Sostenibilidad

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista hasta 1.000 litros

Un huésped de un cinco estrellas puede consumir entre tres y siete veces más agua que un residente, mientras la reutilización, las redes eficientes y las aguas grises demuestran que reducir la demanda turística es técnicamente posible.

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista hasta 1.000 litros

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista hasta alcanzar los mil litros por huésped al día, lo que es un verdadero disparate a nivel medioambiental. Esta elevada cifra contrasta con los escasos ciento veintiocho litros que consume en promedio un ciudadano local.

La causa principal de este notable desfase radica en las piscinas, jardines tropicales y servicios de lavandería intensiva. Estas exigentes infraestructuras hoteleras incrementan exponencialmente la huella hídrica del sector durante los calurosos meses de verano.

Paralelamente, ciudades emblemáticas como Benidorm han logrado reducir su consumo global optimizando la red de distribución. Sus innovadores sistemas evitan fugas y reutilizan casi un cuarenta por ciento del agua depurada en áreas públicas.

Además, los alojamientos de lujo pueden rebajar notablemente su dependencia hídrica instalando tecnologías de reciclaje de aguas grises. Incorporar esta eficiente medida es clave para garantizar el suministro sin perjudicar los acuíferos comunitarios.

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista hasta multiplicarlo por siete

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista hasta alcanzar 700 o incluso 1.000 litros diarios por huésped durante la temporada alta, según los datos divulgados por la Universidad Internacional de Valencia (VIU). Como referencia, el consumo doméstico medio señalado para un residente se sitúa en 128 litros por habitante y día.

Pero responsabilizar únicamente al visitante ofrece una fotografía incompleta. El problema se agrava cuando el máximo de demanda turística coincide con los meses de menor recarga natural, mientras jardines, piscinas y zonas de agua elevan las necesidades de los establecimientos. La gran cuestión es cómo gestionar millones de litros sin trasladar toda la presión a hogares, agricultores y acuíferos.

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista hasta los 1.000 litros diarios

En los hoteles de cinco estrellas, el consumo medio puede situarse alrededor de 500 litros diarios por turista, pero durante la temporada alta puede escalar hasta 700-1.000 litros, según los datos expuestos por VIU.

La comparación con los 128 litros diarios por habitante de consumo doméstico permite dimensionar la diferencia. Un huésped alojado en establecimientos de alta categoría puede generar una demanda de agua entre tres y siete veces superior a la de un residente en su vivienda.

La explicación no está únicamente en las duchas. Piscinas, jardines, zonas de aguas, lavandería, limpieza y otros servicios hoteleros forman parte de una infraestructura turística cuya huella hídrica supera ampliamente el consumo directo del huésped.

Palma, Granada y Tenerife muestran la dimensión del problema

En establecimientos de categoría superior de Palma de Mallorca se han documentado medias próximas a 440 litros por plaza, mientras otros destinos turísticos como Granada y Tenerife presentan ratios comparables.

La presión adquiere especial importancia en territorios donde millones de pernoctaciones se concentran precisamente durante el periodo más seco. La demanda aumenta cuando la disponibilidad natural de agua puede encontrarse en uno de sus momentos más delicados.

Maribel Cerezo, directora del Máster Universitario en Ingeniería y Gestión Ambiental de VIU, apunta por ello hacia un problema estructural: además del consumo turístico, existen déficits de planificación, gestión e infraestructuras que determinan hasta qué punto una temporada turística tensiona el sistema.

Cuando llegan turistas, pero apenas se recargan las reservas

La coincidencia temporal resulta fundamental. El pico de demanda estacional llega durante el verano, precisamente cuando las precipitaciones y la recarga de determinados recursos hídricos pueden ser menores.

En algunos municipios, garantizar el suministro obliga a recurrir a soluciones extraordinarias como camiones cisterna. Localidades mallorquinas como Banyalbufar, Estellencs, Esporles o Petra han experimentado cortes estivales mientras continuaba la actividad turística.

La contradicción es evidente: un territorio puede necesitar restricciones o suministros extraordinarios mientras mantiene servicios intensivos en agua. La respuesta requiere establecer prioridades, eficiencia y planificación previa, no esperar a que las reservas entren en situación crítica.

Los acuíferos también pagan la factura de una demanda excesiva

Cuando se extrae agua subterránea por encima de la capacidad sostenible del sistema, el problema deja de ser exclusivamente cuantitativo. En acuíferos costeros puede aparecer intrusión salina, deteriorando progresivamente la calidad del recurso.

En Alicante existen sistemas sometidos a importantes presiones, entre ellos acuíferos relacionados con el Vinalopó, donde la sobreexplotación constituye uno de los grandes desafíos de la gestión hídrica.

La agricultura añade otra dimensión al conflicto. Cerezo advierte de que no resulta adecuado criminalizar exclusivamente a hoteles o campos de golf, pero tampoco trasladar sistemáticamente el esfuerzo de reducción hacia los agricultores cuando existen otros grandes consumidores.

Benidorm demuestra que más turismo no tiene que significar más agua

Uno de los datos más interesantes aparece en Benidorm. Durante aproximadamente los últimos 25 años, la ciudad habría reducido su consumo de agua un 18 %, pese a registrar un crecimiento poblacional del 40 % y un incremento de las pernoctaciones del 26 %.

Una de las claves está en disponer de una red con aproximadamente un 95 % de eficiencia. Evitar fugas significa aprovechar casi toda el agua introducida en el sistema antes incluso de pedir nuevos sacrificios a consumidores y empresas.

Además, alrededor del 37 % del agua tratada se reutiliza para riego y limpieza. El caso demuestra que gestionar mejor puede desacoplar parcialmente crecimiento turístico y consumo hídrico, convirtiendo la eficiencia en una auténtica fuente adicional de agua disponible.

Los hoteles pueden reducir hasta un 45 % el agua potable

La tecnología permite intervenir también dentro de los establecimientos. Los sistemas de tratamiento mediante membranas y reutilización de aguas grises pueden reducir el consumo de agua potable entre un 30 % y un 45 %.

Las aguas procedentes de determinados usos pueden tratarse para aplicaciones que no necesitan agua potable. El resultado es sencillo: reservar el recurso de mayor calidad para aquellos usos que realmente lo requieren.

Si los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista, reducir esa demanda desde el propio edificio puede ofrecer un enorme margen de mejora. La eficiencia hídrica debería convertirse así en un elemento central del diseño y renovación hotelera.

Desalar agua puede ayudar, pero no debería ocultar el despilfarro

La desalación proporciona una fuente estratégica en territorios con déficit estructural, pero presenta costes energéticos y ambientales que obligan a utilizarla dentro de una planificación más amplia.

Instalaciones como Alicante I y II, con una capacidad conjunta señalada de 122.500 m³ diarios, o Torrevieja, con grandes volúmenes anuales, muestran la escala que puede alcanzar esta infraestructura.

El planteamiento defendido desde VIU pasa por utilizar la desalación para cubrir el déficit remanente, después de mejorar eficiencia y reutilización, y alimentar estas instalaciones con energías renovables para reducir su huella energética.

Lujo y mal uso

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista, pero convertir este dato en una batalla entre residentes, visitantes, agricultores y empresas sería perder de vista el verdadero desafío. El agua necesita una gestión capaz de anticipar la demanda antes de que llegue el verano.

El ejemplo de Benidorm, la reutilización de aguas grises y las redes con pocas fugas demuestran que existe margen para actuar. En territorios sometidos a estrés hídrico, el lujo del futuro quizá no consista en consumir 1.000 litros diarios por huésped, sino en ofrecer los mismos servicios utilizando mucha menos agua potable.

Los hoteles de lujo disparan el consumo de agua por turista en 30 segundos

¿Cuánta agua gasta un turista en un hotel de cinco estrellas?

El consumo medio puede rondar los 500 litros diarios, mientras que en temporada alta algunos establecimientos pueden alcanzar entre 700 y 1.000 litros por turista y día.

¿Cuánta agua consume un turista comparado con un residente?

Según los datos divulgados por VIU, un turista alojado en determinados establecimientos de alta categoría puede consumir entre tres y siete veces más agua que un residente en su hogar.

¿Por qué los hoteles de lujo gastan tanta agua?

Además del consumo de las habitaciones, intervienen piscinas, jardines, lavanderías, limpieza y zonas de aguas, entre otros servicios asociados a establecimientos de alta categoría.

¿Se puede reducir el consumo de agua de los hoteles?

Sí. Los sistemas de tratamiento por membranas y reutilización de aguas grises pueden reducir entre un 30 % y un 45 % el consumo de agua potable, según los datos expuestos por VIU.

¿Cómo ha conseguido Benidorm ahorrar agua teniendo más turistas?

Entre las claves destacan una red de distribución con un 95 % de eficiencia y la reutilización de aproximadamente el 37 % del agua tratada para riego y limpieza.

¿Qué pasa si se saca demasiada agua de los acuíferos cerca del mar?

La sobreexplotación puede favorecer la intrusión salina, mediante la cual agua salada penetra en el acuífero y deteriora la calidad de sus reservas de agua dulce.

¿La desalación puede solucionar la falta de agua del turismo?

Puede complementar el suministro, pero requiere mucha energía e infraestructura. La prioridad debería combinar ahorro, reducción de fugas, reutilización, planificación y, cuando resulte necesario, desalación con el menor impacto posible.

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