Llevamos años quejándonos de los jabalíes pero ahora un catedrático en Ecología acaba de dictar sentencia: «Son nuestras carreteras las que cruzan sus hábitats»

Publicado el: 20 de junio de 2026 a las 20:46
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Paso de fauna sobre una autopista que atraviesa un bosque y conecta hábitats naturales fragmentados.

Cualquiera que conduzca al amanecer por una carretera secundaria conoce esa sensación. Un jabalí aparece de golpe, un corzo cruza sin avisar o un sapo queda inmóvil en mitad del asfalto. La reacción habitual es pensar que el animal se ha metido donde no debía. Pero la ecología está dando la vuelta a esa idea.

El problema no afecta solo a grandes mamíferos. También alcanza a aves, anfibios, reptiles y pequeños mamíferos que no salen en los partes de accidente, pero que mueren cada día en silencio. El MITECO advierte de que las infraestructuras de transporte podrían afectar hasta a 55 millones de vertebrados al año, mientras que la DGT cifró en 36.087 los siniestros viales con animales registrados en 2024. No es poca cosa.



La carretera como barrera

Joan Pino, director del CREAF y catedrático de Ecología de la Universitat Autònoma de Barcelona, resume el cambio de mirada con una frase muy clara. «No son los jabalíes o los corzos los que cruzan nuestras carreteras; son nuestras carreteras las que cruzan sus hábitats».

En la práctica, una autovía no es solo una línea gris en el mapa. Puede partir una riera, separar una zona de cría de una zona de alimento o convertir un bosque cercano en una isla. Para una persona, cruzar puede ser cuestión de segundos. Para un animal, puede ser la diferencia entre vivir y morir.



El propio proyecto SAFE, impulsado por el MITECO, recuerda que las vías de transporte generan efectos barrera, alteran la conexión entre poblaciones y cambian comportamientos. Es decir, no hablamos solo de atropellos. Hablamos de territorios que dejan de funcionar como antes.

El ruido también cuenta

El asfalto no mata únicamente por impacto. También transforma el paisaje sonoro. Las aves usan el canto para defender territorio, atraer pareja o avisar de peligros, pero el ruido de los motores ocupa ese mismo espacio invisible.

Un estudio publicado en Ardeola sobre el carbonero común en Madrid comprobó que estas aves cantaban con una frecuencia mínima más alta en los lugares más ruidosos. Dicho de forma sencilla, afinan más agudo para no quedar tapadas por el tráfico.

Otra investigación con carboneros comunes en ciudades de Países Bajos observó que los ejemplares urbanos empezaban a cantar antes que los rurales, con una diferencia media de 22 minutos. ¿Qué significa esto en la práctica? Que hasta el despertador de las aves puede cambiar por culpa de nuestro ruido.

Cristales invisibles

Las aves también se enfrentan a una trampa que parece limpia, moderna y casi inocente. Las pantallas acústicas transparentes, marquesinas, pistas de pádel y grandes ventanales pueden reflejar árboles o cielo. Para un ave, eso no siempre parece un obstáculo. Parece camino libre.

SEO/BirdLife lleva años alertando de que los cristales causan la muerte de millones de aves en el mundo y que el problema crece con el uso de este material en edificios e infraestructuras. La organización recuerda que no se trata de un daño inevitable, porque existen diseños, vinilos y tratamientos que hacen visibles esas superficies.

Aquí entra una idea sencilla, pero muy potente. La biodiversidad no solo necesita parques bonitos. También necesita que lo que construimos no sea una trampa. Y eso se decide muchas veces en un plano, antes de poner el primer cristal.

Atropellos que se repiten

En Cataluña, el Servei Català de Trànsit ya advertía en 2022 de casi 5.000 accidentes con animales en carreteras catalanas durante el año anterior, una cifra cercana al triple de la registrada en 2014. La mayoría no causó daños personales graves, pero sí movilizó emergencias, generó costes y dejó animales muertos o heridos.

A escala estatal, la DGT señala que la siniestralidad vial con animales se ha duplicado en la última década y que estos incidentes ya representan aproximadamente un tercio de los accidentes notificados en carreteras. El jabalí aparece como la especie más frecuente, seguido del corzo.

Pero quedarse solo con el jabalí sería un error. Los animales pequeños cuentan menos en las estadísticas porque no rompen un parachoques ni obligan a llamar a la grúa. Aun así, sapos, lagartijas, erizos, conejos y aves pequeñas forman parte de esa mortalidad diaria que muchas veces desaparece bajo las ruedas sin dejar registro.

Soluciones posibles

La buena noticia es que hay medidas conocidas. La DGT habla de señalización dinámica, sensores térmicos, avisos en tiempo real, limpieza de márgenes, vallados, rampas de escape y pasos de fauna. No todas sirven para todos los lugares, pero combinadas pueden reducir riesgos para personas y animales.

El MITECO también ha publicado prescripciones técnicas para diseñar pasos de fauna, vallados y otras medidas orientadas a reducir la fragmentación de hábitats y la mortalidad asociada a carreteras y ferrocarriles. Entre ellas aparecen ecoductos, pasos inferiores, drenajes adaptados y sistemas de señalización inteligente.

La clave está en no tratar estos elementos como adornos verdes. Un paso de fauna mal situado puede quedarse en una obra cara y poco útil. Uno bien diseñado, conectado con corredores ecológicos y acompañado de vallados adecuados, puede devolver continuidad al territorio.

Una ciudad compartida

El reto va más allá de las carreteras interurbanas. En las ciudades también viven gatos comunitarios, murciélagos, vencejos, gorriones, anfibios en rieras urbanas y pequeños mamíferos que se mueven entre solares, jardines y parques. No son invitados. Ya estaban ahí.

Por eso, pacificar calles, reducir tráfico motorizado, crear ejes verdes y conectar espacios naturales no solo mejora el aire que respiramos o baja el ruido que sufrimos en casa. También permite que la fauna se mueva con menos obstáculos. Y eso se nota.

El urbanismo del siglo XXI tendrá que asumir algo que antes se ignoraba demasiado. La movilidad no puede pensarse solo para coches, motos, autobuses, bicis y peatones. También debe preguntarse qué pasa con quienes cruzan sin semáforo, vuelan bajo, migran de noche o buscan agua tras una lluvia de primavera.

El estudio oficial sobre mortalidad de vertebrados en carreteras ha sido publicado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico.

Imagen autor

Adrián Villellas

Adrián Villellas es ingeniero informático y emprendedor en marketing digital y ad tech. Ha liderado proyectos de analítica, publicidad sostenible y nuevas soluciones de audiencia. Colabora además en iniciativas científicas ligadas a la astronomía y la observación espacial. Publica en medios de ciencia, tecnología y medioambiente, donde acerca temas complejos y avances innovadores a un público amplio.

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