Dormir lo suficiente y de manera reparadora ayuda a regular los niveles de hormonas y neurotransmisores responsables del estado de ánimo, la concentración y la resiliencia emocional. La falta de sueño o el sueño de mala calidad están asociados con mayores riesgos de ansiedad, depresión y dificultades cognitivas, afectando el bienestar general.
Una buena salud mental que además se ve refrendado por una actividad física constante que contribuye a liberar endorfinas; así como por una alimentación equilibrada basada en frutas y verduras que proporciona nutrientes para el funcionamiento cerebral y la regulación emocional. La fórmula de todo joven saludable como queda patente en un estudio.
El secreto de un joven saludable: sueño, ejercicio y buena alimentación
Científicos de la Universidad de Otago, en Nueva Zelanda, demuestran que la calidad del sueño y otras rutinas como el ejercicio físico o una alimentación basada en frutas y verduras, influyen positivamente en la salud mental de adultos jóvenes. El estudio, publicado en la revista Plos One, revela que estos hábitos son independientes y acumulativos, por lo que su adopción escalonada podría aumentar el bienestar psicológico.
“Esta generación de jóvenes se enfrentan a tensiones únicas como el estrés financiero, presiones educativas y otros factores sociales que pueden reducir la felicidad”, advierte el líder de la investigación y profesor en la Universidad neozelandesa, Tamlin Conner. Por ello, comprender cuáles son los desencadenantes conductuales que mejoran dicho confort emocional “puede ayudarlos no solo a sobrevivir, sino a prosperar durante esta etapa tan difícil de sus vidas”, afirma.
Aunque su estudio no demuestre ningún vínculo causal entre estos hábitos y la salud mental, los autores creen que los resultados puedan ser de ayuda para mejorar la calidad de vida de estos adultos.
Efectos transversales en una mejor salud
Investigaciones anteriores vinculaban los hábitos de vida con una mejora en el estado de salud. Sin embargo la evidencia de que también influía en la mente era muy reducida. Por aquel entonces, los estudios solían describir siempre enfermedades mentales y obviaban cómo el comportamiento humano podría interactuar con nuestra psicología.
Para abordar este enfoque, el equipo científico comparó tres hábitos saludables –el sueño, la alimentación y la actividad física– con el bienestar emocional que generaba su implementación en adultos entre 17 y 25 años. Usaron datos de una encuesta de más de mil personas de países anglosajones, otra investigación cualitativa de 13 días en la que pidieron a los participantes que llevaran un diario; y finalmente, un estudio de 8 días para monitorizar la actividad física.
Los resultados demostraron que todas estas rutinas se asociaban a sensaciones de plenitud, aunque el sueño prevalecía sobre todas las demás. Comer frutas y verduras o hacer deporte, por otro lado, se asociaron a un mayor confort psicológico en tiempo real. Un hallazgo que les sorprendió fue que aumentar la ingesta de alimentos basados en plantas podría mitigar los efectos de una mala noche, y que una buena calidad de sueño parecía proteger contra un menor consumo de frutas y vegetales.
Según el primer autor de esta investigación, Jack Cooper, “los jóvenes no tienen que alcanzar un objetivo estricto para mejorar su salud mental. Dormir mejor, comer más sano y hacer deporte un poco más de lo habitual se asocia con mejores sensaciones diarias”.
En conjunto, mantener una buena calidad de sueño, realizar ejercicio regularmente y seguir una alimentación nutritiva constituyen estrategias clave para fortalecer la salud mental en adultos jóvenes. Estas prácticas promueven un equilibrio emocional, mayor resiliencia frente a los desafíos y una mejor calidad de vida en general. ECOticias.com