Cuando uno no solo peina canas, sino también acusa una falta de movilidad, puede que le interese “echarse al gaznate” una silla salvaescaleras. Una manera sencilla y cómoda de que las escaleras de nuestro hogar no se conviertan en nuestro ochomil particular. Seguro que por esta sabia tendencia se hubiera decantado Sir Edmund Percival Hillary, pionero en coronar la cima del Everest en mayo de 1953, si anduviese en esa tesitura. Sin embargo, el alpinista falleció en 2008 a los 88 años y nadie nos ha podido chivar si Hillary llegó a colar este ingenio de la mecánica en su hogar. Desde luego, estamos seguros de que cuando a alguien empieza a echar en falta la lozanía de unas piernas jóvenes, una silla salvaescaleras puede convertirse en la mejor compinche para seguir haciendo cumbre en la planta superior de su vivienda.
Así, no hace falta claudicar ni empezar a visitar inmobiliarias cuando los miembros inferiores nos flaquean, sino que solo debemos invocar a una empresa experta en el ramo para que le eche un vistazo a nuestra escalera y nos presupueste una silla.
De este modo, no será preciso “sherpa” alguno que nos ayude en la tarea de ascender los escalones, podemos seguir gozando de la panorámica de nuestra segunda planta sin necesidad de hijos, nueras o nietos, entre otros títulos familiares, pues el mercado ofrece sillas elevadoras que se adaptan a todo tipo de escalera aunque ésta presente un diseño curvo o nos hallemos ante una escalera de caracol con ínfulas de película de suspense filmada por Hitchcock.
Una vez que hayamos comprobado que nuestras piernas no son las de antaño, tocará encontrar la silla sube escaleras que mejor confraternice con nuestros escalones. Por desgracia, si nuestra escalera se inscribe dentro de las curvas o, peor aún, entre las de caracol, nos tocará rascarnos más el bolsillo pues éstas requieren un diseño de salvaescaleras más complejo. A nadie habremos pillado desprevenido con esta información, pues resulta evidente que los vericuetos se cotizan al alza.
Asimismo, multitud de empresas se afanan en este sector, pero quizás al futuro usuario, además de buscar la solución más eficaz para su hogar, le quite el sueño el medioambiente. Si es ese su caso, le interesará saber que compañías como Thyssenkrupp Encasa y Orona han obtenido el certificado ISO 14001, una de las normativas de gestión medioambiental de mayor reconocimiento mundial que garantiza que durante el proceso de fabricación de sus sillas salvaescaleras no se le dan pisotones, si se nos permite la expresión, a la Naturaleza, sino que se la respeta como a una dama.
Seguramente, Sir Edmund Hillary habría tenido presentes estas credenciales a la hora de decantarse por una silla para su hogar, pues el montañero, además de ser propietario de unas piernas férreas y gozar de una excelente forma física, sufría desvelos por el medioambiente. De hecho, durante los últimos veinte años de su vida manifestó su preocupación por la ingente cantidad de expediciones de turistas que emprendían el ascenso al Everest poniéndola en peligro. De este modo, el montañero fundó en 1989 The Himalayan Adventure, una asociación consagrada a proteger las montañas de los desvaríos medioambientales de la humanidad, aunque actualmente no hay vestigios de su funcionamiento.
Sin embargo, el montañero, que seguro que no andaba mal de dinero, no consideraría la posibilidad de adquirir una silla salvaescaleras de segunda mano. Una opción que está prosperando en los últimos años debido a la adversa situación económica actual y que solo nos procura una ventaja: la de ser más módicas que los modelos nuevos. En cambio, los inconvenientes son multitud: no respeta el medio ambiente, no ofrece garantías del fabricante, además de no haber sido diseñada de forma específica para nuestra escalera y ello puede redundar en problemas de funcionamiento, entre otras desventajas.
Por lo tanto, a pesar de que antaño hayas tenido las piernas de un montañero y te hayas paseado por el techo del mundo, cuando los años hagan mella en tu movilidad, quizás una silla salvaescaleras pueda servirte de sherpa. ¿No te parece?


















