Ecología de las redes sociales

Publicado el: 10 de diciembre de 2013 a las 11:00
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Ecología de las redes sociales

En la creciente ansia individual y colectiva para estar en todas las redes sociales de internet donde pasan cosas, quizás llega un momento en que nos tendremos que plantear también decrecer y salir, si podemos, de algunos de estos espacios 2.0. por una cuestión ecológica. En otras palabras, ¿es posible una gestión ecológica de nuestra actividad en las redes sociales? ¿Debemos estar presentes en todas ellas, duplicando y triplicando mensajes de contenido muy similar, compartiendo las mismas fotos y videos? ¿Debemos generar tráfico «vacío» y contaminante continuamente, con mensajes donde, a menudo, sólo se asiente o se envía un emoticono para mostrar que estás y sigues la conversación? ¿Cómo podemos hacer más sostenible la web 2.0.?

Internet muestra de forma rápida y rotunda que no tiene límites en su crecimiento. ¿O sí? Desde el estudio sobre los límites del crecimiento de los Meadows a principios de los setenta, todos los informes han ido demostrando que el planeta ya ha alcanzado sus límites físicos. ¿Tiene límites el mundo virtual? Es evidente que sí: los mismos que el mundo físico, ya que toda la actividad en el mundo virtual se puede traducir en suelo necesario para producirla: chips de silicio, materiales para fabricar los dispositivos, energía, etc.



De hecho, la huella ecológica de cada nueva página de Facebook es equivalente a la de 12 relaxing cups of café con leche o 36 copas de vino (businessgreen.com). Cada nuevo usuario de Facebook añade 3,5 kilogramos de dióxido de carbono a la atmósfera. Además, es relativamente normal que este mismo usuario también tenga una página en Linkedin o similar, una cuenta de Twitter, varios grupos en Whatsapp, entre otros. Puede ocurrir que el grado de solapamiento y doblado de contenidos y miembros entre redes sea muy importante.

Seguramente ya hay estudios sobre el tema, pero he preferido conducir una pequeña investigación doméstica con finalidad más sensibilizadora que científica para poner en evidencia la insostenibilidad de nuestra actividad en las redes. He estudiado a una persona de entre 25-35 años, que trabaja y que está conectada a todas las redes mencionadas arriba. Más concretamente, tiene 359 amigos en Facebook, 238 contactos en Linkedin, 812 seguidores en Twitter y 12 grupos en Whatsapp aparte de los 509 contactos del móvil. No se considera en absoluto una persona muy activa en las redes sociales, especialmente si se compara con otras de su entorno personal y profesional.



Pues bien, esta persona actualiza el Facebook a diario, por lo menos en 5 ocasiones; recibe una media diaria de 230 mensajes al móvil entre Whatsapp, Twitter y sms; envía una media diaria de 30 mensajes desde el móvil. Y esto sin contar el correo electrónico. Cuando envía una foto o vídeo lo hace, como mínimo, en 3 de las diferentes redes. Es decir, que un mismo archivo de, pongamos, 2Mb lo podrán ver sus contactos por 3 vías diferentes. A la vista de ello, analizamos cuál era realmente su red más cercana. Resultó que, en realidad, con quien más tráfico intercambia es con una red de unos 50 contactos, 23 de los cuales ve a diario o semanalmente.

El otro dato interesante sobre los hábitos de la persona en cuestión es que, desde que se hizo la página de Facebook en 2008 hasta ahora, ha notado que su actividad ha pasado de ser muy baja a ser bastante importante en tan sólo los últimos 6 meses, hasta el punto que tiene la sensación de que todo lo que hace en el mundo real lo debe «virtualizar», dejar constancia en el mundo virtual.

Pero hay una cuestión aún más inquietante . Y es la relativa a los contenidos del tráfico en el que se ve implicado. Un vistazo a su Facebook y los grupos de Whatsapp lo confirman. Como muestra, en uno de los grupos de Whatsapp más activos (120 mensajes diarios de media!) El análisis de contenido es aterrador: en un mismo día se generan, como mucho, dos o tres hilos de conversación y cada una de estas conversaciones va acompañada de una buena cantidad de mensajes de asentimiento o simple reacción emocional. De los 120 mensajes diarios sólo 4 o 5 tienen contenido informativo o decisional. Los otros son ruido, polución.

Por un lado, hay que pensar que la sensación de generar tráfico «vacío» de contenido , superficial, prescindible, contaminante, es sólo una cuestión de asentamiento de hábitos en un medio que todavía se está desarrollando. Pero por otro lado, hay también una reflexión sobre el coste e impacto ambiental no sólo de nuestra actividad física sino también de nuestra actividad virtual. Las esferas de nuestras vidas y las interacciones con los demás y con nuestro entorno son cada vez más complejas pero no podemos perder de vista que todas tienen una huella ecológica que conviene considerar.

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