Berlín ha decidido probar algo distinto para combatir la basura y fomentar un turismo más responsable. En lugar de limitarse a poner multas, la capital alemana ha lanzado BerlinPay, un programa piloto que premia a turistas y vecinos por recoger residuos, moverse en bicicleta, usar el transporte público o apoyar actividades sostenibles en torno al agua. El plan funciona del 14 de mayo al 14 de junio de 2026 y cuenta con más de 40 socios participantes.
La idea no consiste en pagar dinero en efectivo. Es más sencilla. Quien hace algo positivo por la ciudad puede recibir entradas, descuentos, bebidas, talleres, paseos en barco o experiencias en el agua. ¿La clave? Convertir un gesto pequeño, como recoger basura durante una salida en canoa, en una recompensa inmediata. Y eso cambia bastante la forma de mirar una ciudad cuando se visita.
Qué es BerlinPay
BerlinPay es un mes de acciones centradas en el turismo acuático sostenible. Berlín quiere que sus canales, ríos, lagos y zonas de baño sean parte del atractivo turístico, pero también espacios mejor cuidados. Por eso el programa se dirige tanto a visitantes como a residentes.
La propia ciudad lo presenta bajo el lema «Do good for good», algo así como hacer algo bueno y recibir algo bueno a cambio. La propuesta incluye actividades como plantar, regar árboles, llegar en bicicleta, usar transporte público o recoger basura en el agua y en sus orillas.
Cómo se participa
El funcionamiento es bastante directo. Los participantes consultan las actividades en la web de BerlinPay, se apuntan o reservan, realizan la acción en el lugar indicado, demuestran su participación y reciben allí mismo una recompensa o un vale. En total, visitBerlin habla de unas 5000 actividades individuales dentro del programa.
Algunos ejemplos son muy concretos. GreenKayak ofrece kayaks gratuitos si la persona recoge basura mientras rema. GoBoat combina un préstamo gratuito de barco con limpieza del agua. Canoa Berlin permite remar gratis durante actividades de limpieza y algunos socios ofrecen bebidas, descuentos o entradas culturales como agradecimiento.
El agua está en el centro
Berlín no ha elegido el agua por casualidad. La ciudad presume de estar entre las metrópolis más ricas en agua de Alemania, con unos 80 lagos, 39 zonas de baño, numerosos canales y 960 puentes. Para cualquiera que haya pasado un verano urbano de calor pegajoso, esos espacios no son un lujo menor. Son refugio, ocio y naturaleza a la vez.
Franziska Giffey, senadora de Economía, Energía y Empresas Públicas de Berlín, lo resumió con una frase clara. «Berlín es la capital alemana del agua», afirmó, recordando que el 7 % de la ciudad está cubierto por agua, casi 60 kilómetros cuadrados. Pero ese atractivo también deja huella.
La basura ya sale cara
El problema de fondo es menos amable que una excursión en canoa. Berlín tiene un conflicto serio con los residuos abandonados en la vía pública. Solo en 2024, la Berliner Stadtreinigung recogió 54 267 metros cúbicos de basura ilegalmente depositada, según datos publicados por la administración berlinesa.
La factura también pesa. Berlín gastó 13,1 millones de euros en 2025 para retirar este tipo de residuos del paisaje urbano. Ese mismo año se registraron 196 605 avisos relacionados con basura abandonada. En la práctica, lo que alguien deja en una acera lo acaba pagando toda la ciudad.
El distrito de Neukölln muestra bien la dimensión del problema. Su oficina de orden público recibe unas 15 000 notificaciones anuales por basura y cuenta con equipos especializados para investigar vertidos ilegales. No hablamos solo de una bolsa olvidada. También aparecen muebles, electrodomésticos, restos de obras y residuos peligrosos.
Multas y recompensas
Berlín no ha dejado de usar sanciones. Desde noviembre de 2025, el nuevo catálogo de multas permite castigos mucho más altos para quien tire basura de forma ilegal. Una colilla puede acabar en una multa de 250 a 3000 euros, aunque en algunos casos se mantiene la advertencia de 55 euros.
Los residuos voluminosos también se han encarecido para los infractores. Dejar colchones, sillas o muebles en la calle puede costar entre 300 y 1500 euros, y las cantidades mayores pueden llegar hasta 11 000 euros. En aparatos eléctricos o residuos con sustancias dañinas, las multas se mueven entre 1000 y 15 000 euros.
Ahí es donde BerlinPay introduce otra lógica. La multa busca disuadir después del daño. La recompensa intenta que la persona actúe antes, de forma voluntaria y visible. No sustituye a las sanciones, pero añade una herramienta más humana. Menos bronca y más participación.
El ejemplo de Copenhague
La inspiración viene de Copenhague, donde CopenPay ya ha probado este modelo de turismo con recompensas. En 2025, el programa danés funcionó durante nueve semanas, del 17 de junio al 17 de agosto, con más de 100 atracciones participantes. Allí se premian acciones como ir en bicicleta, usar transporte público, recoger basura, comer opciones vegetales, llegar en tren o quedarse cuatro noches o más.
El piloto de 2024 superó expectativas, según Wonderful Copenhagen. Durante sus cuatro semanas de funcionamiento, el alquiler de bicicletas subió un 29 %, se recogieron toneladas de basura y el 98 % de los participantes dijo que recomendaría la iniciativa. No es poca cosa.
Rikke Holm Petersen, responsable de marketing, comunicación y comportamiento de Wonderful Copenhagen, afirmó que los visitantes «están muy motivados para devolver algo a los lugares que visitan». Esa idea es justo la que Berlín quiere poner a prueba ahora.
Lo que puede cambiar
BerlinPay no va a resolver por sí solo el problema de la basura en una ciudad grande. Sería exagerado decirlo. Pero sí puede modificar una parte importante del comportamiento turístico, sobre todo en zonas donde el ocio, el agua y los residuos suelen cruzarse en los meses de más movimiento.
En el fondo, la propuesta plantea una pregunta sencilla. ¿Y si el turista dejara de ser solo alguien que consume una ciudad y pasara a cuidarla durante unas horas? Para Berlín, esa respuesta se medirá este mes con datos, participación y el grado de interés de sus socios locales.
Si el piloto funciona, la ciudad podría tener una herramienta repetible para otros veranos y otros barrios. También deja una lección para destinos europeos con presión turística, incluida España. A veces, cuidar el entorno no empieza con una gran campaña, sino con una bolsa de basura, una bicicleta y una recompensa pequeña que anima a repetir.
El comunicado oficial ha sido publicado por visitBerlin.













