un ahorro energético de un máximo del 60%, estoy hablando de los 80 y los 90, los proyectos de bioconstrucción ya contemplaban el concepto de eficiencia energética (EE) con ahorros de cerca del 95%.

Desde hace unos años ya es normativa europea y, aunque en este país vamos muy retrasados en su implantanción, incluso recibimos multas del Trubunal de la UE[1], hoy a nadie se le escapa que el despilfarro es un sinsentido”.

Para Marín, “la eficiencia energética tiene que ver con el diseño del edificio, con cómo está orientado y con que sea capaz de calentarse y refrigerarse solo (bioclimática); también tiene que ver con su aislamiento para que en verano no entre el calor y en invierno no se escape el calor interior. Pero también es muy importante contemplar de qué están hechos esos materiales y de dónde vienen. La eficiencia energética también es utilizar materiales con poca huella ecológica”.

Actualmente el cambio climático es un problema que preocupa mucho a todo el mundo. Una de las medidas más interesantes e importantes para la lucha contra este recalentamiento planetario es la bioconstrucción.

Esta medida es poco conocida pero a la vez importante. Para comprobar que la bioconstrucción efectivamente es una buena medida para la lucha contra el cambio climático recogemos las declaraciones de Daniel Aguilar Reyes, arquitecto, alumno y coordinador del Máster en Arquitectura Sostenible (M.A.S).

Él comenta que “se puede definir como edificio de bioconstrucción aquella edificación que se diseña utilizando los recursos y estrategias del presente sin poner en peligro a las generaciones futuras. Esto implica prestar especial atención a todas las fases que intervienen en el proyecto: las fases constructivas y deconstructivas, los costos, el lugar, los ciclos de vida de los materiales, etc.

Con el fin de que se minimicen los impactos que pudieran ocasionarse en el futuro”. Y añade: “La bioconstrucción no es que sea una lucha contra la crisis climática, sino más bien es una forma de construcción honesta y equilibrada con el medio en el que vivimos. La lucha es contra nosotros mismos, ya que somos nosotros los que nos estamos perjudicando.

El planeta seguirá, se regenerará tarde o temprano, con o sin humanos en él, así que está en nosotros reflexionar si queremos seguir aquí o desaparecer”. En cuanto a la bioclimaticación, sentencia: “Analizando el concepto, se trataría de acondicionar climáticamente un espacio de una forma más natural que los aires acondicionados convencionales, pero ese no debe ser el objetivo, hay que ir más allá para que sea la propia edificación, con una orientación adecuada y sin artefactos, la que resuelva con estrategias arquitectónicas el aclimatar los espacios según cada estación del año.

Que se aproveche naturalmente el aire exterior y los vientos dominantes para climatizar el lugar, consiguiendo el confort interior necesario. Ahí se utilizaría el concepto de arquitectura bioclimática”.

Pablo Bolaño

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