No todos los aceites de oliva son iguales: expertos coinciden en cuál es la mejor variedad para proteger el cerebro y mejorar la memoria

Publicado el: 10 de mayo de 2026 a las 09:43
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Aceite de oliva virgen extra relacionado con beneficios para el cerebro y la memoria según un estudio científico.

El aceite de oliva vuelve a estar en el centro de la dieta mediterránea, pero esta vez por una razón que va más allá del corazón. Un nuevo estudio liderado por la Universitat Rovira i Virgili (URV), el IRB CatSud (antes IISPV) y el CIBERobn apunta a que el aceite de oliva virgen puede ayudar a preservar la función cognitiva en personas mayores a través de la microbiota intestinal.

La conclusión principal es sencilla, pero importante para quien compra una botella en el supermercado. No todos los aceites de oliva parecen comportarse igual en el organismo. El aceite virgen, incluido el virgen extra dentro de la categoría estudiada, se asoció con una mejor evolución cognitiva y una microbiota más diversa, mientras que el aceite común o refinado no mostró ese mismo efecto.



Un estudio con 656 personas

El trabajo se realizó con datos de 656 adultos de entre 55 y 75 años, todos con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico. Los participantes formaban parte del proyecto PREDIMED-Plus, una investigación española centrada en dieta mediterránea, estilo de vida y salud.

Durante dos años, los investigadores analizaron qué tipo de aceite tomaban, cómo era su microbiota intestinal y cómo cambiaba su rendimiento en pruebas cognitivas. Es decir, no se limitaron a preguntar qué comían. También siguieron la evolución de la memoria, la atención, el lenguaje y otras funciones del cerebro.



La pregunta de fondo era muy cotidiana. ¿Da igual usar cualquier aceite de oliva para cocinar o aliñar? Según estos datos, no del todo. Y eso importa, porque en España muchas familias usan aceite a diario sin pensar demasiado en la diferencia entre “virgen”, “virgen extra” y “refinado”.

El virgen gana al refinado

Los resultados indican que un mayor consumo de aceite de oliva virgen se relacionó con una mejor evolución de la función cognitiva durante el seguimiento de dos años. En cambio, un mayor consumo de aceite de oliva común, donde entra el refinado y el aceite de orujo, se asoció con una caída más marcada en varias áreas cognitivas.

El estudio también observó diferencias en la microbiota. Quienes tomaban más aceite de oliva virgen presentaban una mayor diversidad bacteriana, un dato que suele considerarse positivo para la salud intestinal y metabólica. A cambio, el aceite común se vinculó con una menor diversidad de esas comunidades microbianas.

Aquí conviene poner el freno justo. El estudio habla de asociaciones, no de una prueba definitiva de causa y efecto. No significa que una cucharada de aceite arregle la memoria por sí sola. Pero sí refuerza una idea cada vez más clara. La calidad de la grasa cuenta.

La microbiota entra en escena

La microbiota intestinal es el conjunto de bacterias y otros microorganismos que viven en el intestino. Puede sonar lejano, pero tiene mucho que ver con procesos del día a día, desde la digestión hasta la inflamación. En los últimos años, además, se ha estudiado su relación con el llamado eje intestino-cerebro.

En esta investigación apareció un nombre concreto, Adlercreutzia. Este género bacteriano fue identificado como posible mediador entre el consumo de aceite de oliva virgen y los cambios positivos en la función cognitiva general. Según el análisis de mediación, pudo contribuir a una parte del efecto observado.

Dicho de forma más sencilla, el intestino podría estar actuando como un puente. El aceite de más calidad no solo aportaría grasa saludable, sino también compuestos que modifican el entorno intestinal. Y desde ahí, en buena parte, podría influir en el cerebro.

Por qué importa cómo se fabrica

La diferencia está en el proceso. El aceite de oliva virgen se obtiene directamente de las aceitunas mediante procedimientos mecánicos. Por eso conserva más compuestos bioactivos, como polifenoles, fitoesteroles y tocoferoles.

El aceite común o refinado pasa por tratamientos industriales que reducen buena parte de esos compuestos menores, aunque mantenga un perfil de grasas parecido. En la práctica, dos botellas pueden parecer similares porque ambas dicen “aceite de oliva”, pero no ofrecen exactamente lo mismo.

La propia Jiaqi Ni, primera autora del estudio, lo resume con una frase clara. “No todos los aceites de oliva tienen beneficios sobre la función cognitiva”. No es poca cosa, porque desmonta la idea de que cualquier aceite de oliva vale igual cuando hablamos de salud cerebral.

Qué debe mirar el consumidor

Para una persona mayor, o para una familia que quiera cuidar su alimentación, la lectura práctica es bastante directa. Priorizar aceite de oliva virgen o virgen extra frente a opciones refinadas puede ser una decisión sencilla dentro de una dieta mediterránea. No exige una revolución en la cocina.

Eso sí, el aceite no trabaja solo. Los investigadores sitúan estos resultados dentro de un patrón más amplio, donde también cuentan las verduras, las legumbres, los frutos secos, el pescado, la actividad física y otros hábitos. La botella ayuda, pero no hace magia.

También hay límites que no se deben esconder. Los propios autores reconocen que, por la naturaleza observacional del análisis, no se puede demostrar causalidad absoluta. Además, la población estudiada eran adultos mayores con sobrepeso u obesidad y síndrome metabólico en un país mediterráneo, por lo que harán falta más estudios para extender las conclusiones a otros grupos.

Una pista para envejecer mejor

El envejecimiento de la población hace que cuidar el cerebro sea una prioridad. No solo por enfermedades como la demencia, sino por algo más cercano. Recordar mejor, mantener la atención y conservar autonomía durante más años cambia la vida diaria.

Este estudio añade una pieza interesante al rompecabezas. La dieta mediterránea no solo alimenta al cuerpo, también puede modificar el intestino y, desde ahí, influir en la salud cerebral. El problema es que durante años se ha hablado mucho de “aceite de oliva” en general y poco de qué tipo de aceite se usa realmente.

Ahora la ciencia afina más. El aceite de oliva virgen, y especialmente el virgen extra cuando se elige una opción menos procesada, parece tener ventaja frente al refinado. Para el lector, la clave es simple. Mirar mejor la etiqueta puede ser una forma pequeña de cuidar el cerebro a largo plazo.

El estudio completo ha sido publicado en la revista científica Microbiome.

Imagen autor

Javier F.

Periodista, licenciado en la Universidad Nebrija, diez años en Onda Cero, y ahora en proyectos profesionales como Freelance. Especializado en contenido SEO y Discover

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