Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos. España encabeza la compra de cosméticos en Europa, aunque abusar de ellos expone nuestro cuerpo a exponerse a un buen número de sustancias tóxicas. Diversos estudios advierten que muchos ingredientes químicos penetran a diario en el organismo a través de la piel.
Los conocidos como disruptores endocrinos alteran el sistema hormonal, adelantando incluso la pubertad en niñas. Este cambio prematuro aumenta con el paso de los años el peligro de sufrir problemas de salud y enfermedades graves en adultos.
Al aplicarse sobre la piel, los tóxicos entran de golpe a la sangre sin la presencia de ningún filtro previo. Esta rápida absorción potencia la agresividad de multitud de compuestos químicos que están presentes en cremas, colonias, champús o maquillajes cotidianos.
Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos y a muchas más sustancias tóxicas
Los españoles somos los europeos que más productos cosméticos consumimos. Dos estudios publicados en mayo exponen la cantidad de disruptores endocrinos que se acumulan en el cuerpo de las personas más aficionadas al skincare y el maquillaje.
¿Qué efectos tienen en nuestra salud? Los españoles somos los europeos que más nos gastamos en cosméticos y productos de cuidado personal (PCP), más de 220 euros anuales por cabeza, según un informe de la Asociación Nacional de Perfumería y Cosmética, hecho en 2025.
Y están entre los productos que más compramos online, un 56,7 % del total –por detrás solo de ropa y eventos culturales–, apunta el estudio del Observatorio Nacional de Tecnología y Sociedad y Red.es. Los cosméticos encabezan la lista de artículos más notificados que plantean riesgos para la salud, con un 36 %.
Para hacernos una idea, las mujeres utilizan de media nueve productos cosméticos distintos al día y 15 a la semana –16, en el caso de chicas entre 18 y 24 años–, de acuerdo con una investigación de la asociación Cosmetics Europe, que señala las tres primeras razones para usarlos: higiene personal, sentirse bien con uno mismo y subir la autoestima, y cuidar el pelo y la piel.
También se ha adelantado la edad; por ejemplo, la cadena de tiendas de cosmética Sephora informa que sus clientes entre 9 y 12 años se han duplicado en los últimos cinco años.
Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos. El problema es que no siempre parecen inocuos. Según los datos recogidos en el último informe de Safety Gate, del sistema europeo de alerta rápida de productos peligrosos, los cosméticos encabezan la lista de artículos más notificados que planteaban riesgos para la salud, con un 36 %.
El consumo de cosmético va en aumento
Desde la década de 1990, algunos derivados del petróleo, como bisfenoles, ftalatos, benzofenonas o parabenos, invaden el mercado de cosméticos y PCP. “La cantidad y variedad de químicos que nos ponemos cada día en la piel no deja de aumentar, sobre todo las chicas más jóvenes, incluso niñas”, dice Mariana Fernández Cabrera, catedrática de la Universidad de Granada e investigadora del Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA).
Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos. Cuando la absorción es a través de la piel, “los compuestos se incorporan directamente al torrente sanguíneo para posteriormente ser distribuidos por todo el cuerpo. No es como cuando se ingieren por vía oral, que pasan por el filtro del hígado antes, para su metabolización y eliminación”, añade Fernández Cabrera, que forma parte del CIBER de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP) del Instituto de Salud Carlos III y de la Red de Investigación en Infancia y Medioambiente-INMA.
Lo mismo ocurre con los químicos disruptores endocrinos volátiles que se emplean en las fragancias para conservar el aroma durante más tiempo, los ftalatos: “Son moléculas muy pequeñas que, al inspirarlas, llegan a la mucosa nasal de forma inmediata y, de ahí, a la sangre”, añade Nicolás Olea, catedrático emérito de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada y médico en el Hospital Clínico San Cecilio de esta ciudad.
La cosmética tradicional está plagada de disruptores endocrinos
En un estudio publicado en mayo en la revista European Journal of Pediatrics, la investigadora Alicia Olivas analizó diferentes compuestos disruptores endocrinos en muestras de orina de 310 niñas españolas de 4 a 8 años: 182 de ellas presentaban pubertad temprana –antes de los 8 años– y 128, no.
En el primer grupo, encontraron mayores concentraciones de disruptores endocrinos como bisfenol A –común en envases plásticos– y la benzofenona-3 –presente en cosméticos y protectores solares–.
Además, los investigadores pasaron un cuestionario a las familias sobre los hábitos de las niñas: las del primer grupo también eran más aficionadas al skincare, maquillaje o PCP (mascarilla/acondicionador, pintauñas y pintalabios, cremas solares, perfume y loción corporal), “bien a diario o varias veces a la semana”, señala Olivas.
Otra cosa que se ha adelantado en el último siglo son los primeros síntomas de desarrollo reproductivo –la aparición del botón mamario– en las chicas, que “empieza a edades cada vez más tempranas, entre los 4-8 años”, advierte Olivas.
El riesgo es que la pubertad precoz está asociada con una mayor vulnerabilidad en la vida adulta a enfermedades como obesidad, diabetes, hipotiroidismo o cáncer de ovario y de mama, según alertan sociedades médicas como The Endocrine Society (EE UU) o la Sociedad Europea de Endocrinología Pediátrica.
Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos. Como explica Fernández Cabrera, “en una niña que empieza a exponerse a estrógenos endógenos –producidos por su propio ovario– mucho antes, aumentan las probabilidades de estas enfermedades, sobre todo si a eso se suman sustancias químicas exógenas –que vienen de fuera– que se comportan como hormonas”.
Por otro lado, cuando la exposición a los disruptores endocrinos ocurre a edades tempranas, “los niños y niñas no tienen tan maduros como los adultos los mecanismos de detoxificación y metabolización rápida para eliminarlos”, advierte.
La importancia del ‘principio de precaución’
Además de la pubertad precoz, cada vez más estudios apuntan a una relación entre disruptores endocrinos y endometriosis, una dolencia crónica multifactorial que puede llegar a ser incapacitante y hoy afecta al 10-15 % de mujeres en edad reproductiva.
En la misma línea, un análisis reciente de la Universidad de Granada, el IDIBELL, el Instituto Catalán de Oncología y el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada ha encontrado conexión entre los contaminantes ambientales hallados en la sangre de más de 300 mujeres y el cáncer de endometrio, un tipo de tumor del que, cada año, se diagnostican 5000 nuevos casos en España. Como indican los autores, se trata de compuestos que actúan como estrógenos y provienen de fitosanitarios, cosméticos y productos de uso doméstico.
Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos. “Lo único que la epidemiología clínica puede hacer son estudios observacionales. Y que estos encuentren correlación no es evidencia de causalidad, es cierto. Pero es una razón de peso para aplicar el principio de precaución”, recalca Olea, que además coordina el grupo de Medio Ambiente en la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición.
Solución: o se limita su uso o se compran cosméticos certificados
“La ventaja de la cosmética es que puede ser evitable”, recalca Fernández Cabrera. “Los fabricantes solo están obligados a incluir en la etiqueta las sustancias que superan un porcentaje determinado. Además, la lista de disruptores endocrinos reconocidos no deja de crecer y cambiar”, apostilla esta experta.
Por eso, Olea recomienda apostar por artículos que lleven el certificado Ecocert reconocido por la Unión Europea, que asegura que no llevan ingredientes sospechosos para la salud.
Existen listados de químicos posiblemente tóxicos según la literatura científica en plataformas como Think Chemicals, del Consejo Danés del Consumidor, o Safe Cosmetics Campaign, de Breast Cancer Prevention Partners, incluso, informes tan específicos como los realizados por la Agencia de Protección Ambiental danesa, que analiza máscaras para pestañas y serums en el mercado o geles de baño para niños, ambos de 2025.
Eso sí, en cuanto se reduce la exposición, bajan los niveles de disruptores endocrinos en muestras biológicas, porque la mayoría de ellos no son persistentes, es decir, no se acumulan en los tejidos. “Solo una semana después de dejar de usarlos, dejas de expulsarlos”, asegura Olea.
De hecho, una nueva investigación del Instituto Nacional de Salud francés y la Universidad de Grenoble, publicada en mayo en Environment International, pidió a 103 mujeres entre 18 y 30 años que redujeran el uso de PCPs de 12 (primer día del estudio) a 7 (del segundo al quinto día). Sus muestras de orina delataron un descenso de tres disruptores endocrinos reconocidos, methyparaben, bisfenol A y el ftalato MEP, del 32, 39 y 22 %, respectivamente, en solo cinco días.
La regulación no termina de ser eficiente
La legislación se basa en demostrar científicamente el daño que produce una sustancia después de haberla sacado al mercado, lo que puede llevar tiempo. Desde que la Unión Europea prohibió el bisfenol A –considerada sustancia de alta preocupación– en biberones para bebés, en 2011, hasta que la prohibición se amplió a todos los envases para alimentos, pasaron once años.
Según advierte Olea, “uno de los grandes fracasos de la toxicología reguladora es pensar que el efecto es individual y no considerar el efecto combinado”. Así, la regulación se basa en límites de seguridad para cada compuesto, después de haber medido su toxicidad en modelos animales. Sin embargo, ningún producto lleva una sola sustancia, sino un cóctel de varias.
“Como científicos, nosotros no podemos hacer más que investigar. Debemos educar a la población y exigir a las autoridades que se regule con más celeridad y rigor”, concluye Fernández Cabrera.
Los cosméticos aumentan la exposición a disruptores endocrinos. Reducir el uso de algunos cosméticos innecesarios ayuda a limpiar rápidamente estas sustancias de nuestro cuerpo. Los expertos recomiendan mirar con lupa las etiquetas de compra y priorizar siempre la compra de productos que cuenten con certificaciones serias y ecológicas.


