Los factores antropogénicos multiplicaron por 200 los incendios extremos en el Ártico, según un estudio científico que vincula directamente la actividad humana con el aumento sin precedentes de grandes fuegos en las últimas décadas.
La investigación concluye que existe menos de un 1 % de probabilidad de que estos eventos se expliquen solo por variabilidad natural, lo que refuerza el papel determinante del cambio climático en la región panártica.
Los factores antropogénicos multiplicaron por 200 los incendios extremos en el Ártico
Los datos muestran que nueve de los diez años con mayor superficie quemada desde 1982 se concentran en el siglo XXI.
El estudio identifica el aumento de las temperaturas máximas diarias y la disminución de la humedad relativa como factores clave de los incendios forestales extremos en el Ártico. Estas condiciones resecan la vegetación, facilitando la ignición y la propagación del fuego.
Los investigadores también destacan un marcado aumento del déficit de presión de vapor, una medida de la sequedad atmosférica que afecta a las plantas. Valores más altos indican combustibles más secos, lo que acelera el crecimiento y la magnitud de los incendios forestales.
El análisis publicado en Environmental Research Letters confirma que los forzamientos antropogénicos han sido una causa necesaria para explicar el incremento de incendios en la región panártica entre 2019 y 2021, un periodo en el que se registraron algunos de los eventos más extremos jamás observados.
Los datos muestran que nueve de los diez años con mayor superficie quemada desde 1982 se concentran en el siglo XXI, con un total de 23,4 millones de hectáreas calcinadas solo entre 2019 y 2021, una cifra superior a toda la superficie quemada durante la década de 1990 a 2000, que alcanzó 21,3 millones de hectáreas.
El papel del cambio climático en los incendios del Ártico
El estudio destaca que el aumento de temperaturas máximas diarias y la disminución de la humedad relativa han sido factores clave para propiciar incendios extremos en el Ártico, creando condiciones más secas y favorables para la combustión.
Además, se ha registrado un incremento significativo del Déficit de Presión de Vapor (VPD), un indicador que mide la sequedad de la vegetación y que se ha intensificado en toda la región en las últimas décadas, facilitando la propagación de incendios forestales de gran magnitud.
Un aumento del 40 % en incendios en las altas latitudes
Las regiones situadas al norte del paralelo 60, incluyendo Canadá, Alaska, Groenlandia y Siberia, han experimentado un aumento superior al 40 % en la frecuencia e intensidad de incendios desde el año 2000.
Este crecimiento se produce en paralelo al calentamiento acelerado del Ártico, donde las temperaturas aumentan a un ritmo hasta cuatro veces superior al promedio global, generando un efecto dominó sobre el permafrost, los ecosistemas y el ciclo del carbono.
Emisiones humanas y retroalimentación climática
El estudio analiza el impacto de gases de efecto invernadero, aerosoles y emisiones derivadas de la quema de biomasa, concluyendo que estas actividades humanas han alterado el equilibrio climático y aumentado la probabilidad de incendios extremos.
Estos incendios, a su vez, liberan grandes cantidades de carbono almacenado en el permafrost, lo que genera un efecto de retroalimentación que acelera aún más el cambio climático global y agrava la crisis climática.
Los factores antropogénicos multiplicaron por 200 los incendios extremos en el Ártico y confirman el papel determinante de la actividad humana en la intensificación de estos fenómenos.
Con más de 23 millones de hectáreas quemadas en solo tres años y un aumento superior al 40 % en las altas latitudes, el Ártico se consolida como uno de los principales indicadores del impacto del cambio climático.
La evidencia científica es clara: sin una reducción drástica de emisiones, estos incendios seguirán aumentando y acelerando un ciclo climático cada vez más difícil de revertir.
Desde el año 2000, las zonas al norte del paralelo 60, incluyendo Canadá, Alaska, Groenlandia y Siberia, han experimentado un aumento de más del cuarenta por ciento en la actividad de incendios forestales, vinculado al rápido calentamiento del Ártico.
Las emisiones de origen humano están intensificando esta tendencia. Los incendios liberan enormes reservas de carbono del permafrost, reforzando un ciclo de retroalimentación que amplifica el calentamiento global y aumenta la probabilidad de que se produzcan nuevos incendios extremos.















