Un vaso con hielo parece la respuesta más lógica cuando el termómetro aprieta. El frescor es real, pero el cuerpo no funciona como una botella que se mete en la nevera. Beber muy frío puede frenar el sudor durante unos minutos, aunque eso no convierte la bebida helada en un error ni significa que vaya a calentarnos más.
El enfermero y divulgador Pedro Soriano lo resume así. “Una bebida muy fría produce un alivio inmediato, pero también puede reducir temporalmente la sudoración, el principal mecanismo de refrigeración del cuerpo”. La investigación respalda ese efecto pasajero, aunque la humedad, el esfuerzo físico y la evaporación cambian el resultado.
El sudor manda
El organismo intenta conservar una temperatura interna estable mediante la termorregulación, su sistema automático para ganar o perder calor. Uno de sus recursos principales es llevar más sangre hacia la piel y producir sudor. Ese sudor enfría de verdad cuando pasa de líquido a vapor.
Por eso, sudar más no siempre significa refrescarse más. Con mucha humedad o poco movimiento del aire, el agua permanece sobre la piel y se evapora peor, como una camiseta mojada que no termina de secarse. En la práctica, el entorno decide cuánto funciona este aire acondicionado natural.
Beber frío no es un error
Martin Barwood, de Leeds Trinity University, y Stuart Goodall y Jon Bateman, de Northumbria University, estudiaron a diez participantes mientras pedaleaban en un ambiente caluroso y seco. Compararon bebidas muy frías, bebidas calientes y una sesión sin beber. El experimento se publicó en 2018.
La bebida fría redujo el sudor de forma transitoria y mejoró la sensación de confort. Tanto quienes tomaron líquido frío como quienes lo bebieron caliente aguantaron más ejercicio que en la prueba sin bebida, sin diferencias claras entre las dos temperaturas. La hidratación pesó más que escoger un extremo u otro.
Un trabajo de 2024 dirigido por Brodie Richards y Glen Kenny añadió otra pieza. En hombres jóvenes y mayores que alternaban ejercicio y descanso en calor seco, una bebida con hielo redujo la acumulación de calor frente a una bebida templada, aunque no cambió la temperatura central medida. No es una regla para todo el mundo, pero sí desmonta la etiqueta de “contraproducente”.
Caliente y picante con matices
En un ensayo de 2012, Anthony Bain, N. C. Lesperance y Ollie Jay observaron que el agua caliente podía reducir el calor acumulado durante el ejercicio. Había una condición decisiva. Todo el sudor adicional debía evaporarse, algo mucho más probable con aire seco y ventilación suficiente.
El picante también provoca una respuesta llamativa porque la capsaicina activa sensores relacionados con el calor y puede hacer sudar, sobre todo en la cara. Pero un pequeño ensayo de la Universidad Estatal de Luisiana, realizado con siete hombres expuestos durante dos horas a 38 grados, no encontró una mejora general de la capacidad para regular la temperatura. Que pique no significa que enfríe.
Un golpe de calor no espera
Un golpe de calor no es simplemente sentirse muy acalorado. La señal que más preocupa es una alteración del cerebro, como confusión, delirio, convulsiones o pérdida de conocimiento, a menudo junto a una temperatura corporal muy alta. En el golpe de calor por esfuerzo, la inmersión del cuerpo en agua fría es el método de referencia cuando puede hacerse con seguridad.
Ante la sospecha hay que llamar al 112, mover a la persona a la sombra, retirar la ropa innecesaria y comenzar a enfriarla con lo que haya disponible. Una ducha fría, paños mojados, hielo protegido y un ventilador pueden ayudar mientras llega la asistencia. Esperar a que “se le pase” es el verdadero riesgo.
La Organización Mundial de la Salud recomienda usar cualquier medio disponible para enfriar y vigilar a la persona hasta que llegue ayuda. No se deben administrar aspirina ni paracetamol, porque no corrigen el problema. Si está inconsciente, debe colocarse de lado.
La prevención gana
El Plan Nacional frente al exceso de temperaturas de 2026 pide beber agua con frecuencia aunque no aparezca sed. También aconseja evitar alcohol, exceso de cafeína y bebidas muy azucaradas, reducir el ejercicio en las horas centrales y usar ropa ligera y transpirable. Son medidas sencillas, pero suman.
La vigilancia debe centrarse especialmente en mayores, bebés, embarazadas, personas con enfermedades crónicas y quienes viven solos o en viviendas que se recalientan. Una llamada, una visita o unas horas en un lugar climatizado pueden marcar la diferencia. El calor no afecta a todos por igual.
A más largo plazo, pintar cubiertas y fachadas con tonos claros o usar materiales reflectantes reduce la cantidad de calor solar que entra en el edificio. No sustituye a la hidratación ni a la atención médica, pero ayuda a que la casa no se convierta en un horno. La prevención también empieza en el tejado.
El estudio principal sobre la temperatura de las bebidas se ha publicado en European Journal of Applied Physiology.



