La cocina tiene que estar en sintonía con la época del año en la que nos encontramos, no solo para aprovechar losalimentos de temporada; también para ayudarnos a sobrellevar las altas temperaturas. La sabiduría popular nos enseña que las cenas pesadas no hacen bien a nadie.
Seguro que habéis oído eso de «desayuna como un rey, come como un príncipe y cena como un mendigo». Al margen de celebraciones puntuales, las cenas sí está bien que sean ligeras todo el año. Y si están lo más separadas posible del momento de irnos a la cama, mucho mejor.
¡Hacer la digestión mientras cogemos el sueño puede provocarnos pesadillas! Bueno, no exactamente, pero sí dificultar su conciliación y hasta generar ardor de estómago.
Además, es muy posible que al final del día nos venzan el cansancio y la desgana. Trabajar desde casa agota, y si hemos reducido nuestra actividad física, es normal que lleguemos a la noche con la energía justa. Con este plan, ponerse a cocinar no es lo que más apetece.
Si además notamos que empieza a hacernos mella el calor —hola, noches tropicales—, toca repensar sí o sí lo que cenamos. Reducir cantidades e introduciralimentos hidratantes, eliminar grasas, fritos, procesados, así como el alcohol y bebidas carbonatadas son buenas prácticas.
También evitar cualquier exceso de sal y azúcar. En lugar de todo esto,opta por cocinar al vapor y al horno, o por preparar los alimentos crudos.
Las cenas son el momento estelar de lasverduras y hortalizas frescas, con las que podemos hacer ensaladas crujientes y refrescantes. Además, son un buen apaño lascongeladas, para hacerlasal vapor o salteadas. No olvides las laslegumbres cocidas de bote, así como otras fuentes de proteínas tan versátiles como eltofu, el seitán o






















