La iluminación de edificios de nueva construcción solo representa un porcentaje pequeño del mercado en comparación con la modificación de la iluminación de edificios existentes. La mayoría de los productos basados en tecnología LED se están promocionando como sustitutos directos de la iluminación lineal fluorescente en luminarias existentes, tubos LED. La opinión generalizada de los expertos en iluminación es que este no es el camino a seguir.
La experiencia visual se está subestimando. Para los que tenemos la suerte de poseer una buena agudeza visual, la experiencia visual es uno de los mayores tesoros de la vida. Aunque la luz eléctrica quizás nunca llegue a replicar perfectamente la luz natural, esa luz natural es la vara de medir según la cual intentamos obtener una experiencia visual parecida, usando electricidad. La belleza de los colores, las texturas y otros factores de la agudeza visual son aspectos muy importantes para el ser humano.
Los diseñadores profesionales en iluminación llevan lustros intentando crear condiciones visuales que tengan los valores correctos en niveles de iluminación horizontal y vertical, en uniformidad y en contenido espectroscópico. Aunque el LED pueda ser la novedad del momento, la verdad es que todavía no ha sido capaz de replicar de forma razonable la experiencia visual obtenida con un sistema lineal fluorescente bien diseñado, y menos con lámparas tubulares LED de remplazo, conocidas como “retrofit”.
Los ocupantes de un edificio no tienen por qué ser ingenieros ni expertos en iluminación, ni tienen por qué entender las leyes físicas que componen la experiencia visual para sentirse confortables en un espacio iluminado. Lo único que saben es “como se sienten” en ese espacio.
Para los que hemos hecho una carrera de la promoción de productos de iluminación eficientes energéticamente, el objetivo debería ser el proveer el mejor entorno visual, usando el mínimo posible de los recursos valiosos que escasean, sin comprometer experimentalmente la experiencia visual humana.
Todo discurso sobre retornos de la inversión debe hacerse después de haber comprobado que no se ha comprometido la experiencia visual humana. Lo contrario es deshonesto y supone un desprecio hacia los ocupantes del espacio iluminado. Los tubos LED distorsionan las propiedades ópticas de un sistema lineal fluorescente bien diseñado, su ángulo de haz luminoso disminuye la iluminación de las paredes perimetrales creando un efecto “gruta”. Es deshonesto pretender convencer a los ocupantes de un edificio que están más felices con niveles de iluminación inferior y con la luz azul del LED. Y aún más deshonesto no tener en cuenta la degradación lumínica que sufren estos tubos LED: 20% por año, como mínimo. Con este último dato, la excusa del retorno de inversión es una mentira que sólo se podrá demostrar 2 años después de la inversión, y para entonces…pelillos a la mar.
Existe un conflicto de intereses entre los ocupantes de un espacio y el gerente o encargado de la infraestructura. El gerente de infraestructuras puede dejarse convencer por una buena presentación comercial, el falso retorno de inversión y la terapia hipnótica del “¿a que es bonito?”. La mayoría de los gerentes de infraestructuras no están cualificados en diseño de iluminación, pero el ocupante del edificio va a pasar una parte significativa de su vida sometido a una experiencia visual capada.
La tecnología LED podrá hacer cosas impensables para el fluorescente, como dar color dinámico, pero esas funcionalidades se aprovecharán en luminarias de nuevo diseño con controladores de iluminación específicos, y serán para usos decorativos más que funcionales.
Traducción de un comentario aparecido en el foro Innovations in Light, de LinkedIn, aportada por René van Gemert
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