Niños y adultos aprenden botánica de forma muy empírica. Muchos jardines compartidos asignan parcelas a las escuelas cercanas, que desarrollan proyectos educativos. Algunos jardines tienen una misión integración de personas con discapacidad o con graves problemas económicas y que víctimas de la exclusión social. De este modo, la función social y la ambiental se dan la mano de forma complementaria.





















