¿Y si el líquido que sobra al hacer tofu pudiera ayudar a almacenar la energía de tus placas solares durante décadas, sin riesgo de incendio ni residuos tóxicos? Esa es, en esencia, la promesa de una nueva batería acuosa desarrollada en China.
Un equipo de investigadores de la City University of Hong Kong y la Southern University of Science and Technology ha presentado una batería de agua con electrodos orgánicos y un electrolito neutro (pH 7) que puede formularse con salmuera de tofu. El prototipo supera los 120.000 ciclos de carga y descarga en laboratorio, una cifra muy por encima de las baterías de ion litio comerciales.
Una batería pensada para durar, no para arder
En la práctica, ¿qué significa eso de 120.000 ciclos?
Muchas baterías de ion litio para electrónica de consumo se degradan de forma apreciable tras unos cientos o pocos miles de ciclos de carga. En aplicaciones típicas se habla de alrededor de 500 a 1.500 ciclos antes de caer por debajo del 80 % de su capacidad inicial, según recopilaciones recientes sobre esta tecnología.
El nuevo diseño acuoso mantiene su capacidad durante más de 120.000 ciclos a corriente elevada, según el artículo científico. Además, el dispositivo completo alcanza una energía específica de hasta 48,3 Wh/kg y un voltaje de celda en torno a 2,2 voltios, calculados sobre el conjunto de electrodos y electrolito.
Aquí hay un matiz clave. La energía por kilo es bastante menor que la de muchas baterías de ion litio actuales, que se sitúan de forma habitual en el rango de 150 a 300 Wh/kg. Por eso, esta tecnología no está pensada, al menos por ahora, para meterla en un móvil o en un coche eléctrico, donde el espacio y el peso mandan. Su campo natural son los sistemas estacionarios, como el respaldo de plantas solares y eólicas o el almacenamiento en redes eléctricas locales, donde importa más que la batería sea segura, barata y casi “eterna” que ultra ligera.
Salmuera de tofu y electrodos orgánicos
El corazón de la propuesta está en dos ideas relativamente sencillas de explicar.
Por un lado, el electrolito es una solución acuosa neutra, con pH 7, similar al de agua salada suave. En el propio artículo, los autores señalan que este medio puede ser “salmuera en la producción de tofu”, un subproducto abundante de la industria alimentaria que hoy se desecha en gran medida. Al operar en condiciones neutras, se evitan los problemas clásicos de las baterías acuosas basadas en medios muy ácidos o muy alcalinos, donde el agua se descompone y se generan reacciones secundarias que acortan la vida útil.
Por otro lado, el electrodo negativo se basa en polímeros covalentes orgánicos, materiales ricos en enlaces de tipo “puente electrónico” que facilitan el movimiento rápido de cargas y la inserción de iones divalentes como magnesio (Mg²⁺) y calcio (Ca²⁺). Esta combinación permite mantener la estructura del material estable a lo largo de decenas de miles de ciclos, algo que suele ser el talón de Aquiles de muchos diseños experimentales.
El resultado es una batería de agua sin disolventes inflamables, sin sales extremadamente corrosivas y con una química que recuerda más a una salmuera moderada que a un ácido fuerte. En términos cotidianos, se parece más a tener una “pila de agua salada” controlada que a los complejos cócteles orgánicos que hoy llenan las celdas de ion litio.
Más segura para las personas y para el medio ambiente
La seguridad es otro de los puntos fuertes. Las baterías de ion litio concentran mucha energía en poco espacio y emplean electrolitos orgánicos inflamables. Cuando se dañan o se sobrecalientan, pueden entrar en fuga térmica y provocar incendios difíciles de controlar, algo que ya ha afectado a vehículos eléctricos, patinetes y sistemas de almacenamiento en edificios.
En este caso, el electrolito es acuoso, neutro y no tóxico. El propio estudio indica que las celdas completas son “ambientalmente inocuas” y pueden descartarse directamente cumpliendo normativas como la ISO 14001 o la legislación china de gestión de residuos. Esto no significa que se vayan a tirar alegremente al contenedor, pero sí que los riesgos químicos asociados a su fin de vida serían mucho menores que en las baterías actuales.
Para las renovables, la combinación de alta durabilidad, baja toxicidad y nula inflamabilidad encaja con lo que piden muchas comunidades que quieren instalar baterías cerca de viviendas, escuelas o centros de trabajo. Menos riesgo de incendio, menos problemas de residuos peligrosos y menos necesidad de cambiar la batería cada pocos años.
Qué podemos esperar a partir de ahora
Con todo, conviene mantener los pies en la tierra. Estamos ante un prototipo de laboratorio, no ante un producto listo para llegar mañana a la tienda o a la subestación de tu barrio. Escalar la fabricación, demostrar que la química funciona igual de bien en celdas grandes, bajar costes y encajar en la cadena industrial son pasos que suelen llevar años.
En el fondo, esta batería no pretende “matar” al litio de golpe, sino abrir una vía paralela para aplicaciones donde la prioridad es otra. Para estabilizar la red con energía solar y eólica, o para tener un respaldo silencioso y limpio en lugar de un generador diésel, una batería de agua que aguante décadas, no arda y se pueda desechar con un impacto mínimo puede ser una pieza muy valiosa del puzle energético.
El estudio completo, titulado «An aqueous battery using an electrolyte with a pH of 7 and suitable for direct environmental discard», se ha publicado en la revista Nature Communications.



















