El mal tiempo afecta al estado de ánimo y agota más de lo que crees

Publicado el: 23 de febrero de 2026 a las 09:14
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El mal tiempo afecta al estado de ánimo durante periodos prolongados de lluvia

El mal tiempo afecta al estado de ánimo más de lo que parece. Tras semanas de lluvias, cielos grises y alertas meteorológicas, muchas personas experimentan cansancio, apatía, irritabilidad e incluso tensión muscular sin relacionarlo directamente con el clima.

La falta de luz solar altera neurotransmisores clave como la serotonina y la dopamina. Mientras que el cambio de hábitos —menos ejercicio, menos contacto social y más sedentarismo— puede prolongar el bajón incluso cuando el buen tiempo regresa.



El mal tiempo afecta al estado de ánimo y altera hormonas y rutinas

Expertos alertan de que la falta de luz, las borrascas continuas y el cambio de rutinas pueden alterar hormonas, energía y bienestar emocional.

Las condiciones climáticas pueden afectar las hormonas y los neurotransmisores relacionados con el estado de ánimo. La reducción de la luz solar disminuye la serotonina y aumenta la fatiga, la tristeza y la irritabilidad. Esta es la conclusión de una nueva investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Santiago de Compostela.

La falta de luz también aumenta la melatonina, lo que multiplica la somnolencia. Y además, puede reducir la dopamina que afecta a la motivación. Los cambios repentinos de temperatura afectan a la producción de cortisol, que, al subir, dispara el estrés, la tensión muscular y los dolores de cabeza.



Menos luz solar, menos serotonina y más apatía

Lluvias, cielos nublados y alertas meteorológicas durante un periodo prolongado pueden provocar problemas como cansancio, más irritabilidad, apatía y hasta tensión muscular, efectos que pueden quedarse cuando vuelve el buen tiempo si no se tiene cuidado para mantener rutinas saludables, alerta un experto.

Este año, la península ibérica está viviendo un invierno duro con un tren de borrascas sucesivas que por fin empieza a dar tregua. Y más allá de los daños provocados por las inundaciones, la nieve y las fuertes rachas de viento, también provoca efectos en el estado emocional y físico de los ciudadanos.

«Hay constancia de que el clima puede influir en nuestras hormonas, en los neurotransmisores, en aquellas sustancias que modulan el estado de ánimo«. Esto lo ha explicado el catedrático de Psicología Clínica de la Universidade de Santiago de Compostela (USC) Fernando Lino Vázquez.

Aunque hay personas más sensibles que otras a los cambios en la meteorología, los efectos son conocidos.

Cambios bruscos de temperatura y aumento del estrés

La falta de luz solar -y este año España ha vivido el mes de enero con menos horas de sol de los últimos 30 años- baja los niveles de serotonina en el organismo. Lo que se traduce en más cansancio, tristeza e irritabilidad.

A su vez, aumenta la melatonina, fundamental para regular el ciclo del sueño, con lo que se siente más somnolencia y apatía, y puede generar una sensación de energía baja y poca motivación al reducirse la dopamina, que depende parcialmente de la luz solar.

Los cambios bruscos de temperatura pueden aumentar el cortisol. Y con él, generar más tensión muscular, cansancio mental e incluso migrañas.

Además, las constantes alertas meteorológicas pueden generar más ansiedad, si bien esto no tiene por qué ser negativo, apunta Vázquez, ya que ayuda a prepararnos ante un posible peligro. «Ahora bien, si no lo manejamos bien mentalmente y emocionalmente, claro que nos va a generar otro tipo de dinámicas que son improductivas», como la angustia, dice.

El riesgo de mantener hábitos poco saludables

Más allá de estos efectos, el psicólogo insiste en que «bastante más importante» es el cambio de hábitos y rutinas que suele provocar el mal tiempo.

Si llueve o hace frío, acostumbramos a reducir la actividad física -que es «de los antidepresivos naturales más poderosos»-, cambiamos nuestros hábitos de sueño o alimentación y salimos y socializamos menos, con lo que estimulamos menos nuestra mente. Y el problema viene cuando, pese a que el tiempo mejora, mantenemos este cambio de hábitos y rutinas, alerta Vázquez.

«Puede haber personas que, si mejora el tiempo, su estado anímico se recupera. Hay otras que no, pueden desarrollar una depresión y probablemente necesiten ayuda psicológica y psiquiátrica«, explica. Sobre todo en lugares donde hay menos luz solar y el tiempo es más frío, como en los países nórdicos, está constatado que se desarrollan los llamados trastornos afectivos estacionales.

Un estudio publicado en 2015 en la revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría lo define como «un trastorno caracterizado por alteraciones del humor comunes en la depresión (tristeza, ansiedad, irritabilidad, anhedonia, astenia, dificultad para concentrarse…) que suceden habitualmente en invierno y se resuelven en primavera».

El artículo recoge que este trastorno tiene una prevalencia de entre el 1 y el 10 % de la población.

Cómo proteger la salud mental durante semanas de borrascas

Si el mal tiempo afecta al estado de ánimo, para reducir sus efectos es importante combatir la falta de luz. Esto se hace intentando salir a la calle todos los días, abriendo las cortinas e iluminando bien las estancias interiores.

También realizar ejercicio físico, mantener las rutinas estables. No renunciar al contacto social, aunque sea a través de las tecnologías. Y estimular la mente con actividades.

Y ante todo, poner «buena cara» al mal tiempo. «Tomar un enfoque mental diferente a entrar en ese bucle de ‘qué horrible, no soporto esta lluvia’. Intentar adoptar una actitud de enfocarnos más en lo positivo», resume Vázquez.

Los expertos advierten que los cambios de rutina durante el mal tiempo pueden tener efectos más fuertes. Las personas suelen hacer menos ejercicio, socializar menos y alterar los hábitos de sueño o alimentación, lo que puede perjudicar el bienestar mental.

El trastorno afectivo estacional es más común en los países nórdicos y afecta hasta al 10 % de las personas. Esto lo explica un estudio de 2015 publicado en la revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría. Los especialistas recomiendan buscar luz, ejercicio y contacto social. Seguir leyendo en VIDA SALUDABLE.

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