Cuando pensamos en osos polares y crisis climática, la imagen suele ser siempre parecida, menos hielo, menos focas y animales más delgados. Pero en Svalbard, el archipiélago noruego del mar de Barents, los datos cuentan una historia que desconcierta incluso a los científicos.
Un estudio con 1.188 capturas de 770 osos polares adultos, registradas entre 1995 y 2019 y publicado el 29 de enero de 2026, concluye que su «condición corporal» (una forma de estimar sus reservas de grasa) no solo no empeoró con la pérdida de hielo, sino que mejoró a partir de los años 2000. La lectura viene con un aviso, no es una victoria del clima y puede ser temporal.
El giro
En buena parte del Ártico ya se ha visto el patrón contrario. Cuando el hielo marino se rompe antes y vuelve más tarde, los osos tienen menos tiempo para cazar focas y gastan más energía, lo que termina pasando factura en su peso y, después, en la supervivencia y la reproducción.
Por eso sorprende lo que ocurre en Svalbard. El Ártico se está calentando entre dos y cuatro veces más rápido que la media global, y el mar de Barents ha ido incluso más allá, con subidas de temperatura de hasta alrededor de 2 °C por década en algunas zonas.
Entonces, la pregunta cae sola. ¿Significa esto que el oso polar puede «apañarse» sin hielo? Jon Aars, autor principal del trabajo, pide prudencia y recuerda que «mantener la condición corporal no significa que la pérdida de hielo marino no tenga efecto».
Cómo se midió
Aquí no hablamos de una impresión visual ni de una foto viral. El equipo del Instituto Polar Noruego y sus colaboradores capturó osos en primavera, entre marzo y mayo, midió longitud y perímetro torácico y, con esas medidas, estimó el peso para calcular un índice que funciona como indicador de grasa.
Después cruzaron ese índice con lo que estaba pasando en el hielo. Para entenderlo fácil, la grasa es el «depósito» que permite al oso aguantar periodos largos con poca comida, y el hielo es la «plataforma» desde la que consigue la dieta más energética, sobre todo focas.
Menos hielo
Los números del hielo en la zona son difíciles de ignorar. Entre 1995 y 2019, la duración anual de la temporada de hielo marino en el área se redujo en más de dos meses, con cambios que afectan a lugares de cría, rutas y acceso a zonas de caza.
Además, el deshielo primaveral ocurrió alrededor de un mes antes a partir de 2005 si se compara con 1995 a 2000. El resultado es un aumento de varios meses en los días sin hielo, aproximadamente 100 días más, sobre todo porque el hielo se forma cada vez más tarde en otoño.
Más grasa
Con ese escenario, lo lógico era esperar osos más flacos. Y, de hecho, el índice de condición corporal bajó hasta aproximadamente el año 2000. Lo llamativo es lo que vino después, una subida sostenida durante las dos décadas siguientes tanto en machos como en hembras.
Los modelos estadísticos también aportan matices. Para los machos, el mejor ajuste no necesitó variables de hielo o clima para explicar la variación observada, mientras que en hembras apareció una relación más compleja con la Oscilación Ártica y con el momento del deshielo del año anterior, y no siempre en el sentido esperado.
No es el típico titular de «todo va bien». Más bien sugiere que la relación entre hielo, gasto energético y comida disponible puede ser más enrevesada de lo que parece cuando lo miramos desde fuera.
Comer en tierra
La explicación más probable apunta a la comida alternativa. Aars lo resume de forma muy directa y dice que «lo más probable es que los osos polares hayan logrado compensar menos tiempo sobre el hielo aprovechando recursos en tierra. Capturan más renos, se alimentan de cadáveres de morsas y también usan huevos, aves y focas comunes».
Eso encaja con observaciones en la zona. En Svalbard se ha registrado un aumento de osos pasando más tiempo en tierra en verano y saqueando nidos, y el seguimiento por satélite sugiere que algunas hembras pasan más tiempo en áreas con colonias de aves cuando el hielo escasea. No es poca cosa.
El artículo científico añade más piezas. En años recientes se ha visto más consumo de huevos y aves (como el eider común y gansos), hay más renos y se han documentado cazas exitosas, además de la recuperación de la morsa y el aumento de la foca común, descrita como un posible «ganador climático» en Svalbard.
El matiz
Que un oso llegue a primavera con buenas reservas es una noticia positiva a corto plazo. Pero los autores y varios expertos insisten en que la condición corporal es solo una pieza del puzle, y que suele ser una señal temprana antes de que se vean cambios claros en natalidad o supervivencia.
El trabajo también recuerda un detalle clave. Los osos polares obtienen una gran parte de su energía anual en pocos meses de caza intensa en primavera y principios de verano, y el estudio estima que pueden llegar a concentrar cerca del 70% de su energía anual en ese periodo. Si esa ventana se sigue estrechando, la cuenta puede no salir cuando las oportunidades en tierra cambien.
Aars pone el foco en el límite que aún no sabemos dibujar. «Los osos polares dependen del hielo marino durante un periodo mínimo cada año, pero todavía no sabemos dónde está ese umbral crítico», explica, y también subraya que lo que vemos no es una adaptación genética rápida, sino una respuesta oportunista y flexible dentro de lo posible.
Qué esperar
Este caso deja dos ideas claras. La primera es que el impacto del calentamiento no es idéntico en todas partes, porque depende del ecosistema, de las presas disponibles y de cómo cambian las reglas locales del juego.
La segunda es que no se puede confundir resistencia con garantía. Los propios autores subrayan que hay evidencia sólida de efectos negativos de la pérdida de hielo en varias poblaciones del Ártico, y que la situación de Svalbard podría ser un respiro temporal si el hielo continúa desapareciendo.
El estudio ha sido publicado en Scientific Reports.










